Un reclamo al unísono: ¡FORA TEMER!

Brasil
Especial

Lo vocifera el pueblo en las calles, en su pedido de elecciones directas. Lo aprueba el establishment y sus ex aliados políticos, que sacrifican al presidente ilegítimo después de haberlo usado para ser el ejecutor del golpe institucional contra Dilma Rousseff. Él pide que el Tribunal Supremo congele toda la investigación en su contra, pero en el medio llueven los pedidos de impeachment. La ofensiva neoliberal ya prepara a sus candidatos para mantener el poder, aunque el nombre que triunfa en las encuestas es uno solo y es del PT: Lula Da Silva.

Patricio Montesinos- Cubadebate (Cuba)

¡Fora Temer!, quizás la frase lusófona más repetida y difundida en Nuestra América a través de las redes sociales, apunta a hacerse realidad más temprano que tarde en Brasil, a juzgar por la agravada crisis política que vive ese país en las últimas horas tras conocerse la implicación de su presidente golpista en otro escándalo de corrupción.

Miles de brasileños se volcaron pacíficamente a las calles desde este jueves para demandar la renuncia inmediata del mandatario de facto, Michel Temer, y exigir la celebración de elecciones directas, luego de hacerse pública una grabación que lo involucra directamente en el soborno del expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, para que este último no revelara detalles de la trama de corrupción de Petrobras.

Pero ese no es el único capitulo corrupto del que el jefe de gobierno del gigante sudamericano es protagonista, lo que ha llenado la copa de sus compatriotas, agobiados además por la imposición de reformas neoliberales, el incremento del desempleo, la pobreza y la represión, y por una crisis económica sin precedentes en el país.

Aunque Temer está aferrado al poder, pues dijo que no abandonará el cargo del cual se apropio por medio de un golpe de Estado parlamentario, el actual panorama de Brasil tiene todos los ingredientes para que se materialice su salida definitiva.

El presidente puede ser sometido a un juicio político y destituido de su responsabilidad, lo que provocaría la convocatoria de nuevos comicios generales.

” Además de corrupto y golpista, el ahora mandatario brasileño representa al neoliberalismo más salvaje que otra vez se ha impuesto en la Patria Grande, junto a su similar argentino, Mauricio Macri. Ambos, por cierto, se han ocupado de fomentar la división en Nuestra América, frustrar la unidad de la región boicoteando las organizaciones integracionistas “

Pero, más que lo anterior, la presión en las calles de las fuerzas políticas de izquierda, los sindicatos y los movimientos sociales deberá ser el detonando del abandono del poder por Temer, quien como bien se conoce usa todas las artimañas posibles para continuar gobernando pese a su escasa popularidad.

Además de corrupto y golpista, el ahora mandatario brasileño representa al neoliberalismo más salvaje que otra vez se ha impuesto en la Patria Grande, junto a su similar argentino, Mauricio Macri.

Ambos, por cierto, se han ocupado de fomentar la división en Nuestra América, frustrar la unidad de la región boicoteando las organizaciones integracionistas existentes, además de alentar situaciones violentas en naciones hermanas como Venezuela.

Sin embargo, parece que esos tiros pueden salirles por la culata porque Temer quizás tenga los días contados, y Macri, dicho sea de paso, debe tomar nota de lo que reza un muy conocido refrán popular: Cuando las barbas de tu vecino veas arder, pon las tuyas en remojo.

Eric Nepomuceno- La Jornada (México)

Al caer la tarde del sábado, Michel Temer, todavía presidente de Brasil gracias al golpe institucional del año pasado, reunió a periodistas en Brasilia para hacer un pronunciamiento a la nación. Nada de preguntas, por supuesto. Temer habló durante casi 11 minutos, poco más del doble del tiempo que utilizó hace unos días. Entre acusaciones contra sus delatores, en concreto sólo informó que pedirá al Supremo Tribunal Federal que suspenda las investigaciones en su contra. Ha sido la única novedad en la crisis que sacude a los cementos de la política brasileña.

El problema central no está exactamente en cómo y cuándo catapultarlo de la presidencia ilegítima que ocupa, sino en determinar qué pasará después. Porque a estas alturas, está más que claro que Michel Temer no dispone de condición alguna para mantenerse en el sillón que usurpó.

Su desolado aislamiento es claramente irreversible. Todavía hay pequeños bolsones de apoyo, como el diario Folha de S.Paulo, que trata por todos los medios de comprobar que hubo manipulación en las grabaciones divulgadas por Joesley Batista, controlador del grupo JBS, mayor exportador mundial de carnes. Del rol fundamental desempeñado por los medios hegemónicos de comunicación, uno de los pilares fundamentales para el triunfo del golpe que lo llevó a la presidencia, sólo restó a Temer ese apoyo. Los demás medios ya desembarcaron de su gobierno.

