Lecciones positivas del terremoto

Chile

En medio de la tragedia que produjo el sexto terremoto más grande de la historia, el país y las autoridades deben sentirse orgullosos porque demostraron alta capacidad de reacción de las instituciones a diferencia de otras situaciones previas. El numero de víctimas fatales es reducido y las pérdidas materiales también porque se actuó con previsión y rapidez.

Foto:EFE

Editorial- La Tercera (Chile)

Los datos son elocuentes: un terremoto de magnitud 8,4 grados en la escala de Richter, el sexto más grande de la historia nacional, seguido de un maremoto con consecuencias especialmente severas en la IV Región del país, fuertes daños para la industria pesquera artesanal y turística de la zona, un millón de personas evacuadas tras las primeras horas del sismo, más de 600 damnificados y el lamentable fallecimiento de al menos nueve personas.

En definitiva, el país ha experimentado, una vez más, los duros efectos de un desastre natural estrechamente vinculado con nuestra condición geográfica. Pero la primera y más positiva lección que salta a la vista tras este terremoto nos indica que tanto la población como sus instituciones organizadas, han mejorado de manera ostensible su capacidad de reacción, aprendiendo de situaciones anteriores y evitado, gracias a ello, una tragedia mayor.

Cabe destacar, en este sentido, el ordenado proceso de evacuación ante riesgo de maremoto hacia zonas de seguridad que emprendieron miles de personas ubicadas en áreas de inundación a lo largo del país, tanto por iniciativa propia como por el aviso de autoridades, organizaciones de emergencia e, incluso, de alarmas enviadas por medio de telefonía móvil. Quedó en evidencia, no obstante, que en algunas localidades los sistemas aún son deficientes o inexistentes, lo cual debe ser catastrado y abordado por las entidades responsables como intendencias y Oficina Nacional de Emergencia.

” En definitiva, el país ha experimentado, una vez más, los duros efectos de un desastre natural estrechamente vinculado con nuestra condición geográfica. Pero la primera y más positiva lección que salta a la vista tras este terremoto nos indica que tanto la población como sus instituciones organizadas, han mejorado de manera ostensible su capacidad de reacción, aprendiendo de situaciones anteriores y evitado, gracias a ello, una tragedia mayor “

El hecho de que este llamado a evacuar, así como el resto de las medidas inmediatas que contemplaron diversas organizaciones de emergencia, haya sido conocido por la población antes de que mediara cualquier comunicación pública por parte de las autoridades políticas de gobierno, constituye una evidente demostración de que estas decisiones corresponden ser tomadas de forma urgente por los organismos competentes, en base exclusivamente a sus consideraciones y análisis técnicos. Resulta gratificante, en este sentido, conocer la positiva evaluación que efectúan organismos y medios de comunicación del exterior respecto a la capacidad de reacción del aparato estatal chileno.

Se trata, en definitiva, de una nueva demostración de que Chile cuenta efectivamente con una institucionalidad capaz de responder y, asimismo, de aprender de sus experiencias anteriores y que, al igual que en otras materias, como la educación o la legislación laboral, está muy lejos de requerir iniciativas refundacionales como algunos sectores insisten en propugnar.

Los daños materiales del terremoto y posterior maremoto se encuentran aún en etapa de evaluación, pero en lo inmediato no aparecen impactos de magnitud en obras de infraestructura. No ocurre lo mismo con las consecuencias del desastre para empresas y trabajadores de menor tamaño de los rubros pesquero y turístico de las zonas afectadas, los que sufrirán de manera especial considerando que se disponían a operar en uno de los fines de semana más activos del año para sus respectivos negocios. Ellos requerirán el apoyo del sector público, en especial considerando que algunos recién venían recuperándose de los efectos en su actividad productiva que provocaron los temporales y marejadas.

 

Ramón Valente- Blog Tercera (Chile) 

Un terremoto es siempre trágico, especialmente para quienes pierden seres queridos y para quienes sufren con los graves daños materiales que provoca este tipo de eventos de la naturaleza. Pero en medio de esta desgracia los chilenos podemos sacar algunas lecciones positivas.

El terremoto del miércoles pasado fue uno de los más fuertes de la historia. Para ser más preciso, con sus 8,4 grados Richter se inscribe en el lugar numero 23 desde que se llevan los registros. En la mayoría de los países del mundo un terremoto de esta magnitud habría causado cientos de muertos e incalculables daños materiales. Pero en Chile no fue así. El numero de víctimas fatales es reducido y las pérdidas materiales también. Recordará usted que hace tan sólo unos poco meses se produjo en Nepal un terremoto grado 7,8 en la escala Richter, que dejó un saldo de más de nueve mil muertos y la ciudad reducida a escombros. 

” La naturaleza puede ser muy cruel y violenta contra nuestro país, pero en esta oportunidad, en medio de la tragedia, surge un motivo para que los chilenos estemos contentos y orgullosos del país que tenemos. Es de esperar que este tipo de eventos nos sirva para  unirnos como nación y para trabajar por un futuro mejor para todos quienes habitamos esta loca geografía “

Las cosas siempre se pueden hacer mejor, pero debemos estar orgullosos de que en nuestro país se cumplan los estándares de construcción de casas, carreteras y puentes, y que los chilenos tengamos una cultura cívica envidiable cuando se trata de cómo reaccionar ante un terremoto. Pero no sólo eso: el terremoto del 16-S nos demuestra que podemos aprender de nuestros errores y usar la experiencia para mejorar. A partir de los gruesos errores en los protocolos detectados en el terremoto de febrero del 2010, el gobierno pasado dedicó importantes recursos para mejorar la efectividad de instituciones como la Onemi y para dotar a nuestro borde costero de un sistema de señales y alertas que evitaran que se repitieran los errores y los tristes resultados del 27-F. Durante la noche del miércoles pasado dichos esfuerzos rindieron sus frutos. Las alarmas de tsunami sonaron, la gente fue evacuada a lugares altos y seguros, y la comunicación de las autoridades de gobierno fue sustancialmente mejor y más coordinada que hace cinco años atrás. Especial mención merecen las empresas de comunicaciones y las de transmisión y distribución eléctrica. A pesar del brutal aumento de tráfico que se produjo durante las horas posteriores al terremoto, las comunicaciones nunca se interrumpieron. Las inversiones realizadas por estas empresas y los nuevos protocolos establecidos permitieron que los chilenos se mantuvieran comunicados a través de las redes de datos en todo momento. Lo mismo corre para las empresas eléctricas. El suministro eléctrico, excepto contadas excepciones, permaneció estable en la mayor parte de nuestro territorio.

La naturaleza puede ser muy cruel y violenta contra nuestro país, pero en esta oportunidad, en medio de la tragedia, surge un motivo para que los chilenos estemos contentos y orgullosos del país que tenemos. Es de esperar que este tipo de eventos nos sirva para unirnos como nación y para trabajar por un futuro mejor para todos quienes habitamos esta loca geografía.

 

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