Fortalecer la unión

Latinoamérica 

Los mandatarios se reunieron en la cumbre de la Unasur. Inauguraron la nueva sede de la Secretaría General y anunciaron el proyecto para lograr la ciudadanía sudamericana. El fortalecimiento de la unión interamericana solo puede traer mayores beneficios para Nuestra América Latina, porque la colocará como otra región de referencia y soberanía en las geoestrategias mundiales.

Presidentes de la Unasur en la Cumbre de Quito- Foto: noticias24.comEmiliano Guido- Miradas al Sur (Argentina)

Los fondos buitre no eran un tema de agenda, las elecciones legislativas estaban en fase de campaña y el seleccionado argentino de fútbol aún no había cerrado el ciclo de las eliminatorias cuando los jefes de Estado de la Unasur se reunieron por última vez en el amazónico país de Surinam. Un año, tres meses y cuatro días demoró la realización de una nueva cumbre del principal bloque de carácter político a nivel suramericano. De la tropicalísima y rara Paramaribo a la portuaria y elitista Guayaquil, cabeza de playa de la oposición política al gobierno de Rafael Correa. El tiempo es relativo. Los defensores a ultranza del proceso de integración regional pueden argumentar que el demorado impasse en la Unasur sirvió para llenar el espacio vacante en la Secretaria General del organismo. El cargo inaugurado por Néstor Kirchner registró sucesores y traspaso de mandos en tiempo y forma hasta que el ejercicio del venezolano Alí Rodríguez, ex hombre fuerte de la OPEP, se extendió más de lo debido por falta de consenso entre los países miembros a la hora de nominar a su reemplazante. Finalmente, el liberal (que se traduce como progresista en el argot político colombiano) y ex jefe de Estado Ernesto Samper tomó las riendas de un puesto que sirvió en su momento para auxiliar la crisis diplomática desatada entre Colombia y Venezuela por la incursión extraterritorial de tropas uribistas en suelo ecuatoriano para liquidar a un alto mando de las FARC. Los analistas que ven el vaso medio vacío pueden advertir, en cambio, que quince meses sin tomar resoluciones de alto calado es un calendario muy extenso para los tiempos de la política vecinal. Pero, más allá del debate mencionado, la Unasur volvió a reunir a sus altos mandos y, por si fuera poco, ya puede anunciar al mundo que tiene casa propia. Un edificio cubista, inteligente y vanguardista que no sólo lleva el nombre del santacruceño más famoso sino que podrá albergar de forma estable a la burocracia administrativa y a los cuadros medios gubernamentales que comenzarán a tejer la plataforma institucional necesaria para que la Unasur no sea sólo una instancia que cobra vida cuando los presidentes se ven la cara en una cita regional.

” Un edificio cubista, inteligente y vanguardista que no sólo lleva el nombre del santacruceño más famoso sino que podrá albergar de forma estable a la burocracia administrativa y a los cuadros medios gubernamentales que comenzarán a tejer la plataforma institucional necesaria para que la Unasur no sea sólo una instancia que cobra vida cuando los presidentes se ven la cara en una cita regional “

