“Triunfar en la vida no es ganar, es levantarse y volver a empezar”, fiel a su estilo Pepe Mujica se retira de la política

El expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica renunció a su banca en el Senado, en una decisión precipitada por la pandemia de coronavirus, y anunció que se retira de la vida política, donde dejó una huella por la claridad de su discurso, un estilo alejado de los protocolos y una militancia contra las dictaduras y por la unión latinoamericana. “Triunfar en la vida no es ganar. Es levantarse y volver a empezar cuando uno cae”, señaló el dirigente del Frente Amplio en la sesión extraordinaria en la que dejó su escaño.

Nacido el 20 de mayo de 1935 en el barrio Paso de la Arena, departamento de Montevideo, fue uno de los fundadores del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T), que en la década del 60 y 70 realizó asaltos, secuestros y ejecuciones en resistencia a la dictadura.

Sin rencor por lo que padeció

Pasó casi quince años de su vida en prisión y ayer, en su última sesión en la Cámara, recordó algunas situaciones que tuvo que enfrentar en ese período: “He pasado de todo en la vida. Estar seis meses atado con alambre con las manos en la espalda. Irme de cuerpo por no poder aguantar en un camión. Estar dos años sin que me llevaran a bañarme y tener que hacerlo con un frasco”.

“Pero no le tengo odio a nadie”, señaló el dirigente que, tras salir de la cárcel, fundó junto a otros líderes del MLN-T y otros partidos de izquierda el Movimiento de Participación Popular (MPP), dentro de la coalición frenteamplista.

Así, con su estilo llano, resultó elegido diputado y senador, y a sus 75 años se convirtió en el presidente electo de Uruguay al vencer en la segunda vuelta al expresidente derechista Alberto Lacalle en 2009.

Gestión, logros y grandes avances para Uruguay

Durante su presidencia donó casi el 90 por ciento de su sueldo. Mantuvo su Volkswagen fusco, de color celeste, y una casa en Rincón del Cerro, un barrio rural de la periferia de Montevideo, donde además mantiene una huerta junto a su mujer desde 2005, Lucía Topolansky, quien luego fue vicepresidenta de Uruguay.

Su rol como líder en América latina creció luego de la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, ocurrida el 5 de marzo de 2013.

Gracias a su modo de vida simple, alejado del confort y la excentricidad, Mújica abrió un debate sobre el futuro de la izquierda latinoamericana e intervino en el proceso de paz en Colombia al reunirse, en Cuba, con guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC).

Fiel a sus ideales, recibió en Uruguay a madres con niños huérfanos de la guerra en Siria y aceptó un pedido del expresidente estadounidense Barack Obama para que llegaran a ese país seis presos de la cárcel de Guantánamo, propuesta de la que luego se arrepintió.

También le pidió a Estados Unidos que levantara el embargo económico a Cuba, causando el disgusto de la izquierda uruguaya cuando visitó a Obama en el Salón Oval de la Casa Blanca.

En 2012, el exguerrillero tupamaro despenalizó el aborto y en agosto de 2013 entró en vigor en Uruguay la ley de matrimonio igualitario. También impulsó la legalización de la marihuana en Uruguay, lo que convirtió a ese país en pionero de la industrialización de esa planta.

Entre sus fracasos, el exmandatario reconoció que no pudo dejar un sistema de educación pública eficiente, para que igualara las oportunidades de los pobres con aquellos de mejor condición social.

En 2015 le devolvió la banda presidencial a quién había sido también su antecesor, Tabaré Vázquez, y volvió al Senado, donde ya había estado entre 2000 y 2005.

Pese a la derrota del Frente Amplio a nivel nacional en las elecciones del año pasado y la llegada de Luis Lacalle Pou a la Presidencia, Mujica ratificó su banca que hoy deja, en una decisión acelerada por la pandemia, debido a su edad y por padecer una enfermedad autoinmune.