La memoria del movimiento estudiantil

México

Pasaron 46 años de la matanza de Tlatelolco de 1968 y la represión al movimiento estudiantil aún continúa. Elena Poniatowska recuerda a Raúl Álvarez Garín, dirigente juvenil de entonces, recientemente fallecido, y convoca a los jóvenes del movimiento YoSoy132, la movilización social más importante desde aquellos días, a rebelarse y luchar por la salud política de su país. 

ElenaRaúl Álvarez Garín - Foto Archivo Poniatowska – La Jornada (México) 

Álvarez Garín muere en los días del asesinato de 22 personas en Tlatlaya, estado de México, y otros 22 muertos en dos días en Chihuahua, muere en el momento en que fueron asesinados cinco normalistas en Ayotzinapa, muere en medio de una cacería de opositores en Morelos. ¿Qué diría Raúl del joven futbolista de 15 años, Josué Evangelista, cuyos tenis aparecen encima de su ataúd porque vino a jugar fut como parte del equipo de Los Avispones y encontró la muerte en su autobús volcado por obra de pistoleros y policías en la carretera Iguala-Chilpancingo? ¿Qué diría de la muerte de tres jóvenes el 21 de septiembre en Maravatío, a mano de cinco policías michoacanos?

Álvarez Garín muere en un país en manos de la guerra sucia contra el narcotráfico, en un país que nos hostiga, en un país en el que se encarcela a los adolescentes, se les acusa y se les considera violentos, alcohólicos, drogadictos, desertores de la escuela, ignorantes, inservibles. ¿Qué diría de un país en el que se mata a los chavos, en un país despiadado con su gente pobre, despiadado con los migrantes, implacable con los niños, un país que daña a sus habitantes, un país en el que todos los mexicanos podrían preguntarse: ¿Quién nos protege? ¿En dónde hemos venido a asentarnos?

Raúl Álvarez Garín dio su propia vida y la dio a los demás como ningún otro. Lo veo siempre joven, siempre dispuesto a resarcir, a comprender, a curar, a ofrecer alternativas, a sugerir una vida distinta, un país distinto. Él creía en un país distinto. Darle a todos podría ser el lema de Raúl.

“Álvarez Garín muere en un país en manos de la guerra sucia contra el narcotráfico, en un país que nos hostiga, en un país en el que se encarcela a los adolescentes, se les acusa y se les considera violentos”

Dos años y medio de prisión no lo cambiaron, como tampoco lo cambiaron sus meses de hospital (la enfermedad es también una prisión). En 1972, ya libre, salió decidido a levantar una estela en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. También quiso hacerle un juicio al ex presidente Luis Echeverría y sentarlo en el banquillo de los acusados, condenarlo durante dos años a arresto domiciliario. Logró sus objetivos acompañado por Félix Hernández Gamundi, a quien le debo mis condolencias. También logró su Comité 68 que encabezó con fuerza, sin perder jamás la paciencia. Publicó los gruesos tomos de los juicios a los estudiantes acusados hasta de 19 absurdos delitos, logró acompañar a Cuauhtémoc Cárdenas en quien creía, logró hacernos reflexionar sobre lo que sucede en nuestro país, en la explotación, en la desigualdad, en la estupidez y la mezquindad política, pero también nos hizo pensar en la música a través del amor a Santiago, su hijo músico, y a su hija Manuela, luchadora social como él y como la Chata Campa. Hablaba de Joan Baez, de quien se enamoró antes de hacerlo de la Chata (tenía buen gusto) y nos hizo saber mediante conferencias, artículos y sobre todo la revista Punto Crítico (sus colaboradoras fueron Magdalena y Carmen Galindo) que México era un país en el que había mucha gente buena a pesar de las masacres, las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas y otras miserias.

Todos los días visitaba a Manuelita, su madre, la gran maestra de matemáticas. Incluso tenía en la sala-comedor su mesa para trabajar en su compañía. Era omnipresente. Seguirá siéndolo. Continuará vigente en nuestras tareas cotidianas. Aunque en la noche del 26 de septiembre de 2014 lo perdimos físicamente, sabremos honrarlo como él supo rendirle tributo a las víctimas de la violencia de Estado. Espero que también estemos a su altura, la que él alcanzó al confrontar con cada acto de su vida la criminal negligencia de quienes no han sabido cuidar al país a diferencia de presidente Lázaro Cárdenas, que sí se responsabilizó de los que nada tienen.