El edificio Néstor Kirchner está ubicado en la mitad del mundo, en la periferia de Quito, donde cruza la línea ecuatorial que divide al planeta en dos hemisferios. La curiosidad de la localización territorial puede ser utilizada como una metáfora política: la casa de la Unasur dialoga con el norte y el sur del sistema internacional desde un punto equidistante. Sin embargo, el hecho más sorprendente de la nave madre del bloque regional pasa por su osado diseño, futurista y en equilibrio con el entorno natural. “En la parte exterior del edificio sobresale un volado de cinco metros de largo, que no tiene ningún soporte. Los diseñadores aseguraron que éste es el volado más grande en Suramérica. A lo largo de la construcción, resaltan las grandes fuentes de agua, que según el arquitecto Diego Guayasamín, logran un espacio de sincronía con la naturaleza. Además, el edificio de la Unasur destaca por el gran número de vitrales que recubren a la construcción, lo que permite visualizar desde el interior al monumento a la Mitad del Mundo”, detalló el gobierno ecuatoriano, que estuvo a cargo íntegramente de la financiación de una obra que demoró casi tres años con un costo final de cuarenta millones de dólares. Siete pisos, restaurante, auditorio, estacionamiento para 190 autos, conectividad inteligente premium en su interior, sala de exposiciones artísticas y biblioteca con la mejor narrativa regional. La sede central de la Unasur tiene lugar y el confort suficiente para que ninguna delegación suramericana ponga como excusa la falta de infraestructura a la hora de faltar a una cita. “Es un edificio grande como lo es nuestra Patria común suramericana”, interpretó Samper cuando llegó el momento de cortar cintas el último viernes para inaugurar la obra. En ese momento, estaban presentes todos los jefes de Estado que asistieron a Guayaquil, menos José Mujica de Uruguay que desistió del mitin para evitar una fatiga física por el mal de altura. Sin duda, en ese momento, la palabra más esperada fue la voz de la primera mandataria argentina Cristina Fernández. En ese sentido, la compañera de vida del primer secretario general de la Unasur se mostró muy emocionada cuando recordó la jerarquía política que su marido le otorgaba al proceso de integración regional durante su gestión presidencial.

La cumbre de la Unasur en Ecuador, cuyo primer tiempo fue en Guayaquil y su parte final en Quito, tuvo como anuncio central el proyecto de avanzar en la concreción de un pasaporte común para todos los ciudadanos suramericanos. Por un lado, el bloque regional busca facilitar la circulación de las 450 millones que habitan el subcontinente. En el corto plazo, con la portación del documento de identidad común, se podrá traspasar fronteras desde Ushuaia hasta la Guayana sin necesidad de presentar en migraciones la voluminosa credencial donde el personal calificado sella la llegada a un nuevo país. Sin embargo, más allá de evitar demoras burocráticas en aeropuertos o pasos terrestres fronterizos, el futuro pasaporte suramericano tiene una importancia de carácter cultural porque ayuda a consolidar la idea de una identidad regional común. Algo así como que, desde el arco andino amazónico hasta el sur sojero brasileño y, verticalmente, de los llanos venezolanos bajando en línea recta hasta la Patagonia argentina, todos los suramericanos estamos en el mismo barco. “Es necesario implementar al corto plazo la ciudadanía suramericana para que los 400 millones de suramericanos no puedan sólo circular libremente por la región, sino que tengan posibilidad de quedarse a trabajar o a estudiar, y a ejercer sus profesiones mediante la homologación de títulos. El concepto de ciudadanía, que se va a lanzar en esta cumbre, es el derecho de los suramericanos a quedarse en la casa, viajar por la casa, quedarse a trabajar, estudiar, el derecho a integrarse”, explicó Samper en el edificio Néstor Kirchner buscando convencer a los mandatarios menos entusiasmados con la iniciativa. Evidentemente, con la concreción de la libre circulación de personas, el ex Jefe de Estado colombiano, principal impulsor del pasaporte común suramericano, intenta visibilizar a la Secretaría General de la Unasur como un cargo institucional que no solo está presente para dirimir crisis internas de gobernabilidad; como lo fueron la alzada castrense contra el presidente Correa, el golpe parlamentario que derrocó al presidente paraguayo Fernando Lugo, o la secesión territorial impulsada por los barones de la medialuna boliviana, todos hechos donde la Unasur se hizo presente para contener la avanzada de los grupos domésticos más conservadores.

