Rimac, un curso de agua envenenado

Perú

En los últimos años, la contaminación del río Rimac ha sido motivo de alarma para todos los limeños. Se ha transformado en un curso de agua envenenado que alberga todos los residuos imaginables. A pesar de los esfuerzos que se llevaron a cabo para purificar sus aguas, los avances han sido muy escasos. Una declaración de emergencia podría acelerar su limpieza. 

Editorial- La República (Perú)

El río Rímac sigue siendo, como en tiempos coloniales, la principal fuente de abastecimiento de agua de la capital y sus nueve millones de habitantes. Por eso resulta inaceptable la indiferencia de nuestras autoridades –aunque también en ella se incluyan muchísimos limeños– ante el deterioro ecológico que sufre el curso de agua del cual dependemos para algo tan vital e irreemplazable como la satisfacción de nuestras necesidades de bebida e higiene.

Existe por ello la obligación, de parte de las autoridades y la ciudadanía, de velar por la conservación en las mejores condiciones posibles de las aguas del Rímac, un río que se ha transformado, a causa de años de desidia, en un curso de agua envenenado que en su recorrido recibe de todo: filtraciones de antiguos relaves mineros, desechos industriales, detritus fecales aportados por colectores clandestinos y, finalmente, toneladas de basura que son arrojadas irresponsablemente desde sus márgenes.

Hace unos 25 años, la Comisión de Ecología del luego disuelto Senado, que era presidida por Beatriz Merino, demostró ante la opinión pública que el río Rímac recibía contaminación procedente de más de un centenar de puntos ubicados a lo largo de su recorrido hacia el mar. Esta denuncia se enmarcaba en un esfuerzo para promover la creación de una autoridad ecológica para el río, un proyecto pionero que permaneció encarpetado en el Congreso.

Como resultado, en años recientes han sido cada vez mayores los esfuerzos que deben realizar los técnicos de La Atarjea para purificar el agua del Rímac y lograr un grado tolerable de potabilización de modo a hacerla apta para el consumo humano. La situación permaneció invariada hasta la creación del Ministerio del Ambiente, que ha marcado un inicio de acciones destinadas a sanear el río limeño, aunque no se han clausurado focos evidentes de contaminación.

” Existe por ello la obligación, de parte de las autoridades y la ciudadanía, de velar por la conservación en las mejores condiciones posibles de las aguas del Rímac, un río que se ha transformado, a causa de años de desidia, en un curso de agua envenenado que en su recorrido recibe de todo: filtraciones de antiguos relaves mineros, desechos industriales, detritus fecales y, finalmente, toneladas de basura “

Sin embargo, hay que destacar estos esfuerzos: se ha impulsado la creación de un bosque en la zona de Matucana, se han hecho inspecciones técnicas de las canchas y depósitos de relaves existentes y se ha contactado con equipos extranjeros especializados en recuperación de ríos, entre ellos un surcoreano. La aplicación de las sanciones establecidas por el Código del Medio Ambiente para penalizar a los contaminadores también forma parte de este cambio de actitud.

Hay que tomar en cuenta que del río que atraviesa la ciudad depende también la alimentación de la napa freática de la que se alimenta la red de pozos que intentan satisfacer la escasez de agua que subsiste en algunos distritos, la que resulta esencial en caso de año seco. Es mucho lo que queda por hacer, aunque el panorama no es tan crítico como hace unos años. Con la creación del Ministerio del Ambiente y la Autoridad Nacional del Agua se ha logrado acabar con el archipiélago de ineficacia que provocaba la existencia de diferentes “direcciones de medio ambiente y recursos naturales” en distintas dependencias del Estado.

Una declaración de emergencia de la cuenca del Rímac en periodo de estiaje podría influir en la aceleración de los trabajos de limpieza de esta y permitir la recuperación del tiempo perdido en materia ambiental. Las futuras generaciones de limeños lo agradecerán.

 

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