Una despedida y una desestimación

Argentina

Cristina Kirchner se despidió del Congreso con un capital político único. Su último discurso en la apertura de sesiones reveló que cuenta con un apoyo policlasista. Resaltó los logros del gobierno y presentó nuevos proyectos superadores. En medio de la desestimación del Juez Daniel Rafecas a la denuncia del Fiscal Nisman, destacó las contradicciones que el juez descubrió. 

Foto: Infojus

(Fragmentos) Por Mario Wainfeld- Página/12 (Argentina) 

Ayer participaron argentinos de un variado espectro social, con fuerte acento en sectores populares. Un abanico etario amplio, con alta proporción de jóvenes. Personas que fueron “sueltas” con familias e hijos combinadas con sectores organizados o encuadrados. Los territorios, La Cámpora y el Movimiento Evita agregaron número y euforia. Los precandidatos o aspirantes a algo trataron de demostrar capacidad propia de convocatoria.

Esta vez hubo mayor diversidad social, un perfil policlasista, una pertenencia política precisa, todas diferencias con el 18F.

Hay una forma de pensamiento que privilegia a la “gente” sin pertenencia definida, sin banderías y sin militancia. Es perfectamente lícita y válida. Este cronista difiere: la politización, la acción colectiva organizada y las identidades le parecen valores encomiables.

Los que pusieron el cuerpo testimoniaron su apoyo al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Se movieron para bancarla y arroparla en su último discurso ante la Asamblea Legislativa, en un contexto espeso.

La oradora rehúsa hacerlo fácil. Sus discursos desafían reglas de la comunicación política extendidas y, si se quiere, bastante comprobadas. Por lo pronto, son larguísimos. Ayer le puso más de tres hora y media, rondando su record de otros primeros de marzo. Además, explica cuestiones complejas con un vocabulario no concesivo, no promueve un aplauso fácil o hasta lo impide. No se interrumpe para fomentarlo.

” Llevaba casi dos horas ante el micrófono cuando llegó al primer anuncio de proyecto de ley muy potente. Se trata de “la recuperación de la administración estatal de los ferrocarriles argentinos”. Habrá que esperar los detalles de la movida, que sintoniza con la tradición nacional popular “

La multitud la escuchó, elevó la temperatura con ella, se entusiasmo-alegró-enojó al ritmo de los crescendos.

El desendeudamiento externo como legado a los argentinos en particular y al próximo gobierno fue un punto central. Se mejoró el patrimonio colectivo, ensalzó, tras una dura herencia recibida “sin beneficio de inventario”. Sin duda generará controversias o refutaciones, aunque los datos a favor de su postura son apabullantes.

Llevaba casi dos horas ante el micrófono cuando llegó al primer anuncio de proyecto de ley muy potente. Se trata de “la recuperación de la administración estatal de los ferrocarriles argentinos”. Habrá que esperar los detalles de la movida, que sintoniza con la tradición nacional popular. La oradora explicó que no la impulsa un afán estatista genérico, sino la necesidad de una administración seria. Si se alarga el argumento ésa es una clave del derrotero kirchnerista, que fue ampliando los niveles de intervención económica y nacionalización en función de cambios coyunturales o de escenario.

La oradora reclamó que la Corte Suprema rindiera cuentas sobre la investigación del atentado a la Embajada de Israel. La Corte menemista era presidida por el juez Ricardo Levene (h.), una momia que se movió poco. La causa fue un fiasco total. Jamás se supo nada ni tampoco se le dio un cierre en forma legal. La actual y más meritoria composición de la Corte tampoco avanzó o siquiera informó. Se puede inferir que la abandona por imposible pero es correcto pedirle que se haga cargo.

Cristina se preguntó por la pasividad del Estado de Israel respecto de ese atentado.

Al Poder Judicial en general, y a la Corte en particular, les cupo un reproche por su transigencia con las medidas cautelares express que salen como por tubo, tras abundantes fórum shopping. Es otro hecho real, que exorbita las potestades de ciertos jueces.