Otro de esos pilares, los partidos políticos, que con el ojo gordo puesto en cargos y presupuestos participaron del golpe, ya están fracturados. El PSB (Partido Socialista Brasileño, ¡vaya ironía!) anunció que va a salir del gobierno. Y el principal respaldo en ese campo, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y de Aécio Neves, derrotado por Dilma Rousseff y ahora apartado de su escaño de senador por determinación de la corte suprema, oscila entre quedarse o salir de la alianza gubernamental. Luciendo sus artes obscenas de oportunismo, se mantendrá entre estar y no estar hasta el último minuto, acelerando la corrosión de su imagen en la opinión pública.

” El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y de Aécio Neves, derrotado por Dilma Rousseff y ahora apartado de su escaño de senador por determinación de la corte suprema, oscila entre quedarse o salir de la alianza gubernamental. Luciendo sus artes obscenas de oportunismo, se mantendrá entre estar y no estar hasta el último minuto “

Ya el tercer pilar esencial del golpe, esa vaga y etérea, aunque decisiva institución llamada mercado, optó por dejar clara su posición. No importa quien esté, siempre que se mantenga el equipo económico y su programa de aplicar a como dé lugar una receta extrema de neoliberalismo radical. Al fin y al cabo, desde la segunda presidencia de Cardoso (1999-2002) no hubo nada siquiera parecido a una política económica tan devastadora de los intereses nacionales, ni tan generosa con los intereses del capital, como la anunciada por el ahora moribundo gobierno de Michel Temer.

Lo dramático de lo que vive Brasil, entonces, se reduce exactamente a un punto: cómo librarse del ilegítimo gobierno de corruptos (ubicados por todos los lados) y cómo elegir a un substituto que corresponda a los intereses de los poderosos y beneficiados de siempre.

Si el Supremo Tribunal Federal atiende al pedido de Temer y suspende la investigación en curso, terminará de desmoralizarse y puede provocar reacciones imprevisibles en las calles. Si el Tribunal Superior Electoral decide alejar a Temer de la presidencia, se abre un campo minado de discusión, lo mismo que ocurrirá si el Congreso opta por destituirlo, atendiendo a pedidos de los bloques de izquierda: ¿cómo elegir al sucesor?

Acorde a la Constitución, el nuevo presidente sería elegido por los votos de dos tercios de diputados y senadores. Pero, con la legislatura más corrupta, desacreditada, reaccionaria y de peor nivel moral de las últimas tres décadas, ¿con qué fuerza moral los parlamentares podrán imponer al país un nuevo mandatario?

Queda, pues, como única opción, anticipar las eleccione
s previstas para octubre del año que viene. Hay varias propuestas de enmienda constitucional que duermen, desde hace mucho tiempo, en los cajones del congreso. Sería, por obvias razones, la mejor salida, una vez que los sondeos de los últimos días muestran que al menos 93 por ciento de los brasileños exigen elecciones inmediatas para determinar, por el voto popular, a quién le tocará la hercúlea misión de devolver el país a sus rieles.

” Ese, pues, es el gran dilema vivido por mi país: los usurpadores de 54 millones 500 mil votos obtenidos por Dilma Rousseff en 2014 fueron capaces de expulsarla, instalando en su sillón presidencial a una figurita despreciable, ahogada por marejadas de corruptos. Ahora que él está defenestrado, tratan de descubrir cuál muñeco moral instalar en ese sillón, para mantener las riendas de la economía “

Pero también aquí hay un obstáculo que, para los dueños del capital, parece insuperable: son fuertísimos los indicios de que, si son llamados a las urnas, los electores elegirían, por amplia mayoría, al verdadero blanco de todos los pasos del golpe institucional, Luis Inacio Lula da Silva.

Del lado de los golpistas, ahora amenazados de una guillotina ya armada, no hay, ni de lejos, ningún nombre capaz de hacer sombra al ex presidente, cuya popularidad, pese a toda la persecución política, mediática y judicial que padece, se mantuvo intacta.

Ese, pues, es el gran dilema vivido por mi país: los usurpadores de 54 millones 500 mil votos obtenidos por Dilma Rousseff en 2014 fueron capaces de expulsarla, instalando en su sillón presidencial a una figurita despreciable, ahogada por marejadas de corruptos.

