Salmonopoly

Chile
Marco Fajardo

Los documentalistas Wilfried Huismann y Arno Schumann reflejaron los reclamos de la comunidad del Archipiélago de Chiloé en una producción audiovisual que contribuyó a la difusión del conflicto de las salmoneras. Los directores buscaban mostrar los costos que tiene la producción del salmón chileno que se vende en Europa, sin obviar sus efectos directos en el ecosistema y la sociedad.

Marco Fajardo- El Mostrador (Chile)

La producción de salmones en el sur de Chile es cuestionada desde hace tiempo por diversos sectores, que han visto reflejados sus reclamos en documentales como “Salmonopoly” (2010), dirigida por los alemanes Wilfried Huismann y Arno Schumann, transmitida en su momento por el canal público alemán ARD y debatida en la Comisión de Pesca de la Unión Europea, además de gran difusión en Internet.

El primero de ellos, en entrevista con El Mostrador Cultura+Ciudad, cree posible el vínculo entre marea roja y desechos de salmón. “No soy un experto en biología marina, pero seguramente está vinculada de forma indirecta con la industria del salmón, ya que ésta pone bajo una presión extrema el ecosistema de los esteros y los fiordos de Chile”, dice.

“Bajo las jaulas (de los salmones) yace una espesa capa de pellets (alimento) no consumido, basura y fecas. Los fiordos se asfixian y el contenido de oxígeno cae fuertemente. En algún momento la naturaleza devuelve el golpe. Desgraciadamente este momento parece haber llegado en Chile”, remata.

El gran lobo

Huismann (1951, Godensholt) se enteró del problema de los salmones en 2009, cuando una amiga chilena le contó acerca de los millones de salmones que murieron en 2009 por el virus ISA.

También le llamó la atención el noruego John Fredriksen, el propietario de Marine Harvest, la principal empresa del rubro en nuestro país, con un 30% de las concesiones salmoneras tras su fusión con AquaChile en 2015.

Frederiksen además domina el mercado a nivel mundial, incluido Noruega, Canadá y Escocia, con una producción de cien millones de salmones al año.

“Es su país lo apodan ‘el gran lobo’ y es considerado el prototipo del gran inversionista sin inhibiciones”, cuenta Huismann. “Su lema es: ‘todo lo que es bueno para el accionista, es bueno para la empresa’. A nivel personal es tímido y rehuye la prensa”.

En su filme, el alemán logra lo increíble: una pequeña entrevista al millonario. “Fue la primera vez que dijo algo en televisión, aunque sólo fueran tres frases. Y aunque lamentó que los errores de la industria causaran daños a la gente en Chile, eso no tuvo consecuencias”.

Falso doble estándar

Con su película, los directores quisieron entre otros llegar a los televidentes europeos y mostrar los costos que tiene la producción del salmón chileno que se vende en el Viejo Continente, “cuanta naturaleza destruye la producción y también los daños sociales que ocasiona, en Chile sobre todo a la pesca artesanal”.

“Para los consumidores el salmón es barato, pero su precio es alto para los habitantes de Chiloé y otras regiones de salmón. Esta crítica ha sido comprendida por los televidentes y conozco mucha gente que desde entonces sólo consume salmón de río. Hay suficiente en el mercado. Realmente no se necesitan esos criadores masivos en el mar”.

Otro tema clave para Huismann es la “esquizofrenia” de las empresas globales y su política de “doble estándar”​.

“Uno puede ser convincente y dar el ejemplo concreto de John Frederi​​ksen. Marine Harvest en Noruega obedece una regulación europea estricta para la cría de salmones, pero Chile es tratado por la empresa como un pobre país del Tercer Mundo donde toda norma y responsabilidad moral frente a la personas y la naturaleza puede pisotearse”, critica.

“La industria quiere ganar dinero y nunca se comportará bien de forma voluntaria”, alerta. “Debe haber normas claras. ¿Para qué existe el Parlamento chileno? Podrían aprobarse leyes que cuiden a las personas y la naturaleza”.

“‘ Para los consumidores el salmón es barato, pero su precio es alto para los habitantes de Chiloé y otras regiones de salmón. Esta crítica ha sido comprendida por los televidentes y conozco mucha gente que desde entonces sólo consume salmón de río. Hay suficiente en el mercado. Realmente no se necesitan esos criadores masivos en el mar’ “

Para él ha sido la codicia por la ganancia lo que causó la gran mortandad de salmones en Chile en 2010, sobre todo porque ya quedó claro que la firma noruega Aqua Gen AS, co propiedad de Marine Harvest, exportó los salmones contaminados con el virus ISA hacia Chile.

“¿Por qué en Chile a nadie se le ocurrió demandar a Marine Harvest ante los tribunales en Noruega?”, se pregunta el cineasta. “Hoy una querella de hecho tendría posibilidades de éxito”.

Huismann tampoco duda en criticar los bajos estándares chilenos. “Como empresa global allí se puede ganar mucho más dinero, porque allí existen las así llamadas ventajas comparativas. Los salarios son bajos, las normas ambientales son laxas, al igual que las normas laborales. Por eso en Chile mueren cien veces más buzos en las jaulas que la producción en Noruega”, denuncia. 

Agrega que en Noruega por tonelada de salmón sólo puede usarse un gramo de antibióticos, mientras en Chile se llega hasta 800.

“Eso es una bomba de tiempo para la salud humana, porque son antibióticos que también se usan en seres humanos. El abuso de antibióticos en la producción masiva bajo el agua ya está causando en la actualidad que haya bacterias resistentes que pueden ser mortales en seres humanos”, advierte.

Sin embargo, lo que más conmueve al autor es la “indiferencia e inactividad” del gobierno chileno. “Aparentemente no aprendió nada de la masiva muerte de salmones en 2009 y 2010, y tampoco enfrenta a las multinacionales, a pesar de ser algo urgente y de interés nacional”.

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