La Presidenta interpeló a sus adversarios a pensar en términos de “po-lí-ti-ca”, sin cerrazón ni lecturas colonizadas. No primó un aire conspirativo ni se colaron demonizaciones en su cuadro de situación. Reseñó el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos con Cuba y con Irán, como pruebas de un nuevo escenario. Explicó que la interrelación entre Estados Unidos y China es permanente. Sopesó las relaciones comerciales entre Alemania y China como parte de la explicación de la severidad germana respecto de otros Estados que integran la Unión Europea. Describió un mundo interdependiente, interpreta este cronista. Llamó a abordarlo sin anteojeras.

” Se internó en el asombroso documento del fiscal Alberto Nisman, aquel en que pide la intervención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ensalzando la política del Gobierno referida a la investigación de la AMIA. Fue incorporado como prueba al expediente que tramita ante el juzgado de Daniel Rafecas. El magistrado lo describió en detalle. La incoherencia salta a la vista “

Volvió a la carga contra el “partido judicial”. Se internó en el asombroso documento del fiscal Alberto Nisman, aquel en que pide la intervención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ensalzando la política del Gobierno referida a la investigación de la AMIA. Fue incorporado como prueba al expediente que tramita ante el juzgado de Daniel Rafecas. El magistrado lo describió en detalle. La incoherencia salta a la vista, cuesta darle sentido. En todo caso, refleja un asombroso doble standard en documentos emanados del mismo fiscal. Tan chocante es la evidencia que el diario Clarín no la mencionó en la inmensa mayoría de las notas sobre la decisión de Rafecas.

Su despedida del Congreso tuvo abundantes factores comunes con discursos anteriores con una tonalidad especial.

El pueblo soberano resolverá quién la relevará. Entre tanto, se fue del Congreso en su último año con un apoyo que no tuvieron en momentos similares (y por motivos diferentes) presidentes anteriores de otro signo. Raúl Alfonsín levantó nobles banderas y generó avances perdurables pero terminó en caída libre. Carlos Menem eligió un modelo nefasto pero logró revalidarse en las urnas, manteniendo una dañina y engañosa estabilidad económica. Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa debieron irse antes de tiempo envueltos en represiones sangrientas a movilizaciones populares. Bien distintos entre sí, mejores, peores o irrescatables…, a pocos meses de entregar el mando ninguno contaba con el capital político de Cristina Kirchner. Desde ya, el futuro (resultado electoral incluido) no está escrito. La Presidenta, por ahora, sigue en el centro de la escena.

(Fragmentos) Por Horacio Verbitsky- Página/12 (Argentina) 

La resolución del juez Rafecas comienza a poner en orden la escena que en los últimos cuarenta y cinco días se trastocó en forma brutal. El Gobierno no esperaba este desenlace porque maltrató a Rafecas cuando con la misma independencia aceptó la solicitud del fiscal Carlos Rívolo de allanar una propiedad del vicepresidente Amado Boudou. Un sector del radicalismo tampoco le perdona la investigación sobre la ley Banelco. En cambio lo respaldaron los organismos defensores de los derechos humanos, que lo reconocen por su tesis de doctorado sobre la tortura y por sus sistemáticas investigaciones sobre los crímenes cometidos en la Zona de Seguridad del Cuerpo de Ejército I, y las organizaciones de las colectividades armenia y judía, por sus estudios y libros sobre ambos genocidios.

Eso frustró su destitución y no el presunt
o negociado con Eduardo de Pedro que le atribuyó Elisa Carrió, quien sustituye con tales ensueños la carencia cada día más evidente de buena información sobre lo que sucede, hasta llegar a la fantasía de un autogolpe que se daría hoy en el Congreso con apoyo militar.

