Mercosur-UE: Alternativas al TLC

Latinoamérica 

Algunos países del Mercosur expresaron su voluntad de buscar nuevos horizontes en materia económica, sobre todo en Europa. La nocividad de este tipo de proyectos en Colombia y México es ejemplificadora. De la voluntad conjunta regional depende que se generen alternativas a los Tratados de Libre Comercio que forjen nuevos destinos con la protección de los pueblos como bandera. 

Presidentes del Mercosur en la Cumbre número 39- Foto: archivo

Agustín Lewit- Telesur (Venezuela) 

Que el Mercosur no pasa por su mejor momento no es novedad para nadie. A las turbulencias económicas que aquejan a algunos de sus miembros –especialmente Brasil y Venezuela- se agregan el cansancio manifiesto de sus socios menores –Uruguay y, en menor medida, Paraguay- y sus consecuentes deseos de buscar nuevos horizontes. A ello se suma, además, las discrepancias respecto a cuestiones centrales, entre las que sobresale el postergado acuerdo económico con la Unión Europea.

Aunque en principio, y pese a las especulaciones, los cuatro países suramericanos –Venezuela no participa de las negociaciones- llegaron, en el marco de la reciente Cumbre Celac-UE, a un acuerdo en común con delegados europeos para presentar propuestas formales sobre el acuerdo económico en el último trimestre del año, las semanas previas dejaron aflorar algunas diferencias importantes -arrastradas, en realidad, desde hace tiempo- entre los socios mercosureños sobre dicho tema.

Uruguay, por caso, es quien con mayor decisión en el último tiempo ha planteado la necesidad de que el Mercosur flexibilice sus normas y permita, o bien habilitar la posibilidad de firmar acuerdos por fuera del bloque, o bien implementar mecanismos dentro del mismo para que los miembros puedan negociar a distintas velocidades, en los casos en que no haya consenso. El ministro de Economía charrúa, Danilo Astori, y el canciller Nin Novoa son quienes más fuertemente se pusieron al frente de dichas demandas, sin escatimar críticas más generales al bloque suramericano, lo que terminó por dejar en claro que hoy por hoy -para Uruguay- el mismo es más un obstáculo que un espacio de contención. Tal postura se reafirma, además, al contemplar los coqueteos de Uruguay por incoporarse a la Alianza del Pacífico, como así también por las negociaciones para suscribir al tratado de libre comercio de servicios (TISA, por sus siglas en inglés) que promueve EEUU.

” La pregunta de fondo es: ¿Hay alternativas a un TLC con Europa? Sí, pero hay que generarlas. Y dichas alternativas dependen, antes que nada, de la voluntad conjunta de los países de la región para avanzar en la integración económica y forjar nuevos destinos que rompan con lógicas centenarias de desigualdad. Algo que hoy parece difícil pero que en absoluto es imposible “

Por su parte, las urgencias económicas por las que atraviesa Brasil empujaron a Dilma a plegarse al apuro uruguayo. En un reciente encuentro en Brasilia -en un gesto que no puede leerse sino como un mensaje a la Argentina-, ambos mandatarios coincidieron en que el acuerdo con Europa es la prioridad máxima del bloque. Con una lógica eminentemente pragmática, la mandataria brasileña se esperanza con que el acuerdo con el Viejo Continente traiga un poco de aire a una economía que ha entrado recientemente en recesión. De todas maneras, para la tranquilidad de algunos y la desazón de otros, Dilma aseguró que el Mercosur seguirá negociando con la UE de bloque a bloque. No sólo los uruguayos habrán refunfuñado por ello: la propia canciller alemán Ángela Merkel ya había dado el aval para que las negociaciones se hicieran “a dos velocidades”. Y es que, aun padeciendo los coletazos de la crisis económica de 2008, la UE es la parte más interesada por que el acuerdo con el bloque suramericano se concrete.

De diferentes formas y en distintos momentos, Argentina es quien más reticente se ha mostrado al avance del acuerdo. La presidenta Cristina Fernández, así como varios de sus ministros, han advertido más de una vez sobre los peligros y el retroceso que supondría para la región adherir a un acuerdo de libre comercio con potencias económicas sin ningún tipo de salvaguardas, máxime cuando las mismas son conocidas por implementar prácticas deshonestas como otorgar subsidios a sus productores o imponer medidas paraarancelarias.

