"Voten en conciencia"

Argentina

Juan Manuel Karg – El pronunciamiento de Francisco respecto al balotaje argentino es parte de una confrontación a escala mundial, sobre la que el Papa ya ha manifestado su postura. La lucha se da entre dos modelos: uno librecambista que mantiene las asimetrías sobre los países periféricos; y otro que entiende al desarrollo interno de las naciones emergentes como fórmula para ensanchar los derechos de las mayorías.

El papa Francisco junto al candidato Daniel Scili y su esposa Karina Rabolini.

Juan Manuel Karg – Latinoamérica Piensa

Ustedes saben lo que pienso. “Voten a conciencia” fueron las palabras del Papa Francisco, consultado sobre el decisivo balotaje que tendrá lugar en Argentina este domingo. Repasemos, entonces, que piensa el Papa en el plano económico. En su recordado discurso de Santa Cruz de la Sierra, Francisco se refirió a la demanda de las organizaciones sociales y políticas en torno a las “Tres T” -Tierra, Techo y Trabajo-. “Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra” anunció, provocando una ovación en el recinto, donde lo escuchaba con atención Evo Morales Ayma, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Allí también el Papa pidió un cambio. ¿Pero como lo imagina el empresario Mauricio Macri? Ni por asomo. Refiriéndose a la voracidad del capitalismo salvaje que arremete a escala global, golpeando particularmente a la periferia europea, Francisco pedía “un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos (…) La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia”. En Francisco hay, entonces, un pedido de cambio para adelante: para empoderar a los desposeídos, para ampliar derechos, para avanzar y no retroceder, algo que vino sucediendo en América Latina -y particularmente en Argentina- en la última década, a contrapelo de un mundo que iba tomando un camino cada vez más neoliberal.

” Allí también el Papa pidió un cambio. ¿Pero como lo imagina el empresario Mauricio Macri? Ni por asomo. Refiriéndose a la voracidad del capitalismo salvaje que arremete a escala global, golpeando particularmente a la periferia europea, Francisco pedía “un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores “

El intelectual brasilero Emir Sader definió años atrás a la región como “un oasis antineoliberal” en un mundo que se flexibilizaba y recortaba derechos. Las políticas llevadas adelante por la Troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea, y Banco Central Europeo) en países como Grecia, España y Portugal confirman ese rumbo. Esto también se pone en juego en el balotaje: una devaluación, como dejaron entrever los huidizos economistas PRO en una cifra cercana al 60%, significaría una abrupta inflación que golpearía a los bolsillos de las mayorías. Sería un “cambiemos para atrás”, a momentos que lamentablemente los argentinos ya experimentamos durante la década del 90´ -y los inicios de este siglo- donde los emisarios del FMI comandaban nuestra política económica sin siquiera pasar por la Casa Rosada.

Allí hay, entonces, una política económica totalmente contraria a la pedida por Francisco. No es casual, entonces, que el oponente a Mauricio Macri, Daniel Scioli, haya insistido con la consigna “Tierra, Techo y Trabajo” a lo largo de su campaña, rememorando la vinculación lograda por Francisco con movimientos populares de la región y el mundo a raíz de dicho programa.

En definitiva, el “voto a conciencia” se sitúa en una confrontación a escala mundial: el librecambismo, como fórmula económica diseñada por las grandes potencias (EEUU-UE) para mantener las asimetrías sobre los países perifericos; o el desarrollo interno de los países emergentes como fórmula para ensanchar los derechos de las mayorías, vinculandosé con un mundo cada vez más multipolar. El balotaje argentino se enmarca en esa puja. Las palabras de Francisco, entonces, no son ingenuas: el “ya saben lo que pienso” es una verdadera toma de partido.

*Licenciado en Ciencias Políticas, Universidad de Buenos Aires (UBA). Periodista. Investigador del Centro Cultural de la Cooperación, Argentina. Maestrando en Estudios Sociales Latinoamericanos UBA.