En la casa de Cortázar

Argentina
Gustavo Yuste

La serie de fotografías “Siempre empezó a llover” de Bernardo Cornejo propone un acercamiento al escritor argentino desde un punto inverso a la lectura, su contexto, su vivienda. Las imágenes fueron tomadas durante el año de su centenario el el propio barrio de Rawson, en el departamento que habitó Julio antes de su partida a Paris. Las sensaciones del artista en la realización.

Gustavo Yuste- El Ciudadano (Chile)

Bernardo Cornejo (24) es Fotógrafo, diseñador, kayakista y estudiante de Arqueología (UNSa y UBA). Especializado en fotografía documental y Turismo Aventura, realizó coberturas para la Revista Aventura (Cruce Columbia 2014) y Revista Nueva. Ha trabajado en expediciones de kayak y rafting, entre otras “La vuelta a los Valles Calchaquíes en kayak” de la cual fue protagonista y tapa del diario El Tribuno, Salta.

La serie de fotografías Siempre empezó a llover propone un acercamiento a Cortázar desde su con-texto, un punto de partida inverso a la lectura. Las fotografías fueron tomadas durante el año de su centenario (2014) en el propio barrio Rawson y particularmente en el departamento que habitó Julio antes de su partida a Paris.

Su biblioteca personal -a la que recuerda en el poema “Rechiflao en mi tristeza” (Nairobi 1976)- , su dormitorio, su escritorio, la maquina de escribir, las veredas rotas y las vistas de desde su ventana, conforman las distintas fotografías que arman la muestra. Siempre empezó a llover es una muestra ampliada de una primera serie: Centenario, realizada en el 2014, año del centenario del nacimiento del Cronopion Mayor.

“El hecho de estar durmiendo con una cámara en la habitación de Cortázar me llevó a fotografiar, me obligó a hacerlo” sostiene Bernardo Cornejo a El Ciudadano, y agrega “Con esa muestra de fotos me pasó algo particular, porque Cortázar con sus textos, a través del lenguaje, jugando con  lo fantástico, con el espacio y el tiempo, rompía la lógica y también el hábitus. Él juega con eso, pone en relieve lo que está implícito. Con la fotografía me pasó algo similar: al sacar las fotos de esta casa, que era como mi segunda casa, uno necesariamente genera un extrañamiento y es otra manera de romper lo cotidiano, de interpelar lo que está tácito, naturalizado”.

–¿Cómo fue el proceso de realización de las fotografías?

–La muestra  la hice con ayuda de mucha gente, entre ellas la dueña de la casa, Nelly Schmalko, que se la había comprado a la familia de Cortázar, así que nadie más que ella podía tener naturalizado el vivir en esa vivienda, pero lo que pasó fue algo muy fantástico en términos cortazarianos. Tomando mate con ella en el living, viendo las fotos, ambos empezamos a sentirnos en un espacio que estaba visitado, transitado. De repente estábamos de visita en el departamento, ya no era la rutina diaria. Además de ser muy bello el departamento, tiene una carga muy fuerte. La casa siempre te despierta algo: yo estaba en un momento de vuelta, en un momento muy sensible, de cambio, y sinceramente te penetra el espíritu y la magia de Cortázar.

–¿Cómo fue recibida la muestra?

– Por suerte fue muy bien recibida. “Centenario” salió reproducida en la BBC, en La Nación, en Encuentro, por nombrar algunos medios, siempre con comentarios positivos.

La versión ampliada, Siempre empezó a llover, se encuentra exhibida en el Café Cortázar (Cabrera 3797, Ciudad de Buenos Aires) hasta fines de este mes.

– ¿Cómo fue que llegaste a vivir en el departamento que fuera de Cortázar?

