Los JJOO del "Fora Temer"

Brasil
Especial

El abucheo que sufrió el presidente interino Michel Temer en la inauguración de las Olimpiadas de Rio confirmó que el títere de la restauración conservadora no tiene legitimidad ni apoyo popular. Este grito del pueblo brasileño marcará todas las competiciones y ceremonias de los JJOO 2016. Un gobierno con una clara tendencia hacia los más poderosos. Dilma, la gran ausente.

Emir Sader-Público (España)

Se veía venir. El mismo presidente golpista Michel Temer había dicho que “estaba preparado para ser abucheado”. Pero no lo estaba. Todos lo estaban excepto él.

Tuvo que vivir durante todo el día las manifestaciones en Copacabana y en otros lugares de Río de Janeiro, grandes expresiones populares de gente llegada de varias partes del país, pero también de extranjeros que se han unido a los brasileños en un unísono “¡Fuera Temer!”.

El mandatario se intentó blindar de todas la maneras posibles de las manifestaciones en la ceremonia de apertura en el estadio Maracaná. Trató, por ejemplo,  de elevar el sonido durante su discurso, en sus apenas diez segundos de intervención en la apertura de los Juegos Olímpicos. También trataron, de manera grotesca, de evitar cualquier mención expresa al presidente, que ya es conocido en Brasil con el sobrenombre de Michel Fora Temer (Michel Fuera Temer).

Un presidente que tuvo que pasar prácticamente en el anonimato toda la ceremonia inaugural, sin ninguna mención en los discursos. Nada. No obstante, bastó que pronunciara sus breves y burocráticas palabras para que el abucheo más grande se abalanzara sobre él.

Ya no bastará que la concentración más grande de medios internacionales que Brasil ha conocido registrara todas las manifestaciones en las calles y – también actos represivos de las fuerzas policiales- diera testigo frente al mundo del rechazo masivo del golpe de Temer.  Un acto maravilloso ofrecido al mundo en forma de espectáculo. Realmente fue bello ver plasmado el resultado de una organización que se ha gestado durante varios años y que ha permitido que millones de espectadores alrededor del mundo, a través de los medios, conozca lo que piensan los brasileños sobre su presidente interino.

El “¡Fuera Temer! será lo más oído en estos JJOO. Si el oso panda marcó con su lágrima los Juegos de Moscú, este grito del pueblo brasileño marcará en todas las competiciones y ceremonias, los JJOO de Río de Janeiro y de Brasil.

” El anonimato de Temer corresponde a su rol de muñeco de un monstruoso proyecto de restauración conservadora vengativa en contra del pueblo, de sus consquistas, de la votación popular, por otro tipo de Gobierno. La no mención de su nombre (…) corresponde exactamente al rol que ejecuta Temer “

El contraste con la votación – 14 votos a 5 – de la Comisión del Senado, el día anterior, para aprobar el impeachment de Dilma Rousseff, no podía ser más elocuente. En las calles, el rechazo de Temer es unánime. Un hecho apoyado por las nuevas encuestas que demuestran que el 79% de los brasileños no quiere que siga como presidente. El pueblo rechaza, por abrumadora mayoría, todas las medidas fundamentales que su Gobierno ha anunciado o ya ha puesto en marcha. El abismo entre el Congreso y el Gobierno golpista que se ha instalado y las manifestaciones masivas del pueblo son hechos constatados por todos los medios del mundo.

El anonimato de Temer corresponde a su rol de muñeco de un monstruoso proyecto de restauración conservadora vengativa en contra del pueblo, de sus consquistas, de la votación popular, por otro tipo de Gobierno. La no mención de su nombre, sea por su deseo o por decisión del Comité Olímpico Internacional, corresponde exactamente al rol que ejecuta Temer.  O cumple los siniestros designios de su Gobierno o será borrado en poco tiempo y apartado de la presidencia, pasando a la historia como el más insignificante y despreciado dirigente –incluso entre los que lo apoyan, que se sienten nerviosos con la intrascendencia del personaje de turno-.

Serán semanas de competición, con manifestaciones festivas en las calles, de “Fora Temer”, de protestas durante las competiciones, de pintadas en todos lados, de gritos y cánticos. Cuando acaben los Juegos, Temer será un hombre todavía más pequeño, de estatura y como político, confirmando que el golpe nace como proyecto radicalmente antipopular y con la conciencia del rechazo de la gran mayoría de los brasileños. Como el Gobierno del 1%.