Ahora que él está defenestrado, tratan de descubrir cuál muñeco moral instalar en ese sillón, para mantener las riendas de la economía.

Mientras, el país naufraga. Los próximos días, o mejor dicho, las siguientes horas, serán decisivas. Temer ya no es más que una mancha sucia en ese mar de lama. La cuestión, para los verdaderos interesados en el golpe, es cómo preservar sus obscenos intereses y mantener a la gentuza (eso que insisten en llamar ‘pueblo’) a una distancia prudencial.

Alfredo Serrano Mancilla- Celag

En los golpes del siglo XXI en América Latina han cambiando mucho las cosas. El nuevo formato ya no tiene una cara visible militar. Estos nuevos golpes son parlamentarios, con el poder judicial-comunicacional-económico haciendo su trabajo. Sin embargo, esto no es lo único que es novedoso. El otro aspecto crucial, que quizás haya pasado más desapercibido, es que estos nuevos golpes siempre cuentan con un ejecutor que se queda en el cargo mientras la derecha gana tiempo para buscar al verdadero candidato que debe gobernar el periodo posterior.

En el 2009 en Honduras fue Roberto Micheletti quién se quedó como Presidente transitorio luego de sacar a Manuel Zelaya de su legítimo cargo. Pero duró poco. Se logró la interrupción democrática, se sacó al Presidente electo, y luego vino Porfirio Lobo por la vía electoral, y más tarde Juan Orlando Hernández. Algo similar ocurrió en Paraguay en 2012. Se dio el golpe contra Fernando Lugo, y Federico Franco se quedó en su puesto sin necesidad de acudir a elecciones. Pero éste no se iba a quedar por mucho tiempo porque la idea era abrir la cancha para que llegara rápidamente el verdadero candidato de la derecha, Horacio Cartes, para darle estabilidad al proceso de restauración conservadora.

Lo mismo es lo que sucede hoy en Brasil. Michel Temer fue el ejecutor del golpe contra Dilma Rousseff. Asumió el 31 de agosto del 2016 sin necesidad tampoco de acudir a las urnas para implementar un conjunto de medidas económicas neoliberales en tiempo record. Privatizaciones y recortes que fueron ejecutados a gran velocidad para asentar las bases del nuevo modelo económico y social. Todo esto, unido a ser el verdugo más visible contra la democracia, le llevó a tener una popularidad por debajo del 10%. La ofensiva de la derecha es salvaje pero no estúpida. Por ello, ahora le toca sacrificar a Temer porque ya no sirve. Fue de usar y tirar.

” De esta maquiavélica forma, se lustra la fachada democrática tras un golpe. Temer desaparecerá como por arte de magia como así lo hicieron Micheletti en Honduras y Franco en Paraguay. Este es el rol que tienen los operadores transitorios para poner fin al régimen democrático y abrir otro que debe aparentarlo. La nueva época golpista tiene sus propios manuales “

Es por ello que el emporio O Globo, verdadero actor ordenador del Brasil, le hace la jugada para sacarlo rápidamente del tablero. La derecha necesita orden y estabilidad en Brasil, y por ello, se necesita un nuevo Presidente, resplandeciente e impoluto, con mayor respaldo popular. Temer hizo el trabajo sucio y ahora toca limpiarle la cara al golpe.

Y entonces ya se atisba a los nuevos candidatos para gestionar la ofensiva neoliberal con una cara más amigable. Uno, Joan Doria, y dos, Cármen Lúcia Antunes. El primero ganó elecciones el pasado octubre para ser Prefecto de Sao Pablo con un alto caudal de votos. Se presenta como representante de la pos política aunque tuvo algunos cargos públicos menores. Este supuesto outsider de la política, publicista, empresario televisivo y presentador de programas, parece que es el elegido por los mercados para dirigir a Brasil hacia el abismo. Seguramente no aceptará ser interino y querrá acudir a la batalla electoral. La otra persona elegida por el establishment es Cármen Lúcia Antunes, representante del aparato judicial, presidenta de la Corte Suprema, a quién le tocaría asumir mientras que se convoquen elecciones. Quizás, sea también la próxima candidata para cuando se abran las urnas.

De esta maquiavélica forma, se lustra la fachada democrática tras un golpe. Temer desaparecerá como por arte de magia como así lo hicieron Micheletti en Honduras y Franco en Paraguay. Este es el rol que tienen los operadores transitorios para poner fin al régimen democrático y abrir otro que debe aparentarlo. La nueva época golpista tiene sus propios manuales con su modus operandi. Temer ya cumplió su trabajo. Que pase el siguiente.

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