“Somos migrantes, no esclavos”, la dura realidad de cientos de personas varadas por la pandemia

La pandemia del nuevo coronavirus trajo el cierre de fronteras como una de las medidas para frenar la expansión del virus. Con el cierre de fronteras cientos de personas que estaban en tránsito hacia diferentes países quedaron prácticamente encerradas en albergues y centros transitorios. Este es el caso, por ejemplo de muchos haitianos, que en su camino hacia los países de América del Norte, quedaron varados en Panamá. 

“Somos migrantes, no somos esclavos”, reclamó Renick Miseney, uno de los cientos de haitianos que fueron llevados a los albergues para migrantes en Panamá, donde la violencia no para de crecer.

Miseney tiene 37 años y cuenta que se encuentra en el refugio desde fines de febrero, cuando se fue de Chile tras el estallido social contra el régimen político y económico ocurrido en el país cordillerano. Allí trabajaba en un pequeño restaurante. 

Tras cruzar la frontera desde Colombia por la peligrosa selva del Darién, unos 2.000 migrantes de Cuba, Haití, Bangladés, Nepal, Congo, Camerún e India, permanecen confinados en campamentos de esa región de Panamá, sin poder seguir su ruta a Estados Unidos, Canadá o México.

(AFP)

Antes de la pandemia, un centenar de ellos eran enviados cada día, con el permiso de San José, hasta la frontera con Costa Rica, para que siguieran su travesía, pero con la crisis sanitaria las fronteras fueron cerradas definitivamente. 

La situación provocó el aumento de la tensión en los campamentos, donde los migrantes piden mejores condiciones de alojamiento y que se les deje continuar su trayecto. “Vamos a proceder con la deportación de este grupo de personas que ha hecho este tipo de daños a la propiedad”, amenazó Samira Gozaine, directora del Servicio Nacional de Migración, al referirse a los incidentes que ocurren en los albergues.

Varado

Miseney pretendía llegar a México para probar suerte en otro negocio junto a su esposa y su hijo de 15 meses. Pero la pandemia lo sorprendió en Panamá y ahora permanece en la estación migratoria de Lajas Blancas, en la provincia selvática del Darién, fronteriza con Colombia. 

“Somos muchos inmigrantes los que estamos aquí en Panamá desde hace seis meses. Estamos durmiendo y viviendo mal. No sabemos cuándo vamos a salir de aquí”, dijo Miseney. “Estamos en una finca donde hay caballos, vacas, burros, chivos, pollos”, contó también Miseney.

(AFP)

Otro haitiano, identificado como Marco, denunció que en el albergue La Peñita, donde permanecen unas 1.500 personas, los tratan como “animales, como si fuéramos perros”. “No hay una vida razonable aquí, la gente duerme en un cartón y fierros”, agregó Marco en un video donde se pueden ver carpas, camas rudimentarias, ropa desperdigada por el piso y niños en una bodega.

Unas 24.000 personas cruzaron la selva del Darién en 2019 y este año más de 4.000 hicieron el mismo camino pese al peligro, según cifras oficiales.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos pidió recientemente apoyo internacional y exigió a Panamá tomar medidas para garantizar los derechos humanos de los migrantes. El gobierno panameño adelantó que habilitarán una nueva estación migratoria con 48 casas modulares para mejorar la atención.

“Sabemos que están en incertidumbre. Nosotros les hemos dado el trato como seres humanos y hemos mejorado las condiciones en que se encuentran”, argumentó el ministro de Seguridad panameño, Juan Pino, quien agregó que se les ofreció a los migrantes la posibilidad de retornar a sus países en vuelos humanitarios.