Una destitución en cámara lenta

Brasil
Especial

La votación de ayer, que culminó con la aprobación en diputados del impeachment, es el corolario de una lucha de poder. Cuando la crisis y la impericia de Dilma en la gestión presidencial pusieron incómodo al principal aliado, salió a la superficie la conspiración de legisladores del PMDB y el PSDB. La intención de removerla por la fuerza representa una grave involución democrática.

Editorial- La Jornada (México)

Es claro, pues, que el proceso de destitución de Rousseff obedece a intereses de impunidad, encubrimiento y ambición de poder que han sabido capitalizar a su favor –con la participación protagónica de los medios informativos, casi todos en manos de la vieja oligarquía– los descontentos sociales causados por la crisis económica, la descomposición institucional y el desgaste que ha experimentado el Partido de los Trabajadores (PT) en 13 años de ejercicio del cargo presidencial, primero con Luis Inazio Lula da Silva y luego con la aún mandataria. Es evidente también que ambos han perdido el margen de acción política que habría sido necesario para romper el gravísimo aislamiento en el que se encuentra el gobierno en la Cámara de Diputados, donde no pudo obtener ni un tercio de los votos para detener el impeachment contra Rousseff.

” Más allá de nombres y de siglas, lo alarmante del proceso legislativo en curso en contra de la presidenta de Brasil es que, de consumarse, representaría una gravísima involución política y económica. A fin de cuentas, lo que aglutina a los políticos opositores es el afán de retomar el neoliberalismo “

Pero, más allá de nombres y de siglas, lo alarmante del proceso legislativo en curso en contra de la presidenta de Brasil es que, de consumarse, representaría una gravísima involución política y económica. A fin de cuentas, lo que aglutina a los políticos opositores es el afán de retomar el neoliberalismo corrupto que padeció el país sudamericano hasta 2003, acabar con las políticas sociales emprendidas desde ese año por el Estado y poner fin a la política exterior independiente del gigante sudamericano para realinearlo con las directrices procedentes de Washington.

Con estos elementos de análisis resulta inevitable concluir que lo sucedido en Brasil no es, aunque lo parezca, un procedimiento parlamentario y democrático de control del Ejecutivo por el Legislativo, sino un golpe de Estado que se desarrolla en cámara lenta en el seno mismo de las instituciones.

Tereza Cruvinel- Brasil247 (Brasil)

El discurso del gobierno tras la derrota en la Cámara baja -a través de los ministros Jaques Wagner y José Eduardo Cardozo- sustentó que el proceso de impeachment en curso es un golpe, y que la presidenta resistirá hasta el fin para demostrar su falta de base jurídica.

Es cierto que en el Senado el ambiento no será el de “palo y a la bolsa” verificado en la Cámara de Diputados, especialmente en lo referido al derecho a la defensa.

Pero lo que está en curso es una lucha de poder, no un juicio propiamente dicho. Por eso, antes de otra batalla sin gloria, Dilma puede ser convencida de aceptar una salida por la vía del pueblo, es decir, la renuncia a dos años de mandato, con reforma política y elecciones presidenciales en octubre, junto a las municipales pautadas para esa fecha.

El presidente del Senado, Renan Calheiros, es un candidato natural a ser el articulador de esta solución y ha considerado la posibilidad.

En el Senado ya existe un ambiente favorable. Este lunes por la mañana, un grupo de senadores independientes, es decir, ni del PT ni del PMDB, defenderán la propuesta “Ni Dilma, ni Temer, directas inmediatamente”. En el grupo están los senadores Walter Pinheiro (sem partido, ex-PT), Cristóvam Buarque (PDT), Randolfe Rodrigues (Rede), João Capiberibe (PSB), Lidice da Mata (PSB) y Paulo Paim (PT).