– Yo me crié en ese barrio, después me mudé por la ciudad en la época del secundario y viví por San Telmo, la zona del centro, volví al barrio un tiempo, un montón de mudanzas. Posteriormente me fui a vivir a Salta por cuatro años y cuando decido volver a vivir a Buenos Aires, tenía el inconveniente que donde podía vivir, tenía que esperar 8 meses hasta que se desocupe quien lo estaba alquilando. Entonces, me ofrecieron quedarme en esa casa que pertenece a una familia muy amiga mía: Nahuel, el hijo de Nelly Schmalko, es muy amigo mío, casi un hermano. Lo mismo Nelly, es como una segunda madre para mí. Esa casa la conocía desde siempre, era como una segunda casa, por lo que tenía naturalizado ese ambiente. Recién estando muchos años lejos, en Salta, volver a esa casa me generó un extrañamiento, que antes no tenía, como te conté en la pregunta anterior. Además el azar hizo coincidir la mudanza justo con el año del centenario de Cortázar y, claro, había un revuelo en la ciudad impresionante: me tocaban el timbre, me llamaban por teléfono constantemente.

-¿Qué relación tenías con la obra de Cortázar anteriormente?

– Siempre fui muy fanático de sus cuentos, más que del lado de las novelas como Rayuela. Además, me interesa mucho como personaje. Cortázar generalmente tiene eso con sus lectores, que logra que se interesen por él como personalidad también, no sólo por lo que escribe, sino por lo que hacía, su trayectoria personal. Y bueno, para colmo me quedé en esta casa tan especial y dormía en el cuarto que era de Cortázar. Yo ya lo conocía, por supuesto, pero vivir ocho meses y despertarse en ese cuarto en el momento que se daba el aniversario era algo bastante particular.

-La casa, además, está ubicada en el barrio Rawson (ver también: El mágico barrio donde vivió Julio Cortázar en Buenos Aires), una zona bastante peculiar de Capital. Vos como conocedor del barrio, ¿cómo lo describirías?

-Es muy particular ese barrio. Yo creo que hoy en día no es lo mismo que era cuando vivía Cortázar, a diferencia de lo que uno siempre suele pensar, que el barrio se mantuvo en el tiempo. Antes era un suburbio medio alejado y hoy en día es una fortaleza que está rodeada por edificios. Por suerte pudo mantener los espacios verdes, la arquitectura, y sobre todo el ambiente que se forma ahí adentro, pero realmente está asediado por los edificios y el crecimiento urbano. También se puede decir que está amenazado, no basta con decir que me gusta mucho el barrio, me encanta destacar eso de que está muy cuidado dentro de todo, pero también hay que señalar que no va a poder mantenerse mucho tiempo ahí a menos que uno intente hacer lo contrario. Están construyendo mucho sobre la Avenida San Martín, están enrejando Agronomía, el club Comunicaciones lo llevaron a la quiebra muchas veces…. Digamos que hay vampiros internacionales que siguen ahí dando vuelta, que tienen sus secuaces  locales hace muchos años. Por ahora sigue siendo una excepción, custodiada por gatos y gorriones, eso siempre. Casualmente una foto que tomé la hice desde un edificio que están construyendo cerca del barrio, y el ingeniero me dijo que donde antes no se podía construir, ahora se puede. Todavía dentro del barrio Rawson está protegido, pero hay que ver cuánto dura. Creo que es ser fiel a Cortázar que cuando uno hable del barrio, hable de los peligros que corre.

-El barrio tiene esa particularidad de estar rodeado por esos tres lugares que nombraste (la avenida San Martín, Agronomía y el club Comunicaciones), los cuales convocan mucha gente y movimiento, pero sin embargo cuando uno hace media cuadra hacia adentro se siente en un lugar espacio y tiempo distinto.

– Esa sensación de la que hablas es muy cierta, la tenemos grabada todos los que vivimos en ese barrio, es una constante. Por eso la gente que vive ahí no se quiere ir, es realmente una desconexión. Eso está registrado por Cortázar en el cuento “Ómnibus”: el camino que hace Clara, pero en el sentido inverso, mirando a los gorriones, al cielo. Es otro mundo. Podés pensarlo de esta forma también: Cortázar fue alguien con mucho mundo, que viajó por v
arios lugares, pero no habla de todos. En cambio del barrio y de Buenos Aires, sí.

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