La postura de argentina es compartida tanto por Venezuela como por Bolivia, país éste que se encuentra en proceso de incorporación formal al Mercosur, y cuyo presidente -Evo Morales- advirtió hace unas semanas que la firma del TLC con Europa supondría una suspensión inmediata de dicho proceso.

Más allá de volver notorias las diferencias al interior del vecindario, que terminarán definiendo -ya sea que se agudicen o se resuelvan hacia adentro- el propio futuro del Mercosur, las negociaciones con Europa han permitido que asome de manera muy gráfica una de las tensiones principales que atravesó las últimas décadas latinoamericanas.

” Por si fuera poco, casos como los de Colombia o México asoman como la prueba viva de los efectos nocivos que supone -para los campesinos, los trabajadores en general y el propio rumbo macroeconómico- liberar el comercio con los países centrales “

En efecto, si durante los noventa se instaló con abrumadora fuerza en la región la idea de que la única alternativa para no caernos del mundo y quedar afuera de la globalización era suscribir cuanto tratado de libre comercio se cruce por el camino, la última década demostró -sobre todo a la luz de las dolorosas crisis neoliberales- la importancia de que el Estado regule e intervenga en el mercado con diferentes instrumentos proteccionistas. No sólo eso: los últimos años también fueron testigos de la emergencia de un mundo multipolar que abre novedosas posibilidades para tender vínculos menos asimétricos y más diversificados con los distintos actores emergentes. Por si fuera poco, casos como los de Colombia o México asoman como la prueba viva de los efectos nocivos que supone -para los campesinos, los trabajadores en general y el propio rumbo macroeconómico- liberar el comercio con los países centrales.

La pregunta de fondo es: ¿Hay alternativas a un TLC con Europa? Sí, pero hay que generarlas. Y dichas alternativas dependen, antes que nada, de la voluntad conjunta de los países de la región para avanzar en la integración económica y forjar nuevos destinos que rompan con lógicas centenarias de desigualdad. Algo que hoy parece difícil pero que en absoluto es imposible.

 

José Steinsgler- La Jornada (México) 

Frente a las ofensivas desestabilizadoras que en América del Sur admiran el modelo mexicano de ingobernabilidad programada, habrá que advertir, una vez más, que sus mecanismos buscan recomponer la integración dependiente, contraponiéndola a la integración liberadora (Vivian Trías, 1922-80).

Cuidarnos, por consiguiente, de las gastadas oquedades yermas de ideas. Así como de la miopía ideológica para distinguir, a diestra y siniestra, los abajo y arriba de los proyectos emancipadores. Para ello, conviene retomar la declarada (y poco ejercida) necesidad de ponderar los objetivos de la Patria Grande cuando, efectivamente, era grande.

O lo que es igual, cuando en el norte y el sur sus heraldos circulaban con ideas claras, hasta ser devorados por los chovinismos de aldea que adulteraron las premisas de la liberación nacional y social de nuestros pueblos (1810-1830). En Mesoamérica, hay ejemplos ampliamente estudiados. Y en América del Sur, fuera de Bolívar y San Martín, el menos conocido de José Gervasio Artigas (1764-1850).

” Frente a las ofensivas desestabilizadoras que en América del Sur admiran el modelo mexicano de ingobernabilidad pr
ogramada, habrá que advertir, una vez más, que sus mecanismos buscan recomponer la integración dependiente, contraponiéndola a la integración liberadora (Vivian Trías, 1922-80). Cuidarnos, por consiguiente, de las gastadas oquedades yermas de ideas ” 

En 1830, poco antes de morir, Bolívar manifestó al enterarse de la disolución de la Gran Colombia: He arado en el mar, he sembrado vientos. Luego, sus viejos aliados cambiaron de bando, embistiendo contra su amada Manuelita, coronela del Ejército Libertador a quien trataron de extranjera. A lo que la quiteña respondió: Soy de la patria americana, nací en la línea ecuatorial.

