Encauzar la relación por otras aguas

Bolivia y Chile

La solidaridad es el único camino que conducirá a ambos hacia una visión de futuro compartido. Las diferencias históricas por la disputa de la salida al mar tienen que quedar atrás para que den paso a una relación vecinal y desarrollen las potencialidades que podrán disfrutar mutuamente. La cooperación y la integración son fundamentales para abrir la ventana de oportunidades.

Los presidentes Evo Morales y Michelle Bachelet en la cumbre de la Celac- Foto: EFE

Bruno Sommer- El Ciudadano (Chile) 

Al igual como sucede en las relaciones globales, las relaciones entre Estados vecinos se constituyen en un “pequeño mundo” donde sus relaciones políticas, económicas, sociales y culturales entre otras muchas, se estrechan aún más a tal punto que es difícil, en ciertas circunstancias, diferenciar dónde inician unas y dónde terminas otras.

Sin embargo de ello, existen casos en los que la posibilidad de desarrollar este grado de interdependencia e integración vecinal no ha sucedido aún. Es el caso de las relaciones entre Bolivia y Chile.

El tema marítimo debería ser superado

Es sabido que las dificultades entre ambos países tienen como punto de inflexión y principal tema de desencuentro la controversia sobre el enclaustramiento boliviano.

Sin exagerar, éste asunto se ha convertido en la piedra angular para viabilizar y efectivizar un sinfín de potencialidades que ambos países podrían disfrutar mutuamente.

En este sentido, muchas autoridades chilenas han aceptado y reconocen hoy en día que, de ser superado este encono sobre la demanda marítima boliviana, se abriría de manera indefectible una gran ventana de oportunidades para el intercambio comercial, el desarrollo de negocios incluso más allá de las fronteras y por sobre todo, la concreción de la integración bilateral y regional.

Desarrollo de potencialidades económicas para Chile y Bolivia

Existen potencialidades que bien podrían aprovecharse entre ambos países como el desarrollo de la infraestructura interoceánica a la manera como lo tiene planteada la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), el aprovechamiento de recursos naturales que posee Bolivia y aquellos que están en ultramar. 

Es más, para Chile, la posición geopolítica privilegiada que ostenta Bolivia articulada a la realidad geográfica de ese país le permitiría desarrollar una “visión atlántica”, cosa que lamentablemente no puede hacer ahora a pesar de las buenas relaciones que mantiene con Brasil.

“Muchas autoridades chilenas han aceptado y reconocen hoy en día que, de ser superado este encono sobre la demanda marítima boliviana, se abriría de manera indefectible una gran ventana de oportunidades para el intercambio comercial, el desarrollo de negocios incluso más allá de las fronteras y por sobre todo, la concreción de la integración bilateral y regional” 

Solo así Chile completaría el sueño geopolítico de algunos de sus grandes estadistas que en los siglos pasados deseaban verlo como un influyente actor bi oceánico, pues los accesos que hoy tiene para alcanzar las costas del Océano Atlántico le son muy onerosos casi equivalentes a los costos que tiene Bolivia para alcanzar los beneficios de la cuenca del Pacífico.

Visión de futuro: La integración y la interdependencia entre vecinos

Esta visión de futuro es la que queda trunca al no verse resuelto el acceso soberano de Bolivia a todo ese vasto y rico mar de posibilidades.

Por ejemplo, solo en el ámbito del comercio bilateral, estudios recientes realizados por la ALADI, expresan que al presente, la relación comercial entre Bolivia y Chile está regida, fundamentalmente, por el Acuerdo de Complementación Económica Nº 22, sin haberse podido desarrollar una mayor arquitectura comercial a pesar de haberse detectado un conjunto de productos con la posibilidad de expandirse, tanto en el mercado boliviano como en el chileno.

De acuerdo a Guillermo Pou Munt, presidente de la Cámara de Exportadores de Bolivia: “Son más de 302 productos que se exportan a Chile, montos evidentemente pequeños, pero clara señal del potencial de crecimiento de este mercado, ¿Por qué no se hace más para ingresar los productos bolivianos a Chile? ¿Por qué Chile no aprovecha mejor las condiciones de su relación con Bolivia? son preguntas que yo mismo me planteo desde hace tiempo y considero que parte de esto se debe a que si bien el boliviano en general es bienvenido en Chile, el mercado no tiene predisposición a la adquisición masiva de los productos de Bolivia, dado que no se ha hecho un esfuerzo real de vinculación y relación comercial entre nuestros países, sobre todo para posicionar la producción boliviana, lo cual no ocurre con el ingreso del producto chileno a Bolivia, que además de no encontrar impedimentos de ningún tipo, ha sido promocionado en el mercado local”.

De hecho, existen productos que Bolivia exporta al mundo pero no a Chile, aunque este país sea demandante de los mismos. En síntesis, los dos países tienen una gran oportunidad de construir un contexto de mayor cooperación e integración vecinal, superando las diferencias históricas y avanzando hacia una visión de futuro compartido.

Una visión compartida del futuro

Una visión estratégica compartida implica la puesta en común de objetivos y capacidades al servicio de un fin realizable en el largo plazo.

Bolivia y Chile deben saber qué vecindad quieren para las próximas décadas, pues las acciones cortoplacistas e individualistas se agotan en poco tiempo y tienen consecuencias imprevistas que derivan en otros problemas sobre los que se aplica más esfuerzo, volviendo a iniciar el ciclo de manera infinita.

En cambio, si Bolivia y Chile optan por compartir una visión estratégica a su relación vecinal, ésta configurará un eje de actuación completamente distinto, conscientes ya de cómo se tejen las redes de la interdependencia regional o mundial, de saber cómo afecta cada movimiento del uno hacia el otro y qué consecuencias tienen la acción y la inacción.

Lo imperativo: Construir una relación de confianza y solidaridad

Para Bolivia y Chile, hoy por hoy, es la única manera de no renunciar a una relación de confianza, mutuamente interdependiente y sobre todo próspera para ambos pueblos y la región es ser solidarios.

Este es un imperativo para resolver sus diferencias y controversias que aún fungen como un lastre en el proceso de integración regional.

En este sentido, es importante tener presente lo que la teoría y la práctica internacional han demostrado, a efectos de entender lo que implicaría un mejor relacionamiento bilateral, es que la interdependencia no equivale simplemente a un incremento cuantitativo de los intercambios o de las interacciones sino que para que ésta se produzca es indispensable que de los intercambios e interacciones se deriven efectos de valor sustantivo para ambos países.

 *Artículo publicado en la edición N° 160 de El Ciudadano

 

Leer el artículo aquí