” La resolución del juez Rafecas comienza a poner en orden la escena que en los últimos cuarenta y cinco días se trastocó en forma brutal. El Gobierno no esperaba este desenlace porque maltrató a Rafecas cuando con la misma independencia aceptó la solicitud del fiscal Carlos Rívolo de allanar una propiedad del vicepresidente Amado Boudou. Un sector del radicalismo tampoco le perdona la investigación sobre la ley Banelco “

Al mismo tiempo que procuraba expulsar a Rafecas, el Gobierno propuso la designación como juez federal del coleccionista de parafernalia nazi Luis Osvaldo Rodríguez, para lo cual desdeñó la muy fundada impugnación del CELS. Integrante de la escudería Stiuso que administra Javier Fernández, Rodríguez es uno de los jueces que hoy acosan al Gobierno con causas disparatadas, como la imputación contra la procuradora del Tesoro de la Nación, Angelina Abbona, por cumplir con su deber de abogada del Poder Ejecutivo, que es defender a quien lo ejerce, ante la acusación de Nisman por un acto de gobierno. Peor aún, en torno de Rodríguez gira la maniobra en curso para desplazar a la fiscal Viviana Fein de la investigación por la muerte del fiscal y enfangar el expediente en el fuero federal, a partir de una causa previa por amenazas que está radicada en su juzgado. Rodríguez también tiene un expediente contra el propio Rafecas, por haberse atrevido a investigar el uso de los dineros de la ex SIDE para pagar los votos que hicieron ley la precarización laboral, y que el actual gobierno derogó. Rafecas se enterará hoy de que su resolución postergó una conferencia de prensa de los peritos designados por la exposa de Nisman, Sandra Arroyo Salgado, para la que los policías bonaerenses Osvaldo Raffo y Daniel Salcedo ya habían comenzado los contactos con periodistas. Raffo fue el perito forense que en 1977 certificó que ni Jacobo Timerman ni Jorge Rubinstein habían sido torturados y en 1984 declaró ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que quienes torturaban a sus víctimas no eran los policías sino los guerrilleros, de lo cual no recordó ni un ejemplo. El informe que ambos pensaban entregar a la prensa aseguraba que la escena de la muerte fue adulterada para ocultar que a Nisman lo asesinaron. Sobre esa base, el juez federal Rodríguez pediría la inhibición de su colega del fuero ordinario Fabiana Palmaghini. Máximo Rosconi, defensor de Diego Cerebrito Lagomarsino, el acompañante de los tours internacionales de compras electrónicas de Nisman en Chile, con ingreso sin aduana garantizado por Antonio Stiuso, participó en forma inusualmente activa en la declaración testimonial de Sergio Berni. Lo interrogó como si fuera un imputado, con repreguntas impertinentes para un testigo. Estuvieron cerca de pasar a los golpes. En apariencia buscaba la declaración de nulidad del primer tramo del expediente. Pero en su infatigable recorrida de medios, el también defensor de Carlos Menem insiste en que no se trató de un suicidio. Esa hipótesis no necesariamente favorece a su cliente (que se convertiría en sospechoso de un crimen) pero encaja con el operativo de traspaso al fuero federal. “Rafecas no sabe que los partió al medio. Por eso lo único que se veía el viernes en televisión y en los portales de noticias era la fiesta de Boca con el debut del otro Daniel Osvaldo y si el vestidito es crudo y dorado o azul y negro”, ironiza desde su despacho judicial alguien que ni forma parte de Justicia Legítima ni se resfrió el jueves 18. “Ahora están pendientes de cualquier cosa que diga CFK sobre el fallo, para volver a la carga”, agrega.

” Este mecanismo se repite varias veces a lo largo de su resolución: para Rafecas la prueba de que no hay delito en el accionar oficial la suministra el propio Nisman, en “una suerte de refutación a sí mismo”. El juez cita por lo menos tres veces en las que Nisman afirma que el Acuerdo no entró en vigor, por lo cual no tuvo efectos jurídicos, “incluyendo los efectos penales”: en las fojas 16, 121 y 180 de su autocontradictoria acusación. “

Nunca es demasiado tarde para que los gobernantes aprendan que un juez serio y decente como Rafecas es algo que no tiene precio.