“Lo que está en curso es una lucha de poder, no un juicio propiamente dicho. Por eso, antes de otra batalla sin gloria, Dilma puede ser convencida de aceptar una salida por la vía del pueblo, es decir, la renuncia a dos años de mandato, con reforma política y elecciones presidenciales en octubre, junto a las municipales “

Si el presidente del Senado acepta el desafiante papel de articulador del acuerdo nacional, tendrá que obtener en primer lugar la anuencia de Dilma. La propuesta no puede partir de ella, inclusive para que no parezca que está huyendo del juicio político. Tendrá que ser una iniciativa del Senado, hilvanada por diferentes partidos. El PT debe aceptar, incluso porque tiene un buen candidato, Lula.

La alternativa a una elección sería enfrentar el proceso de juicio político en el Senado, sin garantía de victoria, consumiendo energías con recursos legales ante el Supremo Tribunal Federal y defensas jurídicas que caerán en oídos sordos. Y al final, si pierden, entregar el gobierno en bandera a Temer. Con las elecciones, él y su pandilla verían el dulce golpista caer de sus bocas.

¿Y el PSDB? Si hacen las cuentas, la oposición socialdemócrata concluirá que no tiene nada para ganar si apoya a un gobierno de Temer que cargará la marca del golpismo, que será protestado en las calles y no tendrá autoridad para enfrentar y solucionar la crisis. Con elecciones podría lanzar a uno de sus candidatos.

Después viene la constelación de partidos secundarios: no tendrán candidato, pero podrán nuevamente negociar apoyos para tener lugar en un futuro gobierno. Hablamos de una fórmula que puede tomar cuerpo de aquí en adelante. Su éxito dependerá del desprendimiento de Dilma, que pierde dos años de mandato pero sale en buenas condiciones, librándose de una condena humillante e injusta.

También dependerá de Calheiros, de Lula y mucho del PSDB. Si no, veremos la prolongación de la crisis hasta la conclusión del rito en el Senado y, al final, una solución que no será solución. Dilma, que obtuvo apenas 137 votos en su defensa en la Cámara, si llega a ser absuelta tendrá enormes dificultades para recomponer la gobernabilidad. Y Temer, por todo lo antes dicho, no será garantía de estabilización. Lo máximo que hará será un mandato-fusible, enfrentando un conflicto tras otro.

Martín Granovsky- Telesur (Venezuela)

Al llamado de un señor con gemelos y sonrisa sardónica, los diputados iban pasando uno a uno para gritar su voto delante del micrófono. 

Diez diputados del Estado de Pará votaron Sí a la admisibilidad del juicio político. Siete votaron No. Uno se abstuvo. A las seis y media de la tarde, en Pará había ganado el golpe. 

Ubicado al norte, recostado contra Surinam y el Atlántico, Pará cobija la mayor reserva de mineral de hierro del mundo y es una zona rural. En una superficie de 1.253.164 kilómetros cuadrados (cuatro provincias de Buenos Aires o una Colombia) viven casi ocho millones de habitantes. 

El 17 de abril de 2016 no es un día cualquiera para ese Estado. Es la fecha en que se cumplen 20 años exactos de la masacre de Eldorado do Carajás, en Pará, cuando 19 trabajadores rurales fueron asesinados por la policía.

El periodista Eric Nepomuceno, uno de los corresponsales de  Página/12, reconstruyó la historia en su maravilloso libro “O Massacre”. Califica los asesinatos como “una de las más frías y emblemáticas matanzas de la historia contemporánea de Brasil”. Todos pertenecían al Movimiento de los Sin Tierra, la mayor  organización social fuera de los sindicatos.  

” Cuando la crisis y la impericia de Dilma en la gestión presidencial pusieron incómodo al principal aliado, salió a la superficie la lubricación compartida por legisladores del PMDB, del PSDB y por algunos legisladores o funcionarios del PT. A la suma de corrupció
n más recesión más conspiración es difícil ganarle “

Hace 20 años Pará tenía registrados 18 mil campesinos en estado de servidumbre. Como el salario no les alcanzaba, quedaban atados al patrón, el fazendeiro, por los vales de almacén. Cuenta Eric que en 2004, ya durante el gobierno de Lula, la familia de hacendados Mutran fue multada en 435 mil dólares por trabajo esclavo. Según la Pastoral de Tierra del Episcopado, solo entre 1971 y 2004 fueron asesinados 772 campesinos por reclamar tierras. “Es más peligroso matar un buey que un hombre”, escribió Eric. “Los matadores de ganado normalmente son apresados y condenados; los matadores de hombres quedan impunes.”