” ‘Unidos seremos nosotros los que pongamos las condiciones al capital in
ternacional, por eso es necesario un arbitraje de la región en este tema. Por eso, la creación de un arbitraje soberano en la Unasur es la mejor forma para liberarse de la ofensiva del capital transnacional. La Patria Grande ya no es sólo un sueño sino la única manera de alcanzar nuestra independencia’ “

Por otro lado, la cumbre final de Jefes y Jefas de Estado no llegó a tratar, por falta de consenso previo en las reuniones interministeriales, una polémica propuesta de generar un comando militar regional para amortiguar el impacto de los desastres naturales. Evidentemente, el cambio climático está acelerando la aparición de emergencias como las sequías sostenidas, los aguaceros inesperados, las arremetidas de aludes y movimientos sísmicos en territorios sin antecedentes en estos fenómenos. Sin embargo, desde el Comando Sur norteamericano, las alteraciones climáticas están siendo leídas y direccionadas como nuevo parte integrante de su difuso y cambiante menú de “nuevas amenazas” que, una vez superado el cuco comunista tras el fin de la Guerra Fría, incluye como parte estable del elenco al crimen organizado, los carteles de la droga o los “espacios vacíos” y “fronteras porosas” propios de los Estados fallidos. En ese sentido, en los últimos años, el Pentágono comenzó a instalar Centros de Operaciones en Emergencia en algunos países de Latinoamérica como Paraguay con la supuesta misión de “asesorar” y “entrenar” a Fuerzas amigas para poder socorrer a la sociedad civil en situaciones límites como los anegamientos de caminos, el desplazamiento de personas o la recuperación de zonas rurales arrasadas. Muchas organizaciones de derechos humanos, como el Serpaj de Paraguay, decodifican ese nuevo emplazamiento como una especie de “tuneo” políticamente correcto de las siempre repudiable bases militares norteamericanas al sur del Río Bravo. Por supuesto, que en Brasilia o Santiago de Chile no anida la idea de tomar la agenda intervencionista de Washington en emergencias naturales como un desafío real a la seguridad nacional. Más bien, muchos países de la región consideran que deben adelantarse al Comando Sur para ganar autonomía en un tópico que ya comienza a ser repetitivo en las cumbres interamericanas de las Fuerzas Armadas. Pero, como el Ministerio de Defensa argentino se inclina más a jerarquizar una respuesta civil a los desbordes naturales ya mencionados, los primeros mandatarios reunidos en Guayaquil no llegaron a tratar dicho tema en la mesa final por falta de acuerdo previo.

Por último, la cita de Unasur en la mitad del mundo también fue significativa por los tópicos estratégicos, como la moneda común y un Tribunal de Arbitraje, donde varios Jefes de Estado mostraron preocupación por no haber avanzado lo suficiente. En ese sentido, el jefe de Estado ecuatoriano Rafael Correa demostró, al igual que lo hizo en las últimas cumbres regionales, que para el Palacio Carondolet es una prioridad avanzar en una “arquitectura financiera gestada desde el sur” para, por ejemplo, eludir los fallos siempre unidireccionales del CIADI, generalmente a favor de las multinacionales en los litigios contra los Estados, o también para evitar la posición de fuerza que tienen los fondos buitre cuando se erigen tribunales judiciales extraterritoriales. “Unidos seremos nosotros los que pongamos las condiciones al capital internacional, por eso es necesario un arbitraje de la región en este tema. Por eso, la creación de un arbitraje soberano en la Unasur es la mejor forma para liberarse de la ofensiva del capital transnacional. La Patria Grande ya no es sólo un sueño sino la única manera de alcanzar nuestra independencia. Por el contrario, la globalización sólo busca crear mercados planetarios que criminalizan cada vez más a la población mundial”, bramó el mandatario Correa, quien esta buscando una reforma constitucional que habilite su reelección presencial, cuando inauguró el encuentro presidencial en la ciudad de Guayaquil. Sin embargo, el dirigente que le puso una lúbrica de mística al encuentro fue, nuevamente, el jefe de Estado saliente y nuevo presidente pro tempore del organismo –luego será el mandatario entrante Tabaré Vásquez–, el ex guerrillero tupamaro José Mujica. El Pepe tuvo su momento especial en la cita regional porque fue condecorado y homenajeado por los anfitriones. Campeón mundial del stand up plebeyo y campechano, Mujica suele sorprender a sus audiencias con sus reflexiones a favor de una vida austera y en armonía con la naturaleza. Pero, esta vez, el dirigente uruguayo habló de la Patria Grande y se ganó un millón de aplausos de la juventud correísta que fue a escucharlo. “Estamos llegando muy tarde al tiempo del desarrollo. Hemos estado en la fila de las cenicientas, de los dependientes. La integración nos toca construirla. Se trata de crear una realidad tangible y fuerte, y nunca hemos sido capaces de dar un abrazo definitivo de esa magnitud. Tenemos que aprender de nuestro pasado y de nuestros errores. De nuestros héroes y de las cárceles”, lanzó Mujica.

