Un mecanismo de cooperación e integración regional

Es la segunda vez que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños se reúne, esta vez con un mayor entusiasmo y una amplia representación, que apuntan a consolidar a este organismo como “el” bloque regional, sin Canadá y Estados Unidos. La sede de la reunión, La Habana, es una clara señal de ello. Y es desde este espacio que se apunta a contribuir al desarrollo económico y el fortalecimiento de la democracia, más allá de las divergencias ideológicas, en un camino de equidad para los países que lo integran.

Editorial – La Jornada (México)

La segunda cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) arrancó ayer en La Habana, Cuba, con la participación de 31 jefes de Estado y la presencia, en calidad de invitados, de los secretarios generales de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, y de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

La segunda realización de este foro, así como la nutrida participación de mandatarios y altos representantes del subcontinente y la comunidad internacional –hecho que contrasta, por ejemplo, con la desangelada Cumbre Iberoamericana realizada hace tres meses en Panamá–, son indicativos de la aceptación y el entusiasmo que despierta entre los países al sur del río Bravo el hecho de contar con un organismo regional sin la presencia de Estados Unidos y Canadá, que pueda fungir como un mecanismo equitativo de cooperación, integración, resolución de conflictos y atención de problemas comunes, y que sea acorde, de esa forma, a los tiempos que se viven en la región.

En efecto, en las últimas dos décadas y con la salvedad de algunos países, como el nuestro, los gobiernos neoliberales han ido siendo remplazados por proyectos con mayor contenido social, progresistas, incluyentes y apegados a la defensa de las soberanías nacionales. En dicha circunstancia, la propia OEA ha dado cuenta de su inoperancia para constituirse en foro regional por una razón fundamental: su supeditación a los intereses hegemónicos de Estados Unidos y la asimetría inherente a un foro en el que ese país coexiste con naciones latinoamericanas que a lo largo de su historia han sido víctimas de toda suerte de agresiones, presiones, chantajes e injerencias políticas, económicas, militares y diplomáticas de la superpotencia, elementos que imposibilitan la concreción de acuerdos regionales democráticos y representativos. Es significativo que la reunión actual de la Celac tenga lugar en La Habana, Cuba, que fue injustamente excluida de la entidad hemisférica entre 1962 y 2009 por presiones políticas de Washington.

Por lo demás, en los últimos años la OEA ha mostrado su inoperancia para contribuir al desarrollo económico, el fortalecimiento de la soberanía y la democratización de nuestros países. Un ejemplo relativamente reciente de ello es la incapacidad de esa organización para contrarrestar el golpe de Estado que tuvo lugar en Honduras a mediados de 2009, que se saldó en la elección de un nuevo régimen cuestionado en su legitimidad.

El éxito observado en el arranque de la cumbre de la Celac pone en evidencia, en suma, un vuelco político-diplomático en el continente y cabe felicitarse por ello. Pero es necesario que los gobiernos trabajen en la consolidación de este nuevo organismo de deliberación política para América Latina y el Caribe, que lo fortalezcan y mantengan aun a pesar de los disensos naturales que puedan llegar a surgir entre los gobiernos y de los previsibles intentos de la diplomacia estadunidense por desvirtuar este foro. De esa manera se estará avanzando en la realización del principio de equidad entre los estados latinoamericanos.

 

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