Uruguay requiere de un abordaje integrador sobre residuos

Las complejas relaciones productivas entre los sectores formal e informal de la recolección de residuos sólidos urbanos en Uruguay no son tomadas en cuenta en la planificación de acciones y políticas sobre el tratamiento de la basura, lo que complica el funcionamiento de esta tarea. Además, hace falta un abordaje integral, que incorpore a todos los actores de la cadena de generación y descarte de desechos a fin de encarar una buena gestión para los Residuos Sólidos Urbanos (RSU).

Uruguay requiere de un abordaje integrador sobre residuos

Martín Sanguinetti y Gerardo Sarachu* – Brecha (Uruguay)

Los Residuos Sólidos Urbanos (RSU) pueden ser vistos por muchos ciudadanos como una “externalidad negativa” de nuestro consumo. En el paradigma del individualismo metodológico, el ciudadano racional buscará desechar esta externalidad como “mal común”, diluyendo los costos en la sociedad. Esta forma de comprender un problema o de actuar en la sociedad es muy corriente y suele formar parte de los discursos simples de variados actores.
El problema es complejo cuando miramos la contracara de la basura. Para algunos la basura no es un mal sino un bien. El rescate de los materiales forma parte de una cadena productiva con relaciones sociales, políticas y económicas complejas, además del componente ambiental tratado en el artículo “Ecología de la basura”.

La cadena comienza con la generación del residuo (en este caso el RSU), luego le sigue la recolección formal a cargo de las intendencias, paralelamente coexiste la recolección informal y la clasificación, luego el acopio a través de pequeños intermediarios y finalmente grandes acopiadores acondicionan el material para que luego sea reciclado en el país o exportado para que el proceso de recuperación culmine afuera. La cuantificación económica de cada parte de esta cadena de valor, debido a sus etapas informales, es de difícil estimación, no obstante se pueden aportar algunos datos para comprender la problemática.

Es posible identificar que las políticas y programas impulsados desde las agencias gubernamentales parten del supuesto de la coexistencia de dos sectores vinculados a la gestión de los residuos: el sector formal-institucional y el sector informal. Estos sectores son pensados como circuitos aislados, haciendo evidente que a la hora de planificar acciones y políticas vinculadas a los RSU, se desconoce o no se tiene en cuenta la compleja trama de relaciones existentes entre los sectores, y tampoco las formas en que estas relaciones operan dinámicas de funcionamiento y regulación de la cadena de los residuos.

Hay dos tipos de generadores de RSU: los domiciliarios y pequeñas empresas, y los grandes comercios e industrias. Según el Plan Director de Residuos Sólidos de Montevideo y Área Metropolitana (PDRS) del año 2004, se estima que se generan 1.547 toneladas de basura por día, de las cuales 75 por ciento corresponde a hogares y pequeños generadores.

“Todo el potencial que implicaría la construcción de un

encadenamiento sobre otras bases y modos de 

relación entre los diferentes actores componentes debe

ser parte de un debate nacional y una propuesta integral” 

La recolección, desde el punto de vista formal, es competencia de las intendencias municipales, que cumplen esta función directamente o tercerizando el servicio. En paralelo hay agentes informales que intentan conseguir los residuos antes de que sean enterrados en los sitios de disposición final. En Montevideo, éstos se encargan de recolectar el 25 por ciento de los rsu. También hay grandes generadores (grandes comercios y empresas que consiguen una escala suficiente de RSU como para tener sus propios circuitos de recolección), que recolectan el 5 por ciento del total.

Con datos de la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada (ENHA), de 2006, estimamos a los trabajadores de la recolección formal de residuos en un grupo de aproximadamente 1.342 personas que desarrollan su actividad como asalariados municipales o de empresas privadas. Casi la totalidad de ellos cuenta con cobertura de seguridad social; al tiempo que los empleos son estables, lo que se evidencia en la elevada permanencia y en el bajo cambio de ocupación. En promedio, perciben una remuneración de aproximadamente tres salarios mínimos nacionales, 2 trabajando unas 41 horas semanales.

