Raúl Pérez Torres, entre la escritura y la gestión

Es presidente de la Casa de la Cultura de Ecuador y reparte su espacio entre aquello que le demanda la institución y su amor por las letras. Describe su cargo de funcionario como una tarea burocrática, pero cuenta que lo enriquece al ponerlo en contacto con la creatividad de novelistas y artistas de todo el país. Le gusta escribir al amanecer, porque rescata sueños o pesadillas nocturnas. Considera a Rafael Correa como un líder adecuado en un contexto en el que América Latina tiene mucho enemigos.

Rachel D. Rojas (Cubahora)

¿Cómo llega un escritor, poeta, a presidir una institución que traza políticas culturales en un país? Raúl Pérez Torres, ecuatoriano, juega ambos roles. ¿Se divorcia el arte de la burocracia? ¿Cómo crear y además lidiar con el poco presupuesto o la humedad de las paredes del inmueble… al mismo tiempo? El autor de Los últimos hijos del bolero, cuentos presentados durante la 23 Feria Internacional del Libro de La Habana, es también el presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, y con ambas condiciones se siente conforme.

“Ser el presidente de esa institución en verdad es un cargo burocrático. He ocupado dos veces ese puesto. Primero de 2000 a 2004, y luego desde 2012 hasta ahora. Pero es un trabajo que me gusta muchísimo, porque siempre estoy en contacto con las personas adecuadas para mi espíritu. Soy escritor, pero también amo la música y el arte en general. Creo que la Casa de la Cultura es de alguna manera el reflejo del pensamiento ecuatoriano en todos sus órdenes”, confirma.

Ecuador es un país con 23 Casas de la Cultura provinciales, lo cual permite a la institución trabajar conjuntamente con varios colectivos y en diferentes escenarios territoriales. Ese trabajo está habitado “por todos los géneros del arte y el pensamiento”, advierte el escritor: lo enriquece, lo pone en contacto con lo mejor de la literatura ecuatoriana, con los jóvenes y su creación, con las mujeres que se desenvuelven en el campo del arte, cuya proyección le parece “increíble en estos tiempos”… Se trata de un hombre a gusto con su trabajo.

“Siempre le dedico un tiempo a la escritura. Me gusta escribir al amanecer, porque la noche obra como un filtro para mí, desde mis sueños, mis pesadillas, mis ideas. De alguna manera compagino las cosas, y siempre estoy leyendo, presentando músicos, escuchando música; siempre estoy cerca de la pintura, que me gusta mucho, y es mi fracaso, por no saber pintar nada. Pero lo logro porque tengo un gran equipo a mi alrededor, que son especialistas y trabajan muy bien”, explica.

A los que puedan impresionarse, les dejo el dato: Raúl Pérez Torres leyó toda la obra de Dostoievski con apenas 18 años. Solo un dato. Es autor de más de 20 títulos; fue Premio Casa de las Américas en 1979 con En la noche y en la niebla, y Premio Juan Rulfo y Julio Cortázar con Solo cenizas hallarás (1995). Periodista; en la década del ochenta dirigió la revista Letras del Ecuador, de la institución que hoy preside.

“Siempre le dedico un tiempo a la escritura. Me gusta escribir al amanecer, porque la noche obra como un filtro para mí, desde mis sueños, mis pesadillas, mis ideas. De alguna manera compagino las cosas. Pero lo logro porque tengo un gran equipo a mi alrededor, que son especialistas y trabajan muy bien»

Los últimos hijos del bolero, dice, “es un libro horrible de cuentos sobre el amor (sonríe). Me siento uno de esos hijos, en el sentido de la calidez de la época, de la maravilla con la que uno se acercaba a una mujer. Es como un diálogo con otras generaciones. Ese diálogo del bolero está volviendo. Alguien me decía que Luis Miguel había recuperado el bolero, y yo le respondí que el bolero recuperó a Luis Miguel, que es completamente diferente”.

Cortázar decía que el pasado fue un siglo de oro. Y para Raúl la efervescencia de la década del sesenta confirma el axioma. “Es como si todo hubiera pasado en esos años, incluyendo a la Revolución Cubana”, apunta. Pareciera que de esa época heredó la militancia: “Siempre voy a estar dentro de la política, de una política de izquierda, comprometida con la palabra”.

Su relación con Cuba se ha establecido principalmente mediante Casa de las Américas, pero también por las canciones de Silvio Rodríguez, en especial “Óleo de una mujer con sombrero”. En general, la relación de los intelectuales ecuatorianos con Cuba tiene ya una amplia trayectoria de nombres y nacimientos. La Casa de la Cultura Ecuatoriana cumplirá 70 años de fundada el próximo agosto. Su creador fue el escritor Benjamín Carrión, quien también fundó Casa de las Américas, con Haydée Santamaría, en 1959. Jorge Enrique Adoum, un gran poeta ecuatoriano que murió recientemente, también fue un gran amigo de Cuba.

“Con esa institución, la Casa de la Cultura de Ecuador tiene un convenio: allá estamos publicando sus premios, incluso, y otros libros de autores cubanos, y ellos nos están publicando a los ecuatorianos. Eso es importantísimo. Por otro lado, vengo de firmar un convenio con la UNEAC para trabajar juntos hasta en el área del cine.

”También, para el 9 de agosto, que es cuando se cumple el aniversario, vamos a hacer un encuentro que se llama Nosotros los de entonces, y estamos invitando a autores de toda América para conversar sobre lo que hemos hecho, qué ha pasado y adónde nos dirigimos”, anuncia el autor.

“Estas cosas son un enriquecimiento para nuestras culturas —concluye—, para Ecuador, que está viviendo un momento político extraordinario. Nuestra América, de hecho, está viviendo un momento extraordinario, un momento en el que hay que tener mucho cuidado, porque hay muchos enemigos, y estamos conscientes de eso. Creo que tenemos un líder adecuado para este contexto, Rafael Correa. Y en la cultura hay que ir desarrollando ese pensamiento en torno a la unidad, porque la cultura es transversal a cualquier otro proceso económico, antropológico o político”.

 

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