El mapa político pre-balotaje

Perú
Víctor Alvarado

Las primeras encuestas sobre la segunda vuelta, que tendrá lugar en junio, ya empezaron a circular y dan como ganadora a Keiko Fujimori. No obstante, hay factores que condicionarían una posible victoria de la candidata de Fuerza Popular contra Pedro Pablo Kuczynski: la adhesión del bloque de izquierda con su contrincante y el voto netamente antifujimorista.

Editorial- La República (Perú)

La reciente encuesta de Ipsos sobre la intención de voto para la segunda vuelta resuelve algunos códigos que han sido objeto de debate luego del 10 de abril. En el sondeo, el candidato Pedro Pablo Kuczynski (PPK) se sitúa 44% sobre 40% de Keiko Fujimori, ratificando otros sondeos anteriores a la primera vuelta.

Estas cifras están obviamente sujetas a variación, considerando que nos encontramos a inicios de la campaña de la segunda vuelta. No obstante, nos proveen algunas tendencias, la principal de las cuales es que PPK aumenta su votación y avanzan en sectores donde tenía poca votación, es decir, en el centro y sur del país, y en los sectores D y E. Otros sondeos que podrían mostrar resultados distintos deberían recoger este dato de la realidad.

Para que esto suceda no ha sido necesario que PPK teja alianzas explícitas o realice ajustes a su programa de gobierno. No han hecho falta los endoses porque, entre otras razones, el sistema político peruano carece de líderes que sean “dueños” de los votos. Los ciudadanos son más autónomos en sus preferencias electorales y no esperan la voz de los políticos.

Por otro lado, y concurrente con esta tendencia, la dificultad más importante de Keiko es el antivoto, que se sitúa en el 42%, a pesar de que su núcleo duro de votantes es alto, un 36%. Frente a ello, PPK tiene un antivoto menor y un núcleo duro de votantes cercano al de Keiko, 34%.

El sondeo de Ipsos señala que un 16% de electores votarán en blanco, viciado o que no responden. Es probable que gran parte de ese electorado se encuentre en el centro y sur del país, en las ciudades intermedias y en las zonas rurales, de modo que esto obliga a los candidatos a un esfuerzo de movilización mucho más direccionado que en la segunda vuelta.

” El problema en una campaña en la que se vota más contra que a favor de un candidato no es llegar sino cómo llegar, es decir, importa mucho el mensaje. Con el pragmatismo ya conocido, Keiko ha resuelto recurrir al populismo para ganar con clientelismo lo que su discurso no ha podido conseguir en las urnas “

Con las cifras sobre la mesa, PPK tiene más posibilidades que la candidata fujimorista para sumar votos. La experiencia indica que este logro no es automático; es preciso diseñar estrategias eficaces y de rápida ejecución fuera de Lima, donde parece que la campaña no ofrecerá mayores sorpresas.

El problema en una campaña en la que se vota más contra que a favor de un candidato no es llegar sino cómo llegar, es decir, importa mucho el mensaje. Con el pragmatismo ya conocido, Keiko ha resuelto recurrir al populismo para ganar con clientelismo lo que su discurso no ha podido conseguir en las urnas.

Un tercer actor de esta campaña son los movimientos sociales que ya se expresaron antes de la primera vuelta reclamando transparencia electoral y la vigencia del orden democrático. Ante la segunda vuelta, esta movilización será reiterada, aumentada con la alerta sobre el peligro de entregarle todo el poder a un grupo político con probados antecedentes arbitrarios y autoritarios. Los resultados de la primera vuelta revelan que además se encuentran en riesgos retrocesos en materia social frente a una ofensiva flexibilizadora de derechos que ha empezado a expresarse en voz alta y se siente ganadora de las elecciones.