A las cinco de la tarde del miércoles 17 de abril de 1996 155 efectivos de la Policía Militar y quizás también pistoleros parapoliciales dispararon contra 2500 manifestantes del MST.

El gobernador era Almir Gabriel, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, el mismo que encabezaba el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso. Lo recordó Valmir Assunçao, diputado del PT por Bahía. Gabriel fue quien dio a la PM la orden de dispersar la marcha. Murió en 2013 sin haber sido investigado ni procesado. La Justicia solo condenó a un coronel y a un mayor. No la pasaron muy mal. Fueron detenidos en noviembre de 2004 y liberados al año siguiente.  

El 17 de abril quedó consagrado como Día Mundial de la Lucha por la Tierra. Ninguno de los diez diputados que votó Sí recordó la matanza. Uno gritó que votaba Sí “contra los ladrones del PT”. Otro vociferó que votaría Sí porque “tengo una familia y un hijo de cuatro años y no quiero que le enseñen sexo en la escuela”. 

Sin embargo, esos legisladores de Pará y los otros que votaron Sí comenzaron a cortar un proceso social de integración que necesitaba décadas para afirmarse y ahora puede quedar inconcluso. 

Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados y dueño de la sonrisita a lo Giulio Andreotti, es la cara visible de la conspiración para tumbar a Dilma y destruir al Partido de los Trabajadores. La Corte Suprema lo procesó el mes pasado por corrupción en el sistema multimillonario de coimas de Petrobrás. Ultraconservador, es autor de proyectos para instituir un Día del Orgullo Heterosexual y penar con 10 años a los médicos que ayuden a abortar. 

” Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados y dueño de la sonrisita a lo Giulio Andreotti, es la cara visible de la conspiración para tumbar a Dilma y destruir al Partido de los Trabajadores. La Corte Suprema lo procesó el mes pasado por corrupción en el sistema multimillonario de coimas de Petrobrás “

Cunha pasó por partidos menores y terminó recalando en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, una constelación de jefes estaduales ligados a los poderes locales sin cuyos representantes en el Congreso nadie puede gobernar Brasil. El PMDB fue aliado de Cardoso, aliado pasivo de Lula y después aliado activo del PT, a tal punto que Lula promovió al pemedebista Michel Temer como vicepresidente de Dilma en 2010 y de nuevo en 2014.

El PMDB cogobernó mientras pudo obtener ventajas y dejó de hacerlo cuando la crisis económica empezó a notarse en el PBI, que este año puede achicarse un 4 por ciento. El entramado de alianzas se basó en la confluencia de intereses y en la lubricación por coimas. Cuando la crisis y la impericia de Dilma en la gestión presidencial pusieron incómodo al principal aliado, salió a la superficie la lubricación compartida por legisladores del PMDB, del PSDB y por algunos legisladores o funcionarios del PT. 

A la suma de corrupción más recesión más conspiración es difícil ganarle. Una presidenta paralizada políticamente quiso huir hacia adelante con un ajuste y un ajustador ortodoxo. El PMDB se corrió para que el descrédito cayera sobre el PT, Dilma y Lula. Si el Senado desplaza a Dilma por 180 días quedará Temer en el Planalto, que por cierto no promete continuar con las políticas neodesarrollistas de Lula sino superar la ortodoxia de Joaquim Levy, el primer ministro de Hacienda en el segundo mandato de Dilma. 