Contrasta con las grandes manifestaciones de cariño que ha recibido Dilma por todo el país, así como Lula, que ha reiniciado su actividad con viajes por todo el país que resucitan para las élites dominantes el fantasma del más gran líder popular de la historia brasileña, que reafirma que volverá a ser candidato a la presidencia del país y que no le asustan las amenazas sin fundamento que a diario recibe de los medios y en los tribunales. Las encuestas reafirman su papel de favorito. Apenas han comenzado los JJOO del Fora Temer, que se populariza por todo el mundo. La imagen de los JJOO tendrá ese eco y esa expresión política bellísima de la voluntad democrática del pueblo brasileño.

Fernando de la Cuadra- Alai (Ecuador)

La pifia monumental que sufrió el presidente interino Miche Temer en la inauguración de las Olimpiadas de Rio no dejó lugar a dudas sobre la enorme impopularidad que carga él y su gobierno. Y tampoco restan dudas sobre el hecho de que los actuales Juegos Olímpicos se encuentran marcados por contradicciones, fisuras y sentimientos disonantes. Por una parte, existe toda la enorme parafernalia publicitaria que inunda los diversos medios de comunicación y los espacios públicos. En ellos se insiste sobre la unidad de un país y de una humanidad en torno al deporte, la paz, el amor, la unidad y la fraternidad.

Por otro lado, se observa que el control de los ciudadanos es cada vez más pronunciado y existe una cierta modalidad de Estado vigilante que se impone imperturbablemente en la vida cotidiana de las personas. Tampoco la economía se ha recuperado como fue la promesa de inicio de gobierno. Los índices de desempleo continúan elevados, la violencia urbana se ha incrementado y el poder adquisitivo de las personas ha disminuido. Entonces, el clima es un poco esquizofrénico, mucha falsa alegría y espíritu olímpico en el marco de un gobierno que muestra sus garras ante cualquier indicio de disidencia y protesta.

Brasil es un país dividido entre quienes apoyan al gobierno y piensan que constituye efectivamente la única salida para resolver la crisis política y estabilizar la economía y quienes, por el contrario, sostienen que este es un gobierno golpista que no posee ninguna legitimidad y credibilidad ante los ciudadanos. El hecho de que el impeachment solo sea decidido a fines de mes, le imprime mayor tensión al momento político y social que viven los brasileños y que las Olimpiadas no consiguen ocultar o amenizar.

Y es que desde que el país fue elegido como sede de las Olimpiadas en el año 2009 cambiaron muchísimas cosas. El año 2009 la economía de Brasil parecía “viento en popa”, el país crecía moderadamente, pero existían enormes expectativas de que seguiría haciéndolo, con un mercado en franco desarrollo. Los indicadores positivos en gran medida eran impulsados por el poder de compra de sectores que hasta ese entonces estaban excluidos, especialmente en lo que se refiere a la ampliación de la canasta alimenticia accesible a los pobres a través de los programas de transferencia directa de renta y por el consumo de electrodomésticos sustentado en la formidable expansión del crédito subsidiado. Con la economía creciendo y los ciudadanos transformados en felices consumidores, el gobierno del PT (segundo gobierno Lula) no
era contestado y podía contar con el apoyo de prácticamente toda la clase política, consiguiendo administrar el país casi sin oposición o con una oposición muy débil, que por mero interés táctico o por fisiologismo puro y crudo, actuó de manera pasiva frente a los conflictos que fueron apareciendo. Crecimiento económico, estabilidad política, emergencia de una nueva clase media, superación de la pobreza, eran palabras llaves de ese periodo.

” El presidente interino Temer no tiene legitimidad ni apoyo popular. Lo que quedó en evidencia en la inauguración de las Olimpiadas es el rechazo mayoritario a un gobierno que en pocos meses de mandato ha mostrado una clara tendencia hacia la austeridad con políticas que estimulan las actividades de la banca y de las grandes corporaciones “

La suma de todos esos aspectos influyó en aquello que quizás sea lo más relevante de ese momento histórico: la subjetividad del brasileño. Todo parecía posible en ese tiempo, obtener un crédito, comprar, viajar en avión, estudiar con beca, emprender un negocio, etc. Brasil parecía la tierra de las oportunidades y la abundancia y la mayoría de las familias se endeudaron mucho más de lo que podían, hasta que llegó la crisis.