Víctor Alvarado- Clarín (Chile)

Las cartas del PPK

Kuczynski  para vencer a Keiko Fujimori necesitaría idílicamente la adhesión del bloque conformado por las listas de los izquierdistas Verónica Mendoza y Gregorio Santos, de Alfredo Barnechea, (considerado de centro izquierda), Fernando Olivera, Alejandro Toledo  y Miguel Hilario que totalizan 32.96 %, el cual sumado a su puntaje de 21.0, tendría 55.94%,  con lo cual sobrepasaría el 50% requerible y se aseguraría la elección de presidente.

En realidad, los guarismos a su favor serían mayores porque también podría sumar la votación del desaforado candidato presidencial de Alianza para el Progreso, César Acuña, cuya plancha presidencial fue sacada del escenario electoral por haber vulnerado la ley electoral,  pero mantuvo sus listas congresales,  que han recibido una votación  que le ha permitido elegir 10 congresistas.

El “mal menor”

Estas agrupaciones tienen como denominador común un antifujimorismo radical, lo que los permeabiliza para constituir un frente común contra Fujimori y posiblemente endosarle un apoyo a PPK, lo que aparece como probable luego de que Mendoza, en ejercicio de su liderazgo señalara que: “Tal vez con PPK podría llegarse a ciertos acuerdos en términos de gobernabilidad y derechos humanos (…) y va a depender de PPK si va a incluir otras demandas de la izquierda”.

Y aun cuando no lo ha dicho, PPK sería para la “la izquierda electoral”  el llamado “mal menor”, al amparo del cual ha terminado apoyando siempre a candidatos presidenciales que se convirtieron, una vez en el gobierno, en el “mal mayor”, como lo fueron en su momento el propio Alberto Fujimori, y los subsiguientes: Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala, todos con el voto de la izquierda.

Para quede bien claro su antifujimorismo radical, Verónika ha remarcado:“No soy fujimorista, yo nunca he trabajado en una dictadura (…) Es una posición que yo mantengo hasta el día que me muera” (sic).  Las otras agrupaciones tienen similares compases “antifujimoristas” y todo indicaría que harían un solo bloque para concertar con PPK, siempre que este como ha dicho Mendoza: “Debe mostrar posibilidad o voluntad de diferenciarse de Keiko”.

De darse la citada concertación Izquierda-PPK, la candidata Keiko Fujimori solo tendría el apoyo seguro del Apra de Alan García (5.82%) y Orden de Flores- Aráoz (0.42%), con los cuáles llegaría al 46.05%, a todas luces insuficiente para asegurarse la victoria.

Perspectivas de Keiko

Sin embargo, no es descartable que pueda producirse otro desenlace si prospera la estrategia de Keiko, expuesta en la primera vuelta, de convencer que tiene un nuevo discurso político, que no guarda semejanza con el de su padre, tanto que se ha comprometido a no usar el poder político para indultarlo y corregir las injusticias del modelo económico que impuso Alberto Fujimori y mantuvieron sus sucesores Toledo, García y Humala.

Keiko Fujimori ha hecho esfuerzos  por modernizar a su partido y dotarse de una imagen propia, distinta de su progenitor. Tiene un plan de gobierno con un programa de derechos humanos más avanzado en relación a los demás partidos, conforme lo ha reconocido la columnista de La República y militante de Tierra y Libertad, Rocío Silva Santisteban, amén de ofertas políticas  con características reformistas, conforme las vamos a repasar aquí.

Se ha esmerado en resaltar que no asume el legado negativo de su padre de ruptura del “sistema democrático” y violaciones de los derechos humanos incurridos en la guerra interna contra el “terrorismo” de Sendero Luminoso y del MRTA.

Más aún se ha comprometido a indemnizar a los familiares de las víctimas de asesinatos y desapariciones, así como a las mujeres esterilizadas contra su voluntad, registradas durante el gobierno de Alberto Fujimori.

