Soberanía o especulación financiera

Argentina

Tras la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de rechazar la demanda argentina y respaldar al juez Thomas Griesa en la causa de los fondos buitre, algunos economistas buscan quitarle peso a esta situación y afirman que se debe seguir por la vía del desendeudamiento. Un especialista habla de un sistema de arrebato a la soberanía jurídica de un país para beneficiar a los fondos financieros.

Télam

Aldo Ferrer – Tiempo Argentino (Argentina)

El reclamo de los fondos buitre sobre Argentina es un hecho marginal, pero al mismo tiempo es el único granito de arena de la urticaria que nos dejó el neoliberalismo. Puede existir un diferendo de esta magnitud sin que el mundo se venga abajo. La cantidad de dólares que tienen los argentinos guardados en el colchón, por ejemplo, es más de 100 veces la cantidad que está en juego. La economía sigue funcionando exactamente como antes.

Es un hecho marginal en el escenario actual porque la realidad pasa por otros lugares: por nuestra capacidad de tener una economía que funciona y un tipo de cambio competitivo, y hay que focalizarse en bajar la inflación, fortalecer la competitividad, generar expectativas para convencer de que  este es el mejor país para invertir.

Es de destacar, por supuesto, la búsqueda del consenso nacional en la misión integrada por representantes de distintos partidos políticos que mostraron prácticamente una opinión unánime de política defendiendo la postura argentina, un caso ejemplar de lo que tenemos que hacer cuando el país está amenazado y una muestra de la respuesta del sistema político ante los conflictos. Ante esta situación particular, creo que es un tema para ver con mucha prolijidad y sin exagerar.

“Nuestra mejor defensa es seguir desendeudándonos tal como venimos haciendo”

Hay que dejar abiertos todos los cauces de negociación, hay que seguir negociando, pero bajo una postura soberana. Quienes  hoy se sienten más frustrados son los que creen que la solución es ir a pasar la gorra y juntar plata afuera para resolver la falta de dólares acá. 

El país no depende de una decisión de la Corte Suprema de los EEUU, depende de las decisiones de los argentinos y de lo que hagamos en el mercado interno.

Nuestra mejor defensa es seguir desendeudándonos tal como venimos haciendo. 

En este contexto, el error sería volver a incurrir en el error de tomar compromisos en legislación extranjera, es decir, cometiendo el mismo error que nos trajo hasta acá.  Yo creo que este problema será recordado como una anécdota de escasa trascendencia.

Alfredo Zaiat – Página 12 (Argentina)

La decisión de cinco jueces republicanos y cuatro demócratas de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos afectando la voluntad soberana en materia financiera de un país genera perplejidad. No se inquietan quienes piensan que la Argentina tiene que adoptar una posición subordinada a las potencias y a organismos internacionales y que proponen además una economía integrada en forma pasiva al mercado mundial como proveedor de materias primas. Provoca confusión, en cambio, en quienes se preguntan cómo un país puede ser juzgado por tribunales de otro país. ¿Por qué la Argentina es juzgada y condenada en Estados Unidos en una causa iniciada por fondos buitre que representan una minoría del total de los acreedores que aceptaron el canje de deuda en default? El pecado original para que esto suceda fue en la década los ’80, consolidándose en la siguiente y sin poder saldar esa herencia en los años del kirchnerismo. Ese pecado fue la cesión de la soberanía jurídica a favor de tribunales de países centrales en materia de emisión de deuda. Quienes entonces mordieron la manzana con entusiasmo son los mismos que con sus herederos hoy dan consejos sobre cómo se debe negociar con los buitres.

