¿Una nueva OEA?

Latinoamérica y el Mundo

Nuevos aires se respiran en la región y organismos jóvenes, como la Unasur y la Celac son el fruto de una América unida, ¿Qué rol cumple la Organización de Estados Americanos entonces? El nuevo secretario deberá adaptar el foro a la realidad, reorganizarlo y trasladarlo de EEUU para que proyecte la voz de América. Luis Almagro es el candidato para ejercer esta difícil tarea.

Luis Almagro, Canciller uruguayo- Foto: AP

Silvia Ayuso- El País (España) 

El continente americano se merece que el organismo que lo representa, la Organización de Estados Americanos (OEA), esté a la altura de los avances logrados por la región en las últimas décadas. Algo que, según el candidato a dirigir el organismo hemisférico, Luis Almagro, requiere recuperar la “eficiencia” y “credibilidad” con una agenda ágil que sirva para “reparar las heridas del pasado” y “construir una América unida y para todos”.

Y eso incluye, necesariamente, el ingreso de Cuba, subrayó el canciller uruguayo al presentar este miércoles en Washington los ejes de su programa en caso de que sea elegido, el próximo 18 de marzo, como nuevo jefe de la única organización que sienta a todos los países del hemisferio -salvo Cuba- en la misma mesa y en igualdad de condiciones.

Según Almagro, la región debería aprovechar la decisión de Estados Unidos y Cuba de normalizar sus relaciones para dar un paso más y convencer a La Habana para que vuelva al organismo del que estuvo suspendida entre 1962 y 2009. Han pasado ya más de cinco años desde que se le abrieron de nuevo las puertas de la OEA a la isla, pero esta sigue declinando dar el paso.

“Deberíamos encontrar una forma viable y consensual de tener una agenda con Cuba, y que Cuba pueda enriquecer con sus aportes la agenda de la Organización”, propuso Almagro. No aclaró cómo pretende atraer a una Cuba que ha preferido apostar por otros foros de la región como Celac, que no le ponen condicionantes democráticos como sí podría hacerlo la OEA.

“El reintegro efectivo de Cuba en la OEA se convertirá en un hito fundamental en la historia de nuestra organización”, insistió ante un foro que no le hizo grandes cuestionamientos, pero que tampoco le ovacionó.

“El continente americano se merece que el organismo que lo representa, la Organización de Estados Americanos (OEA), esté a la altura de los avances logrados por la región en las últimas décadas. Algo que, según el candidato a dirigir el organismo hemisférico, Luis Almagro, requiere recuperar la ‘eficiencia’ y ‘credibilidad’ “

Aunque las reglas de la OEA permiten que se presente un candidato hasta el último momento, la elección de Almagro para sustituir al chileno José Miguel Insulza es algo que se da prácticamente por sentado: “Señor secretario general, perdón, señor canciller”, dijo este miércoles entre risas el embajador venezolano, Roy Chaderton, al referirse a Almagro. La convicción es mayor desde que se quedó sin rivales, tras las renuncias del juez peruano de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Diego García-Sayán y el exvicepresidente guatemalteco Eduardo Stein.

Su equipo dice contar ya con al menos 20 votos -dos más de los necesarios para imponerse-, pero Almagro no baja la guardia y sigue promoviendo su agenda ante los países que deben ratificar con su sufragio efectivo el apoyo ya prometido. La presentación este miércoles en la sede de la OEA en Washington forma parte del proceso oficial para que, justo a un mes de las elecciones, los candidatos -ya solo uno- pudieran desgranar ante los países sus planes y resolver dudas.

Para Almagro, una de las prioridades es que la OEA recupere “la credibilidad que hoy todos reclaman”. Eso pasa, afirmó, por no intentar competir con otras organizaciones de la región sino de “complementarse” con ellas y generar así “mejores canales de interacción dentro del continente”.

“La OEA debe volver a ser un foro político de la región, pero adaptado a las nuevas realidades continentales que dicen que tiene que coordinarse con los países de otra forma, que hay otras organizaciones regionales que ensamblan y proyectan la voz de América Latina”, señaló.

”  ‘La OEA debe volver a ser un foro político de la región, pero adaptado a las nuevas realidades continentales que dicen que tiene que coordinarse con los países de otra forma, que hay otras organizaciones regionales que ensamblan y proyectan la voz de América Latina’, señaló “

Recuperar la credibilidad requiere también, según Almagro, construir una agenda que proponga soluciones “para el desarrollo y la seguridad hemisférica”.

En este sentido, el uruguayo presentó propuestas en materia de seguridad ciudadana -un informe anual y una “iniciativa regional” que incluya a otros organismos multilaterales y globales- con fuerte énfasis en la prevención.

También quiere promover las regiones menos desarrolladas, con planes como la creación de un “fondo de contingencia para desastres naturales” en Centroamérica o el Caribe. Eso sí, sin incurrir en más gastos -que la OEA no se puede permitir con un presupuesto anual de poco más de 80 millones de dólares- sino con una “racionalización” de recursos y mandatos de la organización.

Una agenda ambiciosa para la cual Almagro además se ha impuesto voluntariamente poco tiempo: según anunció este miércoles, si es elegido no buscará repetir mandato cuando acaben sus primeros cinco años al frente de la OEA “para que las condiciones de recambio sean más dinámicas”.

 

Nils Castro- Página 12 (Argentina)

Pronto la OEA deberá elegir nuevo secretario general. Sin embargo, ni siquiera el único candidato, el canciller uruguayo Luis Almagro, anticipa el próximo futuro de la organización, pese a que más de la mitad de los países miembros le han prometido el voto. “Los únicos números que cuentan son los del día de la elección, o sea que tenemos que esperar al 18 de marzo”, declaró hace unos días. No obstante, ése es el menor de los problemas. Las incertidumbres de la pasada elección parecen olvidadas; Almagro no tiene contrincante y goza del buen nombre que da haber sido canciller de José Mujica.