Ni el PMDB en versión Cunha-Temer ni el PSDB de Aécio Neves están lejos de Almir Gabriel, aquel gobernador de Pará que ordenó matar. Pero el PT, que siempre encarnó a las fuerzas opuestas a los fazendeiros, quedó enredado y a la defensiva. Parecía imposible imaginar entonces este capítulo para un partido que solo siete años después de la matanza, en 2003, comenzó con Lula la reparación social más imponente de la historia de Brasil. 

” Los diputados que gritaban como salvajes no son una rareza. Simplemente, su monstruosidad fue televisada. Así funciona Brasil. En circunstancias críticas afloran los valores racistas, clasistas y esclavócratas. Los trabajadores de hoy serían como los esclavos del siglo XIX o como los reducidos a servidumbre en Pará “

Los diputados que gritaban como salvajes no son una rareza. Simplemente, su monstruosidad fue televisada. Así funciona Brasil. En circunstancias críticas afloran los valores racistas, clasistas y esclavócratas. Los trabajadores de hoy serían como los esclavos del siglo XIX o como los reducidos a servidumbre en Pará y no deberían molestar asomándose a la casa grande de los amos. Esos valores se trasladan a toda la elite y cubren con una ideología tradicionalista y grotesca los intereses de los bancos transnacionales, el gran empresariado nacional que enarbola la bandera “Renuncia ya” en la sede de la Federación de Industriales de San Pablo, los tránsfugas del sistema político y los medios gigantescos, que en el caso de la televisión abierta conforman un monopolio como Globo. Fue notorio el tono prepolítico de muchos diputados que votaron por el Sí. Algunos invocaron a sus electores. Pero los más mencionaron a sus padres, a sus hijos, a su familia e incluso a sus amigos como fuente legitimadora del voto. O dijeron que votaban Sí “contra el comunismo”, como Jair Bolsonaro de Río, que honró al torturador de Dilma durante la dictadura Brilhante Ustra. 

Los motivos del No fueron claros. Como dijo Marcelo Castro, un miembro dilmista del PMDB, Dilma es honesta, Dilma no robó, Dilma no tiene empresas ni cuentas en el exterior, o sea que no hay delito. Y sin delito el juicio es un golpe. 

Si después de la admisibilidad votada en Diputados el Senado desplaza a Dilma y, peor, si luego la echa, habrá que releer el análisis de Ciro Gomes. Ex ministro de Lula y opositor a Dilma, pero sobre todo contrario al impeachment, dijo en la revista Carta Capital que si el golpe se consuma “no veo posibilidades de gobierno estable en los próximos 20 años”. Describió que en el odio y la rabia confluyen tres grandes grupos: los electores frustrados de Neves, los afectados por la decadencia económica y los impactados por “novelización del escándalo a cargo de los grandes medios”. Cunha sería la síntesis de esa triple negación. Y Temer, la encarnación “de la ilegitimidad del gobernante y del entreguismo a los intereses internacionales, flagrantemente metidos en este asunto sobre todo cuando hablamos de petróleo”. 

” La admisibilidad del impeachment es una derrota propia para los millones de argentinos y de sudamericanos que simpatizan con la protección de derechos laborales, con una mayor intervención del Estado, con políticas reformistas, con la integración y con la carta de los Brics como alternativa en materia de financiamiento “

El voto de los diputados brasileños es una horrible noticia para la Argentina. Mauricio Macri fue endiosado por los megaindustriales de la FIESP. Pero la persistencia de la caída económica y la crisis política en el principal socio de la Argentina achicará aún más las chances de recuperación económica. Golpeará directamente en la industria automotriz y menguará las exportaciones industriales. 

La
admisibilidad del impeachment es una derrota propia para los millones de argentinos y de sudamericanos que simpatizan con la protección de derechos laborales, con una mayor intervención del Estado, con políticas reformistas, con la integración y con la carta de los Brics como alternativa en materia de financiamiento sin condicionalidades conservadoras. 

El Congreso brasileño está retrasando la historia en Brasil y en toda Sudamérica. Como dijo Patrus Ananias, del PT, voto número 100 contra el juicio político, “es un golpe contra los pobres”. 

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