El arrebato de la soberanía jurídica fue la protección que consiguieron fondos de inversión extranjeros cuando empezaron a desplegarse las finanzas globalizadas. El recorrido nace con el ciclo de endeudamiento en América latina, alimentado con el reciclado de los petrodólares por parte de grandes bancos internacionales a mediados de los ’70. ¿Cómo fue el proceso hasta la pérdida de la soberanía jurídica? En los ’80, esa deuda era coordinada en comités de acreedores de bancos (Citi, Chase, JP Morgan, Deutsche) y, ante el peligro de un default generalizado (1982), esas entidades comenzaron a organizar emisiones de bonos que eran comprados por sus clientes y grandes fondos de inversión (Plan Baker y Plan Brady). Exigieron a los países apurados por refinanciar la deuda que debían ofrecer cobertura judicial extranjera a esos nuevos acreedores, como garantía ante un eventual incumplimiento. Los países deudores aceptaron esas condiciones. De ese modo ya no tenían compromisos con un grupo de bancos internacionales, sino que las obligaciones a pagar pasaron a ser con miles de inversores que compraron bonos de deuda.

El vínculo desigual fue determinado por el mundo de las finanzas: si un país, periférico e imprevisible política y económicamente, quería colocar deuda, ya sea para financiar sus desequilibrios o la fuga de capitales de su propia clase empresaria, debía resignar su soberanía jurídica. Ese costo inmenso, simbólico y político, y que también puede ser económico, fue naturalizado por distintos gobiernos, hasta en los canjes de deuda de 2005 y 2010. La administración kirchnerista tenía un margen muy estrecho si aspiraba a avanzar en el canje en los primeros años de recuperación económica luego de la crisis 2001-2002. Esa limitación muestra que la estructura financiera internacional es un potente instrumento de sumisión de países, como hoy lo padecen las economías europeas periféricas. Y cuando un país la desafía, como lo hace la Argentina, recibe una respuesta contundente de esa comunidad de negocios con muy buena aceptación en los tribunales de Nueva York, como se comprobó.

“La estructura financiera internacional es un potente instrumento de sumisión de países, como hoy lo padecen las economías europeas periféricas. Y cuando un país la desafía, como lo hace la Argentina, recibe una respuesta contundente de esa comunidad de negocios con muy buena aceptación en los tribunales de Nueva York, como se comprobó”

Que un juez de primera instancia, tres de la Cámara de Apelación y nueve supremos coloquen en el banquillo a un país por una medida económica dispuesta en forma soberana, como fue el default de su deuda y posterior reestructuración, es el resultado de ese marco normativo que establece la preeminencia de los intereses de las finanzas globales sobre decisiones de una nación soberana. Esto es aceptado por el discurso económico convencional como estrategia de seducción del capital extranjero. Es una herencia neoliberal no saldada que hoy exhibe toda su capacidad perturbadora. Lo mismo sucede con los Tratados Bilaterales de Inversión firmados con 59 países que significaron también una cesión de soberanía jurídica a favor del Ciadi, tribunal arbitral dependiente del Banco Mundial, en litigios con multinacionales.

El pecado original está escrito en el documento de emisión de bonos de la deuda. Una de las condiciones dice que si los títulos no se rigen por la ley argentina se aplicará la de Nueva York, para los nominados en dólares, la de Londres, para los papeles en euros, y la de Tokio, para los emitidos en yenes. Esos títulos emitidos bajo legislación de Nueva York fueron suscriptos por inversores extranjeros, lo que no significa que argentinos no hayan comprado esos papeles, ya sea porque prefirieron otra cobertura jurídica a la nacional o porque lo hicieron con capital no declarado al fisco.

La posición argentina en los
tribunales de Nueva York como en los litigios en el Ciadi fue la de desafiar el pecado original de cesión de la soberanía jurídica. Esa política ha tenido la virtud de la resistencia y la debilidad de la carencia de iniciativas para de-sarticular esa normativa. En estos años donde hubo diferentes instancias judiciales no ha estado en controversia, pese al argumento buitre y de sus lobbistas locales, la voluntad de pago de la Argentina, sino hasta qué nivel jueces de Estados Unidos estaban dispuestos a avanzar sobre la soberanía de otro país. Ayer se supo: hasta la prepotencia de atropellarla.

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