“Voto duro”

El llamado “voto duro fujimorista”, localizado principalment
e en las provincias rurales de la sierra, costa y selva, a las que el gobierno de Alberto Fujimori prodigó un intenso asistencialismo durante la lucha contra el terrorismo, contra todos los pronósticos, ha crecido ostensiblemente.

En el 2011 durante la primera vuelta electoral, este “voto duro” representó el 20.65%  de la votación general, mientras que en la de las elecciones del 10 de abril del 2016 alcanzó el  39.81% de los sufragios.

Los seguidores de estas regiones no se cansan de reconocer que Alberto Fujimori los liberó del terrorismo pol potiano de Sendero Luminoso, los sacó de la escandalosa hiperinflación legada por el primer gobierno de Alan García, y llevó el Estado por primera vez a muchos de pueblos remotos que se encontraban cercado por el terrorismo.

La izquierda peruana no ha hecho ningún esfuerzo por revertir este cuadro político, ni menos se ha esforzado en hacer  educación política en ellos, como aconsejan las enseñanzas leninistas, para recuperarlos políticamente.

Estafa al Perú

Para consumar esta estafa al Perú, previamente la dupla Toledo-PPK revirtió otra ley legada por Fujimori, que había dispuesto que la explotación del gas priorice el mercado interno y se exporten los excedentes. Pero Toledo y PPK hicieron lo contrario.

A raíz de estos contratos, el Perú a pesar de ser productor de gas tiene el balón de gas doméstico más caro de Sudamérica, mientras que países que no lo producen, lo obtienen más barato.

PK arrastra igualmente el estigma de haber sido declarado “traidor a la patria” por el gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), en razón a que valiéndose de su condición de gerente del Banco Central de Reserva (BCR), en complicidad con otro gerente, Carlos Rodríguez Pastor, desacató un decreto que congeló pagos por 17 millones de dólares a la petrolera International Petroleum Co- IPC, correspondientes a tributos dejados de pagar en la explotación del yacimiento de La Brea y Pariñas, y los entregó a esta empresa. Luego  ambos gerentes, entre gallos y medianoche, fugaron del país.

PPK  nunca ha hecho una autocrítica de este comportamiento delictivo, menos ha aceptado su responsabilidad en el entreguismo del gas en desmedro de los intereses del Perú. Mientras que su rival político, Keiko Fujimori ha hecho más de un mea culpa de los desaguisados de su padre.

Puentes con la izquierda

PPK cuenta a su favor con la alianza de ex izquierdistas conocidos como Fernando Rospigliosi, Gino Costa y Juan Sheput, entre otros, que pertenecieron a diversos partidos de la izquierda peruana, ya desaparecidos, los que se están prestando para servir  de puentes para atraer los votos de las tiendas izquierdistas.

En contra de este probable idilio con las izquierdas, complota la deprimente realidad de lo que ya es una tradición política en el Perú y también en los países de la región, Desde Fujimori hasta Humala, todos los candidatos que llegaron al poder con aval de la izquierda, abjuraron de sus ofrecimientos electorales e hicieron todo lo contrario apenas accedieron al poder.

El debate en la izquierda peruana recién comienza. Hay voces solventes, como el historiador Antonio Zapata, quien considera que “la izquierda se puede perjudicar si expresa su apoyo a alguno de los candidatos en la segunda vuelta”, y que “lo mejor es mantenerse como una opción (independiente) gane quien gane”. Aunque no lo dice textualmente, está proponiendo voto en blanco o viciado.

Tiene razón, pero le ha faltado decir que una posición honrada sería plantear, ante cualquiera que sea elegido presidente, el antiguo apotegma de unidad y lucha. “Unidad” con todas las políticas favorables a los intereses populares y al país y “ Lucha” contra todas las que insistan en profundizar los abismos sociales, hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Si piden no votar  por Keiko Fujimori, también deberían pedir no votar por Kuczynski.

El que llegue al gobierno, será sin duda “esclavo de sus palabras” y la nueva historia dirá si fueron más de lo mismo.

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