Devastación, unidad y solidaridad

Ecuador
Especial

Las banderas políticas se guardan y el país entero se une por una de las peores tragedias ocurridas en las últimas décadas. Esta marca de dolor y luto es una nueva prueba de fuego. Es tiempo de la reconstrucción, de levantarse de entre los escombros. Los editoriales de los principales diarios se hacen eco de la feroz catástrofe que acabó con la vida de más de 250 personas.

Editorial- La Hora (Ecuador)

Los análisis políticos quedan para después, en estos días de luto nacional el país debe estar más unido que nunca. La fuerza de la naturaleza nos demostró su poder, pero el país, a su vez, le enseñó al mundo el tamaño de su corazón.

A más de la profunda tristeza que provoca la tragedia, la reacción solidaria de los ecuatorianos conmovió hasta los huesos. El país demostró que las divisiones que a diario parecen ser insuperables no existen en el fondo y cuando es momento de dar la mano, se lo hace sin miramientos, con el corazón pintado de amarillo, azul y rojo.

El terremoto deja pueblos devastados y la cicatriz tomará mucho tiempo en sanar. Tendremos como país que respetar ese luto y poner el hombro.

Ahora es tiempo de la reconstrucción, de levantarnos de entre los escombros con la frente en alto y demostrar de qué estamos hechos. Los ecuatorianos somos de roble, superaremos el dolor en su debido tiempo y levantaremos nuestras ciudades una vez más pero, sobre todo, levantaremos nuestro orgullo y fortaleceremos nuestra unidad.

Editorial- El Telégrafo (Ecuador)

El balance indica que es una de las peores tragedias ocurridas en las últimas décadas. El terremoto del sábado fue más fuerte que el de Ambato en 1949, el de 1987 que afectó a la zona nororiental del país y el de Bahía de Caráquez de 1998. Cada una con sus propias estadísticas de víctimas y daños materiales, pero todas ellas con un impacto concreto en un tiempo puntual. Lo de este sábado en Pedernales y en la provincia de Manabí todavía no está cuantificado, pero en esta hora lo más importante es trabajar en conjunto, con inteligencia, ternura y mucha solidaridad. Arranca la hora de la reconstrucción, de la ayuda desinteresada y de la coordinación interinstitucional más planificada. Todos los pueblos y ciudades afectadas se podrán rehabilitar, pero ahora lo fundamental es atender a las víctimas, a las familias que se quedan sin vivienda y a quienes requieran ayuda sicológica. Desterremos los afanes proselitistas y protagonismos políticos fatuos. Es la hora de la mayor unidad y solidaridad, entereza y sabiduría. Vamos a trabajar todos para superar este momento y en beneficio del bienestar común.

Editorial- El Universo

El reciente terremoto ha dejado pérdidas humanas y materiales, que han causado dolor a los ecuatorianos, pero también ha despertado nuestro característico espíritu solidario, que quiere ayudar con maquinaria, alimentos, medicinas y, lo más importante, trabajo personal. Las redes sociales permiten, además, que quieran ofrecer y compartir información. Una reacción así debe llenarnos de orgullo porque la solidaridad es una de las expresiones más altas del espíritu humano. Pero también, para que esa ayuda cumpla su cometido, es necesario que se haga con calma y organización. Es comprensible que el temor invite a difundir las advertencias que alguien nos hizo o la información que alguien nos dio, y que se haga sin asegurarse de su veracidad. En casos como este es muy importante creer y difundir la información oficial y técnica y que todas las ayudas sean canalizadas por los organismos especializados, como la Cruz Roja o los programas organizados por los gobiernos seccionales o nacional, según el caso. También es solidaridad seguir las instrucciones respecto a las posibilidades de movilidad en y hacia las zonas de desastre, para no obstaculizar la llegada de socorro. Por supuesto, es indispensable la difusión que indique cómo canalizar las ayudas.

Editorial- El Comercio

La naturaleza pone otra vez a prueba a los ecuatorianos. El sismo nos mostró vulnerables y trajo devastación y dolor. Pedernales y los pueblos cercanos fueron los más afectados, aunque los mayores centros poblados manabitas, Portoviejo y Manta, también sufrieron severos daños. Seis provincias han sido declaradas en emergencia. El terremoto del sábado desnuda una vez más nuestras vulnerables calidades de construcción y obliga a una reacción nacional para cambiar esta historia. Es necesaria una normativa adecuada, y sobre todo hacerla cumplir. De ese modo, las cuantiosas pérdidas humanas y materiales se pudieran reducir. Los manuales aconsejan reforzar los cuarteles de la Fuerza Pública y de los bomberos, pues sus miembros deben estar a salvo para ayudar a los demás. En orden de prioridades se debe construir con máxima seguridad sismorresistente la infraestructura hospitalaria. Luego se debe poner atención en albergues y zonas seguras. Junto a las afectaciones en las construcciones, el sistema vial recibió el impacto del sismo sobre todo en Manabí, al igual que el sistema eléctrico y las comunicaciones. La reconstrucción será muy costosa y tomará tiempo. Sin embargo, la solidaridad mostrada en los donativos refuerza la esperanza en los valores de nuestro pueblo. Esta marca de dolor y luto es una nueva prueba de fuego. Es la hora de la unidad nacional y la solidaridad generosa y sin mezquindad para salir adelante.

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