Tragedia minera: más de 60 muertos y persiste el riesgo de una segunda avalancha

La rotura de un dique minero en la localidad de Brumadinho, en el sudeste de Brasil, dejó hasta el momento 60 muertos y 292 desaparecidos, según actualizaron las autoridades al finalizar la cuarta jornada de búsqueda de sobrevivientes. La avalancha dejó a 192 personas bajo el lodo que lograron ser rescatadas con vida. «Corrimos hacia arriba y vimos que todo se iba. Perdimos todo», contó Lauriane Oliveira da Souza, vecina del barrio que sobrevivió a la tragedia. «Me arrodillé, comencé a llorar y agradecí porque mi familia está viva», dijo.

La catástrofe comenzó el viernes cuando un dique de la gigante brasileña Vale cedió a las 13:00  liberando una avalancha de lodo y residuos de minería que tapió parte de la localidad y estructuras del complejo habitacional de Brumadinho, ciudad de 39.000 habitantes ubicada a 60 kilómetros de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais.

Las búsquedas, interrumpidas brevemente durante la noche, fueron retomadas esta mañana con el apoyo de un contingente de 136 efectivos provenientes de Israel. La prioridad «es buscar a los sobrevivientes y víctimas», dijo este lunes el gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema.

Aunque con el pasar del tiempo se reducen las posibilidades de encontrar sobrevivientes en el mar de lodo que comienza a asentarse, el portavoz de Defensa Civil, teniente coronel Flávio Godinho, dijo que «aún hay chances de hallar personas con vida».

El colapso del dique de la minera Vale generó ríos de aguas marrones con residuos de minería con mucha corriente que arrasaron con casas y autos. La pequeña localidad quedó bajo el agua en segundos.

Ayer, la empresa accionó una alarma en la madrugada advirtiendo el riesgo inminente de una nueva rotura de otro dique en la mina Córrego do Feijao, centro de la catástrofe. La amenaza interrumpió las tareas de rescate por unas diez horas y varias comunidades debieron ser evacuadas.

El lodo se apoderó de la región, y los bomberos trabajan en condiciones difíciles, de profundidades de hasta 15 metros de barro y arenas movedizas, realizando excavaciones en busca de sobrevivientes o víctimas. «Considerando el tipo de tragedia y las proporciones, existe la posibilidad de que algunos cuerpos no sean recuperados», dijo el domingo el teniente Pedro Aihara, portavoz de los bomberos.

«La gente tiene miedo de que la sirena vuelva a sonar, volver a sus casas y no saber qué hacer» si ocurre otra catástrofe, dijo el médico Maicon Nunes.

La desesperación continúa. Decenas de personas desconocen el paradero de familiares y amigos, y apenas un tercio de los cuerpos rescatados fueron reconocidos hasta ahora. Muchos lograron sobrevivir a la avalancha pero siguen afectados por la magnitud de la tragedia.  

«Corrimos hacia arriba y vimos que todo se iba. Perdimos todo», contó Lauriane Oliveira da Souza, una residente en Brumadinho. «Me arrodillé, comencé a llorar y agradecí porque mi familia está viva», dijo.

La catástrofe ocurre a tres años y dos meses de otra tragedia minera en Mariana, a 125 km de Brumadinho. Vale era también una de las propietarias del dique que se rompió en ese municipio en noviembre de 2015, dejando 19 muertos y ocasionando el peor desastre ecológico de la historia de Brasil.