Un encuentro para profundizar relaciones

Argentina y Chile

La presidenta Michelle Bachelet visitó a su par Cristina Fernández de Kirchner en la primera gira al exterior. Dio así una señal de que el eje de las relaciones chilenas no pasará por la Alianza del Pacífico. En esa línea, las mandatarias expresaron su determinación para profundizar los acuerdos de cooperación e integración del Tratado de Maipú, firmado en 2009. 

Facebook CFKAlberto López Girondo – Tiempo Argentino (Argentina)

El proyecto de la Alianza del Pacífico representa una avanzada del neoliberalismo tras la derrota del ALCA en Mar del Plata en 2005. Impulsada por gobiernos más inclinados a Washington que a los vecinos atlánticos (la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), nació a las apuradas en 2011, cuando Alan García estaba por entregar el poder a Ollanta Humala.

Quedó como un presente griego para su sucesor –que durante la campaña había sido acusado de “chavista”– del que le costaría trabajo desprenderse.

Cuando Bachelet volvió al Palacio de la Moneda, hace 60 días, se sabía que algunas cosas no iban a ser igual. La sociedad chilena apostó por su regreso para cambiar el modelo neoliberal que viene desde la dictadura pinochetista.

Los acuerdos internacionales no son fáciles de romper. Y menos cuando son proyectos que involucran a parte de la sociedad, como es el caso de las empresas que ya hacen negocios con el resto de los socios dentro de AP: Perú, Colombia y México.

Bachelet fue la primera presidenta pro tempore de la recién creada Unasur en mayo de 2008 y su participación fue clave en evitar el golpe de Estado contra Evo Morales, promovido por la derecha del oriente boliviano.

“Con la gira avisa que piensa cambiar el eje de las relaciones internacionales. Lo había preanunciado antes de tomar el avión, cuando dijo que quiere una AP ‘que represente una genuina oportunidad de unión, intercambio y cooperación entre las economías de América Latina’ y lo repitió ayer ante Cristina Fernández”

En su primer viaje al exterior, Bachelet visitó la Argentina. Hay 5300 kilómetros de frontera en común que explican el gesto. Las relaciones entre ambas mandatarias son excelentes y eso aceleró el acercamiento entre países que no pueden llevarse mal por historia y por conveniencia. Ella ya dio pasos para cumplir antes de sus primeros 100 días en el gobierno con la promesa de modificar el sistema fiscal y la ley educativa. Con la gira avisa que piensa cambiar el eje de las relaciones internacionales. Lo había preanunciado antes de tomar el avión, cuando dijo que quiere una AP “que represente una genuina oportunidad de unión, intercambio y cooperación entre las economías de América Latina” y lo repitió ayer ante Cristina Fernández. Parece un buen augurio.

Oscar González – Tiempo Argentino (Argentina)

El contenido simbólico de esta visita habla, por supuesto, de la importancia que ambos países asignan a la relación bilateral, pero también de la sintonía política entre las dos mandatarias, que ya se había manifestado de manera elocuente durante 2008 y 2009. Y, sobre todo, confirma que, pese a las dificultades y a los embates de derechas regresivas y nostálgicas, la región sigue afianzando un camino de autonomía y de búsqueda de mayores niveles de equidad en cada una de las sociedades que la componen.

El vínculo entre las presidentas, expresado en la conferencia de prensa conjunta y en la recepción que le brindó Cristina en el Museo del Bicentenario, reflejó las mejores tradiciones de solidaridad, entendimiento y trabajo común. Todo lo contrario de lo que sucedía durante las sanguinarias dictaduras que se abatieron sobre los dos países en los años 70 y 80. 

Superado ya ese tenebroso pasado –aunque sus sombras asomen por momentos–, es un buen augurio que se haya anunciado ayer la determinación conjunta de profundizar los acuerdos de cooperación e integración contenidos en  el Tratado de Maipú, firmado en 2009.

“El encuentro entre ambas jefas de Estado viene a potenciar la integración y complementariedad entre dos países que, sin resignar sus respectivas singularidades, asumen el desafío de crecer juntos” 

Como expresión de fuerzas que apuestan a la ampliación de derechos, que reivindican la acción política como herramienta de cambio y que plantean la necesidad de democratizar la economía, la sociedad y la cultura, el esfuerzo conjunto de Michelle y Cristina contribuirá a perfeccionar ese rumbo, una demanda planteada explícitamente en las recientes elecciones chilenas y, bastante antes, en los comicios argentinos.

Mientras tanto, la integración física, económica y comercial puede ser una poderosa palanca para resistir, en lo inmediato, las consecuencias de la grave crisis originada en los países centrales, pero también para ensayar una inserción más provechosa y protagónica en el escenario internacional.

Chile, al que muchos intentan presentar como contrapartida neoliberal de los procesos de cambio que se despliegan en el sur del continente, está demostrando en estos primeros días de gobierno, que la nueva presidenta tiene un renovado liderazgo fiel al mandato popular. Es en ese marco, que el encuentro entre ambas jefas de Estado viene a potenciar la integración y complementariedad entre dos países que, sin resignar sus respectivas singularidades, asumen el desafío de crecer juntos en este  ciclo histórico que demanda una alianza estratégica.

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