Sobres lacrados

Alberto Adrian María Gentili, el amigo que Nisman proponía todos los años para cubrir sus licencias, quedó a cargo en forma interina hasta la designación del equipo que lo reemplazaría. Los empleados de la fiscalía le informaron que Nisman había dejado dos versiones de un mismo escrito, listo para su presentación. Después de leerlo, Gentili ordenó guardarlo dentro de un sobre lacrado en la caja fuerte y entregárselo a quien o quienes se hicieran cargo de la fiscalía especial. Se trata de la solicitud al Poder Ejecutivo para que pidiera la intervención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Así esperaba conseguir la cooperación judicial que la República Islámica de Irán se negaba a prestar para que pudieran ser indagados sus nacionales, cuya captura el propio Nisman había pedido en 2006 y que fue el origen de las famosas alertas rojas de Interpol. La secretaria de la Unidad Fiscal, Soledad Castro, certificó en un acta del 20 de febrero que el fiscal había firmado esos documentos en diciembre de 2014 y rubricado sus últimas fojas en enero de 2015 “sin precisar el día”. Rafecas consignó en su resolución el asombro que le produjo constatar que Nisman formula allí una valoración positiva de los pasos que la presidente dio en el tema hasta septiembre del año pasado, es decir un año y nueve meses después de la firma del Memorando de Entendimiento. Si bien Nisman entendía que, a raíz de la negativa iraní a la extradición y al juicio en un tercer país, ese tratado bajaba las exigencias iniciales, no consideraba que su firma constituyera un crimen tipificado en el Código Penal, según sostendría pocos días después, el 14 de enero de este año. “Ante lo expuesto, estimo prudente no formular aquí comentarios” escribió con cierto pudor Rafecas.

Este mecanismo se repite varias veces a lo largo de su resolución: para Rafecas la prueba de que no hay delito en el accionar oficial la suministra el propio Nisman, en “una suerte de refutación a sí mismo”. El juez cita por lo menos tres veces en las que Nisman afirma que el Acuerdo no entró en vigor, por lo cual no tuvo efectos jurídicos, “incluyendo los efectos penales”: en las fojas 16, 121 y 180 de su autocontradictoria acusación.

De frente y de perfil

Basado en la denuncia de Nisman, el fiscal Gerardo Pollicita presentó el requerimiento de instrucción. Rafecas dejó constancia de que Pollicita se basó pura y exclusivamente en la denuncia de Nisman, lo cual puede ser una manera sutil de señalarle que con una simple instrucción preliminar hubiera podido arribar a la misma desestimación que él. Parte de ese camino lo recorrió el propio Rafecas. En una de las escuchas, el falso influyente Bogado se jacta ante su interlocutor musulmán de haber participado en las negociaciones sobre el Memorando de Entendimiento en Ginebra y de haberse reunido por la misma razón con personas de la colectividad judía en Nueva York. Pero “este personaje no registra una sola salida del país en los últimos diez años”, dice Rafecas. El juez también señaló un aspecto menos conocido del dictamen del fiscal Pollicita: “La claridad expositiva y la precisión en la definición de la hipótesis que ha delimitado en su escrito” fijó “el núcleo de la imputación”, lo que permite “despejar cualquier tipo de especulación y conjetura en este punto, sobre todo atendiendo la resonancia e implicancias que la denuncia ha concitado en la opinión
pública nacional e internacional”. Pollicita circunscribió la investigación del presunto plan delictivo al señalar acciones concretas que habrían realizado la presidente y los demás imputados para “liberar de responsabilidad a los iraníes”. Una es la creación de una denominada Comisión de la Verdad, según Nisman “con facultades para asumir funciones de carácter estrictamente judicial en reemplazo del juez natural de la causa y del representante del Ministerio Público Fiscal”. Otra, la notificación a Interpol para que levantara “las circulares rojas”. Como la Comisión nunca se creó, las alertas rojas no se levantaron y la Argentina hizo todo lo que estuvo a su alcance para que siguieran en efecto, no hay delito, ni siquiera en grado de tentativa, concluye el juez.

 

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