Con la recesión económica y la caída del poder adquisitivo comenzaron a aflorar las traiciones políticas y la búsqueda de salidas para evitar la disminución del lucro de las empresas. La corrupción en la estatal del Petróleo y la operación Lava Jato crearon el clima necesario para forjar la inhabilitación de la presidenta Dilma Rousseff bajo una acusación sin ningún fundamento jurídico. Existe un consenso casi unánime (incluso en la base del actual gobierno) de que la destitución de la presidenta representa un juicio político.

El presidente interino Temer no tiene legitimidad ni apoyo popular. Lo que quedó en evidencia en la inauguración de las Olimpiadas es el rechazo mayoritario a un gobierno que en pocos meses de mandato ha mostrado una clara tendencia hacia la austeridad con políticas que estimulan las actividades de la banca y de las grandes corporaciones en desmedro de los sectores más vulnerables del país, con el desmonte de los programas sociales (Bolsa Familia; Minha Casa, Minha Vida; Farmacia Popular), las leyes de tercerización en curso, el proyecto de aumento de la edad para las jubilaciones y la eventual entrega de los recursos del pre sal a las compañías petroleras internacionales. Lo anterior no podría llegar a ser consumado sin el beneplácito de un Congreso conservador dominado por los intereses de grupos empresariales, terratenientes, evangélicos y armamentistas. Frustrando sus pretensiones de pasar a la posteridad como el gobernante que inauguró las Olimpiadas de Rio, a Michel Temer la historia le tiene reservado un lugar entre aquellos que usurparon el poder a través del engaño, la intriga y la traición.

 Paquita Armas Fonseca- Cubadebate (Cuba)

“Imagina que vas a dar una fiesta, trabajas durante varios años para la fiesta, montas las condiciones, colocas la iluminación, llamas a la prensa… Y el día de la fiesta alguien llega, toma tu lugar y se apropia de la fiesta”, dijo al diario español El Mundo Dilma Rousseff y agregó “En esta historia de los Juegos, yo soy la Cenicienta, la invitan a la fiesta pero se tiene que ir antes, vive en las cenizas”

Esta declaración la leí luego de que este viernes disfrutara de la inauguración de la XXXI olimpiada en Río de Janeiro, en un estadio Maracaná remodelado, con un alarde de exposición de la cultura brasileña desde la samba hasta el bosa nova, y lo que faltó en despliegue tecnológico como sucedió en Beijing y Londres se suplió con mucha imaginación y el uso de los colores tan variados y fuertes que encandilaban.

” La aún jefa de estado del gigante sudamericano puede estar orgullosa por ese espectáculo inaugural, del que fue la cenicienta, tuvo un zapato de cristal, el símbolo de que su silla la ocupa un incapaz, cuanto un abucheo gigante recibió las palabras de Michel Temer, la marioneta que la derecha continental ha utilizado para derrotar a la presidenta “

Se que la mano de Dilma estuvo en algunos detalles de esa exquisita inauguración, porque desde que se le dio la sede a Rio, primero Luis Ignacio Lula y luego ella visitaron instalaciones, y realizaron múltiples acciones para que la ciudad carioca deviniera una digna y linda sede de los juegos olímpicos.

Sólo la mente de un jefe de estado progresista podría pensar en una inauguración en la que se hiciera un llamado al planeta a cuidar a gea, a sembrar árboles y amar cada una de sus hojas, por eso habrá una planta por cada atleta en un campo brasileño.

Cada una de esas muestras me hizo pensar en Dilma ¿desde dónde vio la inauguración? ¿cuántas lágrimas derramó?. A punto de ser sacada del poder, acusada sin pruebas de corrupción, la aún jefa de estado del gigante sudamericano, puede estar orgullosa por ese espectáculo inaugural, del que fue la cenicienta, aunque tuvo un zapato de cristal, el símbolo de que su silla la ocupa un incapaz, cuanto un abucheo gigante recibió las palabras de Michel Temer, la marioneta que la derecha continental ha utilizado para derrotar a la presidenta.

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