El protocolo interno de la Unasur marca que la próxima presidencia pro tempore del organismo, que sigue la línea del orden alfabético –por eso, a la S de Surinam, le siguió la U del vecino país–, será la Argentina. En ese sentido, la fecha de la realización de la cumbre y el dirigente criollo que asuma el cargo son dos grandes interrogantes. Sobre todo, el último.

Declaración de la Reunión Extraordinaria del Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de UNASUR:  http://alainet.org/active/79289

 

Juan J. Paz y Miño Cepeda- Alainet (Ecuador) 

La semana pasada, Quito reunió a los Jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), institución creada en Brasilia (mayo de 2008), y que definitivamente quedó integrada en 2011 por: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, ECUADOR, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela.

Sin duda cumple con el sueño de la integración, que nació con la independencia, y que se identificó, de modo especial, con el pensamiento de Simón Bolívar, quien abogó, en todo momento, por la unión de lo que llamó la América antes española. Bolívar consideró que existían rasgos comunes de identidad entre los nacientes países y que una gran nación constituida sobre esa base, tendría significación mundial. Desde luego excluyó de ella a los Estados Unidos, a quienes, si bien admiró, no dejó de considerar ajenos a esa identidad hispanoamericana y, además, peligrosos, por su manifiesto carácter expansivo. No se equivocó.

Esos ideales postindependentistas de unión e integración, largamente quedaron postergados o excluidos en el siglo XIX y hasta bien entrado el XX. Renacieron en las décadas “desarrollistas” de los sesentas y setentas. Pero con la era de la globalización y la implantación en América Latina del modelo empresarial neoliberal, decayeron las voluntades unionistas, aunque se afirmaron las ideas de competencia empresarial y libres mercados, que pretendían uniones económicas pero en beneficio exclusivo del capital. En ese marco surgieron el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) e inmediatamente, los Tratados de Libre Comercio (TLC), ambos impulsados por los EEUU.

” En UNASUR hay otras guías: fortalecer la democracia y las libertades, convertir a Latinoamérica en región de paz, establecer la ciudadanía Sudamericana y, además, crear una nueva institucionalidad regional, con mecanismos propios de arbitraje ” 

UNASUR nació, en cambio, como un esfuerzo de iniciativa Latinoamericana, que ha excluido a los EEUU y que busca concretar políticas propias de la región, sin el tutelaje norteamericano tan característico del pasado. Ello ha sido posible por el cuestionamiento al modelo neoliberal, porque buena parte de los gobiernos sudamericanos se identifican con la Nueva Izquierda,
porque existe la voluntad política de los pueblos y sus gobernantes para emprender un camino de unidad e integración y, además, porque no se ha privilegiado la competitividad empresarial ni los mercados a su servicio.

En UNASUR hay otras guías: fortalecer la democracia y las libertades, convertir a Latinoamérica en región de paz, establecer la ciudadanía Sudamericana y, además, crear una nueva institucionalidad regional, con mecanismos propios de arbitraje, solución de controversias, tratamiento al capital transnacional, financiamiento para las necesidades del desarrollo económico, e integración global. Es que las experiencias regionales con el FMI, la CIDH, los convenios bilaterales de inversión (CBI) o las políticas imperialistas sobre la región, han acumulado demasiadas repercusiones históricas negativas, como para soportarlas hacia el futuro.

De manera que el fortalecimiento de UNASUR solo puede traer mayores beneficios para Nuestra América Latina, pues incluso la colocará como otra región de referencia y soberanía en las geoestrategias mundiales.

 

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