«Si las tres fuerzas progresistas terminan triunfantes, se abrirá una ventana de oportunidad en la región»

Nicolás Trotta, docente universitario y actual rector de la UMET, propone a través del documental «Latinoamérica, territorio en disputa», repensar los últimos quince años de avances y retrocesos en la región, para construir con esa base de análisis crítico un nuevo futuro para América Latina. «Es un rompecabezas de la historia reciente» explica Trotta en esta entrevista. En este año tan importante para la región, con elecciones en Bolivia, Uruguay y Argentina, el realizador del documental vaticina un avance de las fuerzas progresistas, que reclaman su vuelta para acabar con «los enormes retrocesos sociales y económicos» de las políticas neoliberales.

— ¿Cómo surgió la idea de hacer el documental?

— El documental surge a partir del desarrollo de lo que fue el programa Latinoamérica Piensa. Fuimos logrando todas estas entrevistas y una articulación del material que consideramos sumamente interesante y a partir también del propio dialogo que se iba produciendo en cada una de las entrevistas. Nos parecía que cada entrevista sumada a la siguiente nos permitía construir un rompecabezas de la historia reciente que transitaba el continente y que valía la pena poder desarrollarlo desde un documental, que tenga la capacidad de sintetizar una mirada de los últimos 15 años de avances en América Latina, pero también de las propias limitaciones y complejidades que encontraron los procesos de cambio en nuestro continente.

— ¿Qué aporte puede hacer el documental para pensar la historia latinoamericana pero sobre todo para analizar los últimos años en la región?

— El documental nos permite tomar conocimiento de lo que fueron los avances que se plantearon, pero también de construir una mirada crítica de lo que fueron las propias limitaciones que se encontraron, los problemas que se enfrentaron y en eso posar la mirada no sólo sobre la responsabilidad de quizás no haber, como dice Marco Aurelio García, «acelerado la marcha de las transformaciones necesarias de nuestro continente», sino también el hecho de la injerencia de factores externos que terminan desestabilizando estos procesos de cambio. Hoy son mucho más evidentes, como lo que está ocurriendo en Brasil en particular, notamos que hay una fuerte injerencia para debilitar nuestras democracias y nuestras instituciones.

— El documental se filmó en un momento complejo en la región, de repliegue de las fuerzas progresistas y avance de las conservadoras, ¿cómo repercutió eso en la salud de las democracias latinoamericanas?

— Estamos en una realidad, en términos de la comprensión social, más compleja de lo que fueron las décadas del 70 en cuanto al quiebre de nuestras democracias. Hoy lo que tenemos son democracias de baja intensidad, como dice Boaventura de Sousa Santos, donde vemos que se terminan debilitando los procesos populares. La realidad latinoamericana es muy heterogénea. Es muy difícil comparar a cada uno de los países por su recorrido institucional, sus fuerzas sociales y políticas, pero lo que uno observa es que se termina saqueando o secuestrando parte de nuestras instituciones y esto termina, quizás en el caso más pragmático que es en el Brasil, con quiebres institucionales que terminan generando un escenario marcado de manipulación de nuestra sociedad.

— Recién mencionabas la autocrítica de Marco Aurelio, ¿qué rasgos en común notaste en el juicio dentro del campo progresista sobre los años de gobierno?

— Nuestros procesos políticos, la mirada que nos tenemos hacia la sociedad, es contracultural a lo que es la fuerza dominante, no sólo en nuestra región sino a nivel global. Eso también demanda un desafío de consolidación que es muy difícil que se logre en tan escaso tiempo. Es difícil pensar que se pueden resolver en 15 años problemas estructurales que existen en parte desde el nacimiento de nuestras propias repúblicas, en parte desde lo que ha sido la historia colonial de nuestro continente. Esto se relaciona a la división internacional del trabajo, que pretende que Latinoamérica o América del Sur en particular termine siendo una región que exporte materia prima y siga importando productos manufactureros. Exportamos materia prima y seguimos importando empleo generado en otros sectores del mundo.

Esto no quiere decir que no haya responsabilidad hacia adentro de nuestro propio territorio o nuestras propias fuerzas políticas. Es ahí donde yo creo que la clave es dar la discusión real sobre la democratización del poder, que implica también tomar conciencia de que ganar las elecciones no implica hacerse del poder necesario para impulsar las transformaciones propias de la política, de la economía y de otros actores centrales en la construcción de la sociedad.

— ¿Sentís que hubo un cambio en la política regional desde el momento de la filmación hasta ahora? Hubo molimientos del campo popular, que se empezó a articular, está el Frente de Todos en Argentina que se unió contra Mauricio Macri, hay paros en Brasil y Ecuador contra las políticas de Jair Bolsonaro y Lenín Moreno…

— Cada proceso político es distinto. Lo que si uno observa es que en el caos de los enormes retrocesos sociales y económicos que se está viendo a partir de la aplicación de las políticas neoliberales en cada uno de nuestros países, está llevando al debilitamiento de estas expresiones políticas. Un caso paradigmático es el caso de la Argentina. Estamos muy confiados que el resultado electoral del 27 de octubre abra una nueva ventana de oportunidad para el continente, aprendiendo también de los limitantes del pasado, pero es un octubre tan importante para la región, donde hay elecciones en Uruguay, Argentina y Bolivia. Si las tres fuerzas progresistas terminan triunfantes, justamente con López Obrador desde México, se abriría una ventana de oportunidad nuevamente para la región y el impacto que eso va a tener en Brasil, con el propio debilitamiento y desprestigio creciente que está teniendo Bolsonaro, abren una fuerte ventana de oportunidad para que se reconstituya la fuerza progresista en ese país a partir de la articulación del Partido de los Trabajadores. Eso indefectiblemente no sólo va a terminar en un triunfo del PT en la próxima elección presidencial, sino también va a exteriorizar claramente la farsa que vive ese país con la injusta prisión de un inocente como es Lula da Silva.