Un problema más profundo

Brasil 

La oposición festeja la última encuesta que arroja una caída en la popularidad de la presidente Dilma Rouseff como si todos sus problemas se solucionaran. Aunque no ven que lo que revelaron estos resultados es el deterioro de la política basilera en general. El próximo desafío de la mandataria será construir una agenda que aproxime aún más al Estado y la sociedad civil.

Dilma Rouseff- Foto: AP

Edinho Silva- Brasil 247 (Brasil) 

Sé que la oposición y el conservadurismo de la sociedad brasileña van a festejar como una victoria política la última encuesta Datafolha, que revela una caída en la popularidad de la presidente Dilma Rousseff. Y consecuentemente la tratarán como una derrota del gobierno central, en este caso, del gobierno de Dilma.

Sin embargo, puedo afirmar que el problema es más profundo; el agujero es más abajo.

La encuesta mostró un deterioro del ambiente político brasileño en el cual el gobierno Dilma, por ser el poder central, es quien más drena el descontento popular. No estoy aquí ignorando los ataques sufridos por el gobierno en la coyuntura, ni tampoco la ofensiva conservadora contra el Partido de los Trabajadores, PT. Tampoco las características de la cobertura de las denuncias de corrupción en Petrobras.

Los ataques al PT también alcanzan al gobierno de Dilma. Tales aspectos podrían generar “una volátil alegría para la oposición”, pero interfieren en la coyuntura.

Sin embargo lo que quiero tratar aquí es un problema estructural, que es la crisis de las instituciones brasileñas.

Las denuncias de corrupción, aun siendo combatidas por las instituciones del Estado brasileño (y en el caso Petrobras por órganos federales); la crisis hídrica que afecta prioritariamente al gobierno de Sao Paulo, y los reflejos de la crisis económica internacional en la economía brasileña, reflotan el sentimiento de cambio de las marchas de junio de 2013.

La crisis de representatividad de las instituciones brasileñas vuelve a expresarse ahora.

No estoy afirmando aquí que la historia vaya a repetirse, y que tendremos manifestaciones iguales a las de junio de 2013. Pero existe en la sociedad un ansia de una nueva agenda para la política brasileña que alimenta “un deseo de cambio” que alcanza a todos aquellos que están ejerciendo tareas de gobierno, sea en los planos federal, estadual o municipal. Y que afecta, además, la legitimidad de las instituciones del Estado.

” Más que nunca es hora para la construcción de una agenda que busque la reforma de las instituciones, aproximando al Estado y la sociedad civil. Es urgente una verdadera reforma política. Es necesario que el poder sea compartido cotidianamente con la sociedad civil, aumentando la transparencia y el control popular sobre las esferas de gobierno; es hora de nuestra gobernanza “

En este caso no hay nada que celebrar, no hay ganadores, ni en la oposición, ni en el gobierno, en el Legislativo o el Judicial. Cuando el monstruo sale de la laguna, todos pierden. El sentimiento de cambio sin agenda propositiva abre espacio para las aventuras, para los oportunistas, salvadores de la patria. Generalmente señala salidas conservadoras que ponen en jaque a las instituciones del Estado y la democracia.

Más que nunca es hora para la construcción de una agenda que busque la reforma de las instituciones, aproximando al Estado y la sociedad civil. Es urgente una verdadera reforma política. Es necesario que el poder sea compartido cotidianamente con la sociedad civil, aumentando la transparencia y el control popular sobre las esferas de gobierno; es hora de nuestra gobernanza.

Urge la construcción de consensos de los entes federados para una reforma tributaria, exonerando a los sectores más fragilizados de la sociedad, los asalariados. Tenemos que democratizar y popularizar los instrumentos para la comunicación, que se convirtió en “el arma” de la sociedad civil en este comienzo del siglo XXI. Urge un nuevo pacto federal que mejore la calidad de los servicios, y que se entienda que el Legislativo tiene que aproximarse a la sociedad, terminando con el foso entre representantes y representados. El Judicial es un poder al servicio de la sociedad y tiene que estar sometido al control social tanto como las demás instituciones del Estado.

Si las fuerzas democráticas de Brasil no entienden el sentimiento de cambio que está en gestación en el actual “silencio de la sociedad brasileña”, podemos ser sorprendidos con trampas que significarán golpes contra la joven democracia del país.

Ante ese diagnóstico, cabe al PT en su calidad de mayor partido de Brasil (aun siendo el que más perdió en la coyuntura, pero también el que tiene mayor organicidad social) invertir en la construcción de una agenda de cambios, sabiendo que la presidenta Dilma ya se comprometió y tomó iniciativas a favor de ese cambio.Cabe también al Partido de los Trabajadores saber construir consensos que movilicen a las fuerzas democráticas en un movimiento de construcción de transformaciones en la estructura del Estado que lleven a una nueva cultura política.

 

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