 

Elena Reina- El País (España) 

Mientras la antropóloga Margarita Nolasco se alejaba en un taxi de la plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, bajó la ventanilla y gritó fuerte: “¡Están masacrando a los estudiantes!”. Pero fuera de las ruinas prehispánicas, de la iglesia de Santiago Tlatelolco y del moderno edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Ciudad de México seguía su curso. “Todo era de una normalidad horrible. Insultante”, recuerda Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932) que le contó entonces la antropóloga. Este jueves, la escritora y periodista, Premio Cervantes 2013, rememora ante los estudiantes de la Universidad Iberoamericana de México la matanza de Tlatelolco. Pero hoy la normalidad parece haberse roto. 46 años después, el país se encuentra en pleno escándalo por la represión a los alumnos de magisterio de la localidad de Iguala, en el Estado de Guerrero.

“Hay hechos en nuestro país que nos acercan más que nunca al 2 de octubre de 1968”, apuntó David Fernández Dávalos, rector de la universidad, antes de presentar a la escritora. Lejos de los muros de una de las universidades privadas más prestigiosas del país, impulsora de movimientos estudiantiles como Yo Soy 132 en 2012, se prepara como cada año una gran manifestación para recordar la masacre. Pero esta vez se unen además las reivindicaciones por la muerte de seis estudiantes y la desaparición otros 40 de los llamados normalistas, tras la carga policial contra las protestas en Guerrero.

En las marchas estarán también los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, quienes movilizaron el martes a unas 50.000 personas en la capital mexicana y consiguieron que el secretario mexicano de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, saliera de ese ministerio a escuchar que no van a permitir que se devalúe su formación. La escritora lanzó un órdago a esos estudiantes: “No es justo que quieran convertir a cada muchacho graduado en mano de obra barata”.

” ‘Garín ha muerto en medio de la ejecución militar de 22 personas en Tlatlaya, del asesinato de seis normalistas, de la cacería de los opositores en Morelos; en un país en manos de la guerra sucia contra el narco, donde se encarcela a estudiantes, se los considera inservibles, donde se mata a los chavos como Josué García Evangelista'”

“1968 fue el año de Vietnam, de Biafra, del asesinato de Martin Luther King, del de Robert Kennedy, después del de su hermano John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos; de la reivindicación del pueblo negro, de los Black Panthers, de la Primavera Negra; del movimiento hippie que llegó hasta la humilde choza ahumada en las montañas de Oaxaca de la chamana María Sabina, quien ofició la ceremonia de los hongos alucinantes. Y, sin embargo, para México 1968 tendrá un solo nombre: Tlatelolco, 2 de octubre”, recordó Poniatowska ante una multitud de estudiantes y profesores que la escuchaban sentados y ocupando de pie los pasillos y puertas del auditorio.

La escritora narró la crónica de aquel día y de los días posteriores, como ya hizo en su libro La noche de Tlatelolco de 1971. Y se preguntó: “¿Acaso hoy han terminado los balazos? Claro que no”. Todavía quedan muchas incógnitas, como el número de víctimas, que según lo publicado por el diario The Guardian, fueron 250. “Pero todavía resonará en nuest
ros oídos la frase de un soldado el 2 de octubre a un periodista de El Día: Son cuerpos, señor. Aquello son cuerpos…”, recuerda.

Poniatowska señaló que uno de los principales líderes del 68, Raúl Álvarez Garín, falleció el pasado 26 de septiembre sin que mucho haya cambiado desde que encabezara el movimiento. “Garín ha muerto en medio de la ejecución militar de 22 personas en Tlatlaya, del asesinato de seis normalistas, de la cacería de los opositores en Morelos; en un país en manos de la guerra sucia contra el narco, donde se encarcela a estudiantes, se los considera inservibles, donde se mata a los chavos como Josué García Evangelista”, lamentó la escritora y agregó: “¿Quién nos protege?, ¿en qué país vivimos?”.

Y señaló directamente a los jóvenes que tenía delante. A aquellos que se revelaron contra el Gobierno enseñando sus credenciales en Internet, diciendo que ellos eran 132 y refutando así el mensaje lanzado desde arriba, generando el movimiento social más importante desde el 68. “Con solo decir que no, ustedes se comprometen con la salud política de nuestro país”, sentenció.

 

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