Viejas costumbres estadounidenses

La afirmación norteamericana sobre su voluntad de mediar entre la oposición y el gobierno venezolano resuena como una historia del pasado. Más allá del financiamiento que los antichavistas reciben desde Washington, Estados Unidos agudiza en estos días su injerencia al manifestar qué está analizando cómo llevar adelante una mediación con la ayuda de Colombia. La región ha vivido en muchas oportunidades estas situaciones de generaciónde caos, conspiración -una especie de golpe escalonado- e intervención indirecta y directa.

 Editorial – La República (Uruguay)

En Latinoamérica todos queremos creer en Barack Obama, pero los porfiados hechos nos alarman y nos preocupan. Nos referimos, en el caso de estas líneas, a la crisis venezolana y a las repercusiones en la región y su vecindario.

Como siempre pasa antes de una intervención de la Casa Blanca en su patio trasero, primero dicen que quieren mediar, sobre un asunto al que nadie los invitó, para después terminar conspirando y provocando crisis institucionales y, si es posible, llevar adelante algún golpe de Estado.

Para sostener lo anterior no es necesario ser marxista-leninista, ni castrista ni mucho menos terrorista de izquierda. Solo hay que leer lo que dicen los gobernantes de Estados Unidos. Veamos, entonces.

“Estamos trabajando muy de cerca con Colombia y otros países para intentar ver cómo podría producirse algún tipo de mediación, porque obviamente ya se ha demostrado que es muy difícil que los dos lados puedan ponerse de acuerdo por sí mismos”, dijo el secretario de Estado John Kerry tras reunirse con la canciller colombiana, María Ángela Holguín.

Estamos ante un sistema de alianzas de Estados Unidos, con el gobierno colombiano. El más derechista de América del Sur. Alianzas con gestos de mediadores que nadie se los compra, por más que sean adictos al “Producto Bruto Ingenuo”.

“Sería más apropiado hablar de un golpe escalonado donde el cerco y aniquilamiento de un gobierno legítimo se desarrollan mediante una escalada implacable y una panoplia de medidas orquestadas y financiadas por el gobierno estadounidense»

En este sentido vale el análisis de Fernando Britos en el último número de LA ONDA digital, cuando afirma que “Como en Cuba, como en la República Dominicana, como en Chile, como en Serbia, como en Iraq, como en Afganistán, como en Libia, el imperialismo estadounidense se apresta ahora para atacar a Venezuela y culminar así un proceso que comenzó hace quince años.

Imposible ignorar las lúcidas advertencias del profesor Moniz Bandeira: los Estados Unidos están listos para una intervención armada para derrocar al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela. Tal vez la expresión usada para denunciar lo que allí sucede no sea precisamente la de golpe suave. Sería más apropiado hablar de un golpe escalonado donde el cerco y aniquilamiento de un gobierno legítimo se desarrollan mediante una escalada implacable y una panoplia de medidas orquestadas y financiadas por el gobierno estadounidense”.

La alerta de Britos va más lejos cuando recuerda que “Colombia se ha transformado en uno de los países del mundo que ha recibido mayor ayuda militar por parte de los Estados Unidos. Durante años ocupó el segundo lugar, detrás de Israel, en cuanto al armamento, los medios técnicos, municiones, aeronaves, recibidos. Además, la presencia de tropas, asesores y bases militares ha significado una militarización importante.

Distintos expertos aseguran que los servicios de inteligencia, estadounidenses e israelíes, contribuyeron en forma decisiva a la formación de unidades paramilitares, las llamadas bandas de autodefensa, responsables de sangrienta represión, asesinatos y pillaje contra la población civil. El principal responsable político de las peores violaciones a los derechos humanos en Colombia es el ex Presidente Álvaro Uribe. Este personaje de extrema derecha es uno de los que reclaman un ataque de su país contra Venezuela para liberarla de su actual gobierno”.

El próximo 11 de marzo, cuando asuma Michelle Bachelet su segunda presidencia en Chile, los presidentes latinoamericanos tendrán la gran oportunidad de demostrar que los pueblos del sur del Río Bravo solo comulgan con la paz y la defensa de la institucionalidad.

 

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