Según estimaciones propias a partir de la ENHA 2006, había en el país 6.173 trabajadores clasificadores de residuos, de los cuales 4.391 se encontraban en Montevideo y 1.782 en el Interior, que ganaban en promedio tres cuartas partes de un salario mínimo nacional por mes por la venta de los materiales recuperados. También por esa encuesta, sabemos que son trabajadores con una permanencia muy fuerte en esta ocupación, con un promedio de 35 horas de dedicación semanal, con precarias condiciones laborales y que no cuentan con cobertura de seguridad social.

De la intermediación se sabe muy poco, desde el punto de vista cuantitativo, por falta de información. Los trabajadores carreros, con poca posibilidad de acopio, venden diariamente lo que recogen a estos depósitos barriales, que consiguen la escala suficiente para vender a los grandes depósitos. Estos últimos son la primera fuente de información disponible luego del mundo informal. Con la Encuesta de Actividad Económica (EAE) del INE pueden estimarse algunos datos económicos de esta etapa. En el año 2007 estos grandes depósitos generaron un valor agregado de 68.728.000 pesos y utilizaron insumos para generar ese valor por 133.820.600 pesos. Se desprende de las entrevistas realizadas en los depósitos y del capital instalado en los mismos –según la EAE–, que los insumos utilizados son en su gran mayoría compra de materia prima, es decir, materiales comprados a los intermediarios o directamente a clasificadores que consiguen una escala suficiente. De hecho, según la ENHA los clasificadores generaron en 2006 un valor agregado de 111.796.843 pesos, cifra similar al consumo intermedio de esta parte de la cadena. Los depósitos empleaban en el año 2007 a 211 trabajadores que ganaban en promedio el equivalente a dos salarios mínimos.

“Es complejo el lugar y el rol del Estado en e
sta

cadena económico-productiva, porque actúa

a la vez como regulador y como actor económico” 

Los grandes depósitos consiguen las condiciones de escala y calidad de los materiales para ser reciclados en otras etapas y por otros agentes; dependiendo del material, tiene distintos destinos. En Uruguay se reciclan varios productos (papel, cartón, diversos plásticos y algunos metales), también se realizan algunas etapas del proceso de reciclaje de otro materiales, como el pet. Pero buena parte de lo recolectado se destina a la exportación para ser reciclado en otros países.

A lo largo de las distintas etapas los agentes participan de forma diferencial en el proceso de producción y apropiación de valor. En un extremo, las intendencias tienen formalmente el monopolio de la recolección y la potestad de poner las reglas, luego los clasificadores de residuos participan en el proceso productivo recuperando y valorizando los materiales que de otro modo serían enterrados, brindando al mismo tiempo un servicio ambiental y generando un ahorro a la institucionalidad pública, en tanto que contribuyen a la limpieza urbana. A cambio de esto perciben magros ingresos y desarrollan su trabajo en condiciones de absoluta precariedad.

Por otro lado, los grandes depósitos realizan muy pocas transformaciones a los productos, y sin embargo perciben por ello importantes ganancias. Esto permite suponer que desde el punto de vista económico se apropian del valor producido en fases anteriores de la cadena, lo que se evidencia en la similitud existente entre el consumo intermedio de la industria del reciclaje y el valor generado por los clasificadores.

Es complejo el lugar y el rol del Estado en esta cadena económico-productiva, porque actúa a la vez como regulador y como actor económico, ya que media en el proceso productivo a través del desarrollo de políticas públicas de diverso orden, sean sociales, impositivas o ambientales.

En este sentido, todo el potencial que implicaría la construcción de un encadenamiento sobre otras bases y modos de relación entre los diferentes actores y componentes debe ser parte de un debate nacional y una propuesta integral, como ha sido la iniciativa que desde el movimiento sindical se viene impulsando junto a la organización de los clasificadores nucleados en la UCRUS. Avanzar en esa construcción exige un cambio profundo en la orientación de las políticas impulsadas hasta el momento en la materia, y superar reduccionismos y fragmentaciones.

*     Los autores integraron la investigación “Clasificadores/as de residuos urbanos sólidos. Desde la inclusión precaria hacia la construcción de un nuevo modelo de gestión de residuos”, del Servicio Central de Extensión y Actividades con el Medio, de la Udelar. Con financiación del Csic-Udelar.

 

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