Renovación en la dirigencia política uruguaya

José ‘Pepe’ Mujica, Tabaré Vázquez, Lucía Topolansky, Eleuterio ‘Ñato’ Fernández Huidobro y otros fundadores del Frente Amplio ya no seguirán teniendo el mismo protagonismo luego del próximo período de gobierno de la izquierda en Uruguay, cosa que no ponen en duda ni blancos ni colorados. Entre los frenteampliastas, Constanza Moreira nuclea a los principales referentes de una renovación que comienza a gestarse en toda la dirigencia política.

Enrique Ortega Salinas – La República (Uruguay)

Esta será la última vez que veremos en las hojas de votación algunos nombres; particularmente en el Frente Amplio. Será muy difícil que Tabaré, el Pepe, Lucía, el Ñato y muchos otros fundadores de esta fuerza política continúen ejerciendo el actual protagonismo tras el próximo período de gobierno que –ni blancos ni colorados ponen en duda- será el tercero consecutivo de la izquierda.

En el Partido Nacional, una nueva derrota de Larrañaga frente a Tabaré (siempre y cuando gane la interna y Lacalle Pou no dé un batacazo) puede ser la estocada final a sus aspiraciones presidenciales, dejando de ser la esperanza blanca. Los nacionalistas sienten más que nunca la ausencia de un Wilson Ferreira Aldunate, el más digno adversario que el Frente tuvo desde su nacimiento.

Luis Lacalle Pou se viene chupando gajo a gajo al “Guapo”, que parece dormido, conforme con asegurar su banca en el Senado y sabiéndose derrotado tanto por Constanza como por Tabaré, ya que la diferencia de la preferencia popular es enorme e irreductible y sus ideas para revertir la situación brillan por su ausencia. Al hijo del ex presidente le pasa algo curioso: lo que le permitió llegar es lo que le impide avanzar. Ser hijo de Luis Alberto Lacalle le allanó el camino para llegar al Legislativo; pero ahora no sabe cómo marcar las diferencias con el sector más conservador del partido.

Lo ayudan su juventud y un carisma que no debiéramos descuidar; pero tiene estampado el sello de niño rico que nunca pasó mal y cuyas lealtades estarán en primer lugar con los sectores poderosos, más que con las clases populares. Lo anterior, justo o injusto, es su estigma. Su campaña no es exitosa por sus propuestas, que son escasas, sino por esa imagen bien cuidada que genera simpatía y confianza en la clase alta, que aspira a que el hijo del ex presidente proteja sus intereses sin sobresaltos. Sin embargo, pase lo que pase en la interna nacionalista, Larrañaga comienza a ser parte del pasado y su más cercano contrincante, parte del futuro.

«En cuanto a Constanza, hay que reconocerle el triple mérito de haber salido a dar batalla cuando nadie se animó, decir lo que muchos piensan y pocos se atreven y, quizá por lo anterior, estar logrando que muchos frenteamplistas, que habían decidido quedarse en casa y bajar los brazos, vuelvan a la lucha»

En filas coloradas, la renovación generacional se va dando sin traumas. Sanguinetti y Batlle ya fueron. Para saber de ellos, habrá que recurrir a libros de historia. Emiliano Tuala, con cruda, fina y lapidaria ironía, escribía hace poco: “Con Batlle me pasa lo mismo que con Sandro: nunca estoy seguro si está vivo o muerto”. Bordaberry, otro “hijo de”, copó la banca y se mantendrá allí por un buen tiempo. Tal vez no logre hacer subir al Partido Colorado por encima del 20%; pero continuará siendo senador.

El Partido Independiente, en su mejor momento, no pasa del 2% del electorado y continuará así mientras no solidifique sus ideas y/o encuentre un líder carismático y coherente, capaz de motivar adhesiones.

En el Frente, el futuro tiene dos nombres: Constanza y Raúl. En torno a la senadora han surgido grupos nuevos que buscan generar un espacio que confronte a la tendencia socialdemócrata imperante en la coalición. El caso más emblemático es el de Izquierda en Marcha, que cuenta, entre otros referentes, con los economistas Carlos Viera y Jorge Notaro, y dirigentes como Daniel Estéves García y Gerardo Padilla, delegados ante el Plenario por las bases de Montevideo y Canelones, que supieron dar una dura batalla en el Congreso y el Plenario, bregando por un programa de claro viraje hacia la izquierda. No es casual que el logo de Izquierda en Marcha sea una flecha que se dobla hacia el costado y no será difícil que una fuerzas con el PVP para las internas.

Sendic, cauteloso, espera su momento. En cuanto a Constanza, hay que reconocerle el triple mérito de haber salido a dar batalla cuando nadie se animó, decir lo que muchos piensan y pocos se atreven y, quizá por lo anterior, estar logrando que muchos frenteamplistas, que habían decidido quedarse en casa y bajar los brazos, vuelvan a la lucha.

El resto lo dirá el tiempo; pero todo indica que tanto en el Partido Nacional como en el Frente Amplio, los que hoy están en segundo lugar se dirigen como flechas hacia la primera línea de combate. Será en esta o en la próxima… pero será.

 

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