La muerte de los jóvenes, un problema serio

Latinoamérica y Centroamérica

América Latina tiene las tasas más elevadas de homicidios de niños y adolescentes menores de 20 años. El asesinato es la causa principal de muerte entre los varones adolescentes, mientras que la violencia sexual es la que más víctimas femeninas se lleva. El Salvador, Guatemala y Venezuela son los países que más violencia reflejan en los porcentajes del estudio que hizo el UNICEF. 

Redacción- Adital (Brasil) 

La región de América Latina y el Caribe tiene la proporción más alta de víctimas de homicidio de menores de 25 años, 25.400 en 2012. Estos y otros datos inéditos están siendo presentados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) aprovechando el Día Internacional de los Niños, en el último día 12 de octubre. En todo el mundo el número de niños y adolescentes menores de 20 años que fueron víctimas de homicidio llegó a 95.000, lo que convirtió a ese delito en la principal causa prevenible de lesiones, heridas y muerte de menores. En su inmensa mayoría, esas víctimas (85.000) vivían en países de ingresos bajos y medios.

Los tres países con tasas más elevadas de homicidio de niños y adolescentes menores de 20 años son El Salvador, Guatemala y la República Bolivariana de Venezuela. En todos esos países, el homicidio es la principal causa de muerte entre los varones adolescentes. El mayor número de víctimas jóvenes de homicidio se registra también en Nigeria, con casi 13.000 muertes en 2012, seguido por el Brasil con aproximadamente unas 11.000 muertes.

En el informe se suministran pruebas de que la violencia es una constante en las vidas de los niños del mundo de los más diversos orígenes y las más variadas circunstancias. La violencia interpersonal se manifiesta en muchas formas distintas, física, sexual y emocional, que tienen lugar en los entornos más variados, como el hogar, la escuela, la comunidad e Internet. De manera similar, la violencia contra los niños proviene de una amplia gama de personas, entre ellas los integrantes de sus familias, parejas íntimas, maestros y vecinos, así como extraños y otros niños. Esa violencia no sólo les provoca a los niños daño, dolor y humillación sino que puede causarles la muerte.

«Los tres países con tasas más elevadas de homicidio de niños y adolescentes menores de 20 años son El Salvador, Guatemala y la República Bolivariana de Venezuela. En todos esos países, el homicidio es la principal causa de muerte entre los varones adolescentes»

En efecto, la violencia por parte de las parejas íntimas constituye la forma más común de violencia por razones de género contra las niñas. A nivel mundial, casi una de cada tres adolescentes de 15 a 19 años de edad en el mundo (84 millones) que integran uniones formalizadas ha sido víctima de violencia emocional, física y/o sexual por parte de su marido o pareja. Las tasas de ese tipo de violencia son especialmente elevadas en África subsahariana, Asia Meridional y América Latina y el Caribe.

En la gran mayoría de los casos, los responsables de la violencia sexual contra las niñas son los cónyuges, novios o parejas íntimas presentes o pasados. En el Estado Plurinacional de Bolivia, la Guatemala, Kenya, la República de Moldavia, República Dominicana, la República Unida de Tanzania y Uganda, una considerable proporción de niñas afirmó haber sido víctima de agresiones sexuales por parte de amigos y conocidos. Según datos correspondientes a cuatro países, los niños varones también son víctimas de la violencia sexual, aunque en mucho menor medida que las niñas. Unos 120 millones de niñas de todo el mundo (algo más de una de cada 10) han sido víctimas de relaciones sexuales forzadas y otras agresiones sexuales en algún momento de sus vidas.

«Estas cifras indican que existe una mentalidad que tolera, perpetúa e incluso justifica la violencia, y deben servir de alarma para todos, en todas partes”, dijo la directora adjunta de Unicef, Geeta Rao Gupta. Unicef ha indicado que existen medidas específicas para evitar la violencia contra las niñas. Entre ellas cabe destacar: mantener a las niñas en la escuela; proporcionarles aptitudes fundamentales para la vida; apoyar a sus progenitores, incluso con transferencias de efectivo que mitiguen los riesgos para las niñas; cambiando actitudes y normas por medio de conversaciones comunitarias; y fortaleciendo los sistemas y servicios judiciales, penales y sociales.

«El problema es mundial, pero las soluciones se deben buscar en los niveles nacionales, comunitarios y familiares. Tenemos la responsabilidad de proteger, educar y promover la autonomía de las adolescentes. Todos somos responsables de poner fin a la violencia contra las niñas”, dijo Rao Gupta.

 

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