La cuestión más relevante no es quién será electo, sino cómo él prevé enrumbar los cambios que la OEA requiere y si está preparado para reunir fuerzas y dirigir la tarea. Porque las circunstancias han cambiado mucho y repetir las anteriores actuaciones conllevaría un fiasco probablemente irreparable.

Hace apenas once años, Estados Unidos aún capitaneaba esa nave –su nave– como quien surca un lago de rosas. En la 34ª Asamblea General hizo elegir al ex presidente Miguel Angel Rodríguez, de Costa Rica, como asunto de rutina. Pero el siguiente año Rodríguez renunció al cargo, acusado en su país de corrupción. Y tras lo que enseguida ocurrió, Washington ya no pudo ignorar que en la región nada volvería a ser como antes, incluso en el organismo panamericano.

En 2005, al repetir la elección, hubo tres candidatos: en primer término el ex presidente Francisco Flores, de El Salvador, a todas luces el preferido del Departamento de Estado. Además, el canciller Ernesto Derbez, del conservador gobierno mexicano. Y asimismo José Miguel Insulza, canciller de un gobierno socialista a la chilena. Flores no logró consenso ni en el grupo centroamericano y debió hacer mutis (con lo cual a Estados Unidos no le fue del todo mal, ya que al cabo también él iría a la cárcel por corrupción).

” La cuestión más relevante no es quién será electo, sino cómo él prevé enrumbar los cambios que la OEA requiere y si está preparado para reunir fuerzas y dirigir la tarea. Porque las circunstancias han c
ambiado mucho y repetir las anteriores actuaciones conllevaría un fiasco probablemente irreparable “

Quedaron dos: Derbez, ostensiblemente favorecido por el más poderoso miembro de la entidad, e Insulza, quien –sin que ésa fuera la intención de su gobierno– pasó a representar la indocilidad de América latina. Aunque Washington invirtió todos sus recursos diplomáticos, cinco rondas de votación quedaron en empate. Finalmente Derbez desistió y algunos personeros latinoamericanos negociaron con el Departamento de Estado la aceptación de Insulza.

Si bien Estados Unidos había perdido la facultad de gobernar la OEA a su gusto, Latinoamérica aún tuvo que cabildear el reconocimiento de la mayoría democrática que ella representa. Sin que todavía existiesen la Unasur ni la Celac, aquél fue un punto de viraje, aunque algunos de sus protagonistas no lo percibieran.

Tratándose de un organismo con sede en Washington, que desde su origen opera gracias al subsidio económico norteamericano y que padece una grave hipertrofia burocrática, el secretario Insulza buscó ganar la confianza de sus anfitriones, atender la administración de la casa y –lo más complicado– sortear diez años políticamente difíciles; no sólo por la emersión de una nueva época en América latina y sus relaciones con Estados Unidos, sino por la subsiguiente contraofensiva regional de las derechas.

Durante el período hubo fuertes atentados a la democracia y peligrosas tiranteces entre países de la región: golpes reaccionarios en Honduras y Paraguay e intentonas golpistas en Venezuela y Ecuador, así como tensiones militares entre Colombia y estos dos países; además, las ambiguas conductas norteamericanas acerca de cada uno de esos hechos.

La respuesta de la OEA a tales acontecimientos resultó floja, para decir lo menos. Sólo la intervención de algunas personalidades latinoamericanas y la irrupción de las primeras gestiones políticas y diplomáticas de la Unasur impidieron que la suma de todo ello degenerase en situaciones comparables a las de ciertas áreas del norte africano.

” Vistas desde este enfoque, todas las demás dependencias, atribuciones y costos de la OEA están de más. Es decir, para que ella pueda darse una función propia reconocida y aceptada es preciso podarla, reorganizarla y trasladarla a una ubicación geográfica más anfictiónica, esto es, más equilibradamente universal que la que Washington DC “

Ello obliga a preguntar cuál ha de ser el papel de la OEA en una región que ya no volverá a ser la misma y donde aún están por aflorar otros retos no menos riesgosos ni menos prometedores. Sobre todo después de que la Unasur y la Celac ya han asumido sus propios papeles y de que –gracias a la segunda– la exclusión de Cuba se canceló.

Esta es la parte medular de la situación de la cual Luis Almagro deberá hacerse cargo, si el próximo 18 de marzo queda como prevemos.

¿Qué tiene y puede aportar la OEA que les falte a esas otras dos organizaciones? Sólo la presencia de Estados Unidos y Canadá y, en esa medida, la posibilidad de subsistir como un foro de diálogo y acuerdos entre los gobiernos del Norte y los del Sur del continente. A nivel de cancilleres regularmente, a nivel de las áreas temáticas que se convenga y a nivel de cumbres de mandatarios, cuando se considere que hay materia y disposición para realizarlas provechosamente.

Vistas desde este enfoque, todas las demás dependencias, atribuciones y costos de la OEA están de más. Es decir, para que ella pueda darse una función propia reconocida y aceptada es preciso podarla, reorganizarla y trasladarla a una ubicación geográfica más anfictiónica, esto es, más equilibradamente universal que la que Washington DC –con su pesada carga semántica– puede ofrecer.

Lograrlo será el papel del próximo secretario general, si asume el cargo para desempeñarlo significativamente, como líder y organizador de esa transformación. Pero si lo acepta para repetir el modelo de sus antecesores será un fiasco, poco honroso para él ni su país y nada útil para ese organismo continental.

 

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