Un retrato familiar del abuelo Allende

Chile

La dictadura militar de Pinochet se llevó la vida de Salvador Allende, mientras de su vivienda fueron saqueados todos los álbumes familiares. Marcia Tambutti, nieta del ex presidente, continuó la tarea que había iniciado su abuela, Hortensia “Tencha” Bussi, y a través de la cámara de su documental pudo reconstruir no sólo su propia historia personal, sino también la memoria de un pueblo.

Afiche del documental Allende mi abuelo Allende - Foto: Archivo

Brunella Tedesco – El Observador (Uruguay)

En 1973, las Fuerzas Armadas de Chile le dieron a la historia uno de sus más recordados 11 de setiembre. Solo habían transcurrido tres años desde que el socialista Salvador Allende asumía la presidencia del país andino cuando, en esa fecha, el poder castrense arremetió contra el Palacio de la Moneda y Allende se suicidó.

Sin embargo, la sede presidencial no fue el único bastión de Allende bajo ataque, sino que las bombas también alcanzaron su residencia, en la calle Tomás Moro, de Santiago. Aunque todos sus ocupantes escaparon ilesos, la esposa del fallecido presidente, Hortensia “Tencha” Bussi, tuvo entonces otra pérdida más que lamentar: la de todos los álbumes familiares que había confeccionado a lo largo de los años y que fueron saqueados por los nuevos poderes al mando.

Esa ausencia del recuerdo nunca la abandonó e incluso la motivó a realizar llamados al público para encontrar esas imágenes de la familia, de un Allende más distendido, menos solemne.

Sin buscarlo, Tencha pasó ese afán a una de sus nietas, Marcia Tambutti, cuyo intento de recobrar el pasado e insuflar vida a un nuevo álbum familiar adoptó la forma de documental y el nombre de Allende mi abuelo Allende. El ex presidente que se pincela, no obstante, no es el de las biografías o los proyectos cinematográficos anteriores, sino el que surgía tras puertas cerradas y el que permanecía sepultado bajo décadas de mutismo familiar.

” Esa ausencia del recuerdo nunca la abandonó e incluso la motivó a realizar llamados al público para encontrar esas imágenes de la familia, de un Allende más distendido, menos solemne “

Proyectado recientemente en Montevideo, como parte de La Semana del Documental de DocMontevideo, el filme recibió la ovación de un público de procedencias variadas, cuya calidez dejó entrever que aún siente cercano el dolor de un despotismo que se repitió a lo largo de América Latina.

No obstante, el impacto del filme no reside solo en la identidad latina, sino también en la intimidad que se permea a través de la pantalla. Fueron esas cualidades que este mayo llevaron al jurado del Festival de Cannes a considerar Allende mi abuelo Allende como el mejor documental del año, consagrándolo con el primer L’Oeil d’Or (El Ojo de Oro) entregado en su historia.

Los pasos del relato

La recepción positiva que ha recibido el documental se presenta como un premio un tanto inesperado para Tambutti, con poca experiencia previa en el rubro. Bióloga de profesión, Tambutti pasó gran parte de su vida en México, viendo sus preguntas sobre su abuelo silenciadas por la falta de respuesta.

Sin embargo, todo cambió mientras leía La piel del tambor, de Arturo Pérez Reverte, en la que la protagonista intenta proteger el legado de sus antepasados y conoce cada detalle de su historia. “Me di cuenta de lo poco que sabía de la parte más cotidiana de mi abuelo. Mi mera motivación fue ese rescate, porque a veces la figura pública se come a la íntima”, comenta en diálogo con El Observador.

” Me di cuenta de lo poco que sabía de la parte más cotidiana de mi abuelo. Mi mera motivación fue ese rescate, porque a veces la figura pública se come a la íntima “

Tras una preparación que involucró visionado de documentales, lectura de biografías, y cursos en guión y documental, Tambutti comenzó un proyecto de ocho años que la llevaría a entrevistar a unas 32 personas: “Necesitaba oír y alimentarme más por otras personas externas a mi familia para tomar imágenes o anécdotas y con ello gatillar la memoria familiar, porque las décadas de silencio o la inercia de no hablar es difícil de sacudir”.

Muchas de esas entrevistas fueron utilizadas como referencia y no se ven retratadas en el producto final, que oscila entre fotografías antiguas que la documentalista va hallando y diálogos con parientes. “Ese círculo más íntimo apareció después, en el montaje, en donde te das cuenta de que no puedes tener a tantas personas porque la película pierde parte de su fuerza”, explica.

Lo que supo desde un principio, en cambio, fue que su inmersión iba a ser completa. No solo se la ve dialogar con la familia, sino increparla, llorar, acariciar a su anciana abuela: “Quería hacer un documental muy honesto y sentía más artificial quedarme detrás de cámaras que retratar la manera en la que hemos manejado estos temas como familia, también conmigo adentro”.

El peso del silencio

Esa reticencia que su familia siempre había manifestado se configura como uno de los protagonistas del documental, al teñir gran parte de los testimonios retratados por el filme. “¿Cuándo le vas a dar término a tu larga entrevista?”, le cuestiona casi al inicio su abuela Tencha, dándole rienda suelta a un espiral de silencios que poco a poco evolucionan en revelaciones.

Para Tambutti, la presencia de una cámara facilitó ciertos descubrimientos, así como el diálogo sobre temas tabú, como las infidelidades de Allende: “La película me dio la posibilidad de insistir, cosa que sin una cámara yo no hubiese hecho. Cuando yo hacía preguntas en mi dinámica familiar y no me contestaban, no volvía a insistir. En cambio el documental fue una herramienta para mantener ahí el foco de atención”.

” La película me dio la posibilidad de insistir, cosa que sin una cámara yo no hubiese hecho. Cuando yo hacía preguntas en mi dinámica familiar y no me contestaban, no volvía a insistir. En cambio el documental fue una herramienta para mantener ahí el foco de atención “

Ese silencio tan propio de los Allende no les es exclusivo, sino que repica en todo Chile. “Es un país que quedó muy polarizado, sobre todo en el retorno a la democracia. Me dijeron que cuando pasaron los 30 años del golpe fue una de las primeras veces que se hablaba de Allende en los medios y ese silencio se ha ido rompiendo a nivel colectivo”, señala. 

Trascender las fronteras del país andino, no obstante, era parte del plan de Tambutti, ostensible en el mismo nombre del documental. Hacia su fin, sobre un fondo negro, trazos blancos informan que “allende” significa “más allá de”. Más allá de Allende, de Chile, de sus parientes. Lo que presenta Tambutti no es solo un álbum familiar de los suyos, sino, en cierta manera, de todos los demás: “La idea era abordarlo del modo más universal posible, justamente porque los silencios son algo que se repite en todas las familias”.

 

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