Pesadumbre similar a la que en Chile embargó a San Martín, cuando el gobierno de Buenos Aires le ordenó desistir de la campaña de Perú y retornar para luchar contra la anarquía en la provincia oriental. Orden que el Libertador desobedeció, diciendo que su espada no sería desenvainada “…para mancharla con sangre de argentinos”. O sea, contra la Liga Federal de Artigas (1815).

Abandonado a su suerte, San Martín murió en el exilio y la pobreza (Francia, 1850). Mientras Artigas, fallecido en el mismo año tras vivir exiliado tres decenios en Paraguay, fue sepultado como extranjero en una fosa común del país guaraní. Así consta en el acta de defunción, abonando con sus huesos los vastos territorios del Plata que sus gauchos liberaron en luchas sin cuartel.

¿Conviene hablar de la verdadera patria de Artigas? Pues lo que habitualmente sigue tiende a convertir en pie de página el trillado debate sobre la patria de Carlos Gardel, quien, como todo mundo sabe, nació en el día que me quieras. O la del propio San Martín, u Horacio Quiroga, paridos ambos en orillas opuestas del Uruguay, arteria fluvial que marca las fronteras de Brasil y Uruguay, con Argentina.

En junio de 2013, con motivo del bicentenario de Paraná (capital de la provincia argentina de Entre Ríos), la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo al ver la bandera provincial: “Esta bandera… cruzada por esa franja roja, es el símbolo de Artigas vivo en la tierra”.

En efecto, la bandera entrerriana es réplica exacta de la enarbolada por la Liga Federal de los Pueblos Libres, confederación de provincias del Plata lideradas por Artigas para luchar contra España, el imperio esclavista de Portugal en Brasil, y el gobierno de Buenos Aires. Poderes, todos, manipulados por las intrigas geopolíticas de Londres en el río de la Plata.

” ¿Qué planteaba la Liga Federal, a más de declarar la independencia de todo poder extranjero, y promulgar la primera reforma agraria de América Latina? Ni más ni menos lo que el Mercosur planteó en 1991: una política de intercambio comercial, protegiendo el desarrollo interno de los pueblos. Y un arancel común para fortalecer la conformación de un ‘…mercado común regional con el fin de terminar con la pobreza de los pueblos’ “

¿Qué planteaba la Liga Federal, a más de declarar la independencia de todo poder extranjero, y promulgar la primera reforma agraria de América Latina? Ni más ni menos lo que el Mercosur planteó en 1991: una política de intercambio comercial, protegiendo el desarrollo interno de los pueblos. Y un arancel común para fortalecer la conformación de un “…mercado común regional con el fin de terminar con la pobreza de los pueblos”.

En suma, la Liga Federal trató de resolver la disputa de los proyectos políticos debatidos en mayo de 1810: el de las oligarquías unitarias, y del federalismo popular.

En Paraná, Cristina puso el dedo en la llaga. Y las derechas uruguayas enloquecieron tras haber dicho también que Artigas “…siempre quiso ser argentino, y no lo dejaron”. Basta apuntar que uno, entre los muchos artículos publicados, habló del virreinato de Cristina.

La respuesta fue contundente: por decreto presidencial, el gobierno argentino declaró 2015 Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres.

Adenda: en febrero de 1923, a 73 años de la muerte de Artigas, Uruguay erigió un gran monumento al prócer. Pero en el pedestal de la estatua ecuestre, ubicada en la céntrica plaza Independencia de Montevideo, sólo hay siete letras, Artigas, sin más leyenda que vincule su nombre al de la plaza.

Un modo de consensuar, seguramente, los fuertes debates políticos que durante muchos años precedieron a la consagración oficial. Porque en el año de la independencia de Uruguay (1828), Artigas manifestó: Mi nación ya no tiene a mi provincia, y yo ya no tengo patria.

¿Cuál será, entonces, la patria verdadera del neoliberal Danilo Astori, ex vicepresidente de Uruguay y actual titular de Economía del gobierno progresista de Tabaré Vásquez? ¿Y qué insinuó, en marzo pasado, al decir que “la región (leáse, el Mercosur) necesitaba de un ‘sinceramiento interno’”?

 

 

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