Transición y desarrollo en Argentina

Luego de la derrota electoral del gobierno en las elecciones parlamentarias en la Argentina comenzó a hablarse de la transición. Según los autores, en el caso argentino actual existen dos posibles trayectorias principales: una significa el retorno al ciclo neoliberal, con la transición desde la economía mixta semidesarrollada hacia el capitalismo neoliberal subdesarrollado; y el otro el avance desde la economía mixta semidesarrollada hacia la economía mixta desarrollada. En un caso se repetiría el ciclo que culminó en la crisis del 2001, y en el otro continuaría el avance en la trayectoria comenzada en 2003.

Transición y desarrollo en Argentina

 

Eric Calcagno y Alfredo Eric Calcagno – Miradas al Sur (Argentina)

En los últimos tiempos se ha hablado mucho de transiciones políticas, sobre todo referidas al gobierno nacional y a las elecciones de 2015; pero no se ha aclarado en qué consisten ni hacia adónde se encaminan. Según el diccionario de la Real Academia Española, transición es “la acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”. Para juzgarlas debe saberse de dónde se parte y adónde se quiere llegar.

El tema es trascendente y conduce a valorar, entre otros factores, al modo del desarrollo histórico que encuadran las transiciones; entre las formas posibles figuran la lineal y la cíclica. Las doctrinas “lineales” conciben a la historia como un desarrollo continuo, a través de etapas. Las doctrinas históricas “cíclicas” sostienen que las etapas se repiten por razones sociales y culturales.

Estilos de desarrollo 

Para entender la situación, es útil recurrir a los estilos de desarrollo como categoría de análisis. Se definen como procesos de crecimiento y de cambio, que expresan la aspiración por una sociedad mejor (Marshall Wolfe, El desarrollo esquivo). Así se incorporan al análisis de la realidad, elementos de poder político y económico, y factores sociales, tecnológicos, sectoriales y regionales, que configuran el tipo de sociedad a la que se quiere llegar. Se supera en mucho el mero análisis económico.
El estilo de desarrollo es entonces la opción política, social y económica adoptada dentro de un sistema y estructura determinados. En el ámbito económico, se lo define como “la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales, con el objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios” (Aníbal Pinto, Revista de la CEPAL n° 1, primer semestre de 1976).
Como hipótesis, pueden considerarse tres sistemas (capitalismo liberal, economía mixta y socialismo) y tres estructuras (desarrollo, semidesarrollo y subdesarrollo). Resultan así nueve casilleros, con límites borrosos y con gradaciones, aun dentro de un mismo casillero. Dentro de estas zonas y moviéndose entre ellas, a veces siguiendo trayectorias laberínticas, se ubican los estilos de desarrollo. Como son procesos dinámicos, los países pasan de un casillero a otro, y en cada caso se produce una transición. Veamos entonces cuáles son las transiciones posibles en la actual situación argentina.

Las transiciones 

El gráfico diseña un mapa en el que se ubican los estilos de desarrollo: se localizan dentro de los casilleros 1 a 9 y, según sean las circunstancias, pueden quedar anclados en un casillero o desplazarse de uno a otro.
Por supuesto, existe una pluralidad de soluciones viables, pero en el caso argentino actual existen dos posibles trayectorias principales: una significa el retorno al ciclo neoliberal, con la transición desde la economía mixta semidesarrollada (casillero 5) hacia el capitalismo neoliberal subdesarrollado (casillero 3); y el otro el avance desde la economía mixta semidesarrollada (casillero 5) hacia la economía mixta desarrollada (casillero 4). En un caso se repetiría el ciclo que culminó en la crisis del 2001, y en el otro continuaría el avance en la trayectoria comenzada en 2003.
El grafico muestra que la disyuntiva es tajante y no admite matices. Se marcha en un caso hacia el neoliberalismo subdesarrollado (o en el mejor de los casos semidesarrollado); y en el otro, hacia una economía mixta desarrollada. Las trayectorias son absolutamente divergentes. Con la primera se llega al neoliberalismo de 2001 y con la segunda al Estado de bienestar comenzado en 2003. Otra vez se enfrentan la década pérdida (1991-2002) con la década ganada (2003-2013).
En el análisis de las transiciones debe responderse a la pregunta de en qué medida y bajo qué circunstancias se produce la circulación entre sistemas y estructuras. Los estilos de desarrollo pueden representar un proyecto nacional; o simplemente reflejar la inercia, o satisfacer nuevas presiones internas; o someterse a imposiciones externas. En definitiva, a las decisiones que determinan las transiciones, las adoptan las fuerzas que ejercen el poder institucional y de hecho.
Las transiciones no se producen por generación espontánea. El anclaje en una estructura o sistema, o su evolución o involución, depende ante todo de las relaciones de fuerzas que se establezcan en el plano político. Deben cumplirse además importantes requisitos, entre los que sobresalen la base humana y cultural, la escala de valores aceptada, la dotación de recursos, la educación y la tecnología. También actúa el azar como factor de aceleración o retardo: si el ballotage de 2003 hubiera sido entre Menem y López Murphy (como estuvo a punto de suceder), tal vez se hubiera perdido otra década.

Lo fundamental y lo accesorio 

Uno de los mayores vicios de la política de la oposición consiste en confundir lo fundamental con lo accesorio y en ocuparse de lo formal mientras se ignora lo sustancial. Por eso magnifican lo intrascendente y el cortísimo plazo y no se ocupan de lo importante ni del mediano y largo plazo.
Sobre esas bases se generan dos modelos de país muy diferentes. En el neoliberal, el predominio del establishment, con la globalización y el funcionamiento estricto de las reglas del mercado, genera un país próspero para los privilegiados, con grandes desigualdades en la distribución de la riqueza, el ingreso, la palabra y el conocimiento; es un modelo de exclusión. Aspiran a repetir el ciclo neoliberal. Además, si se examina quiénes son sus verdaderos líderes, se advierte la justeza de la definición geológica de “terreno de transición” como “el terreno sedimentario donde se han hallado fósiles primitivos” (Diccionario de la Real Academia Española). Suena paradójica la renovación de los fósiles.
A su vez, en el modelo de desarrollo con justicia social, se establecen como orientaciones básicas el pleno empleo, la reindustrialización, la integración nacional (social, física, regional), la mejor distribución del ingreso, la palabra y el conocimiento, y la integración sudamericana. Nuestra transición es hacia la profundización del modelo de desarrollo con inclusión social aplicado desde 2003; en la próxima etapa significará un importante avance hacia la vigencia plena del Estado de bienestar.
Cada uno de los caminos que se bifurcan generarían diferentes estructuras de país, con beneficiarios y perjudicados muy diferentes. Ahora, lo importante es no confundirse; y para muchos, no obrar en contra de sus propios intereses: la mayoría de las conquistas logradas pueden ser duraderas si se trabajan, mejoran y militan día a día. No hay fatalidad en el destino de las sociedades, si prima la política por sobre la economía, el interés general por sobre los intereses particulares, la construcción del Proyecto Nacional por sobre los numerosos condicionamientos corporativos.

 

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