La vida que respiraba Lemebel

Chile

El escritor Gustavo Bernal presenta una novela que retrata a través de chispeantes diálogos y realistas situaciones, la intimidad de Pedro Lemebel. A partir de la historia de un joven admirador, refleja su eterno odio a la desigualdad, a la burguesía, a la sociedad y a la adicción que no lo deja en paz. La opinión del propio homenajeado, que leyó el borrador antes de fallecer. 

Marco Fajardo- El Mostrador (Chile)

“Rabiosa” (Editorial Librosdementira), una novela de Gustavo Bernal  (Santiago, 1978) que retrata la intimidad del escritor Pedro Lemebel (1952-2015), será lanzada este viernes a las 19:00 horas en la 35. Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) que se celebra en la Estación Mapocho (Metro Cal y Canto).

En su cuarta novela, Bernal cuenta la historia de Elver Cruzila, un joven aspirante a escritor que a fines de los 90 se hace amigo de Lemebel, a quien admira y toma afecto, en los años en que éste comienza a conocer el éxito y a ser una celebridad.

Cruzila, un desconocido maravillado por la posibilidad de compartir con la incipiente estrella y ex adicto en recuperación,  resiste con éxito el constante cortejo de Lemebel, de quien Bernal logra un vivo retrato a través de chispeantes diálogos y realistas situaciones, en medio de un Santiago popular de los bajos fondos donde se cruza el alcohol, la droga y el desprecio por el establishment.

Con una prosa que mezcla coa y poesía, el libro logra que el lector se haga una idea de la vida que respiraba Lemebel, un artista sin doble cara que siempre se mostró tal y como era, ya fuera en público como en privado.

En un bar

Bernal efectivamente conoció a Lemebel. Este editor, gestor cultural y escritor, que antes publicó obras como “La Puta Gana” (2009), “El lenguaje de los vivos” (2013) y “Olla común”, y que dirige la editorial independiente La Polla Literaria, fue a verlo leer una noche a un bar, en 1998. “Después de eso nos hicimos amigos”, recuerda.

” Bernal logra un vivo retrato a través de chispeantes diálogos y realistas situaciones, en medio de un Santiago popular de los bajos fondos donde se cruza el alcohol, la droga y el desprecio por el establishment. Con una prosa que mezcla coa y poesía, el libro logra que el lector se haga una idea de la vida que respiraba “

“Creo tener claro que mi relación con Lemebel es de escritor a escritor(a)”, escribe Bernal en su novela. “Yo soy un novato en comparación con la Reina Madre. También se sabe que entre hueveo y hueveo, la hormiguita se lo puso al elefante”. El párrafo es un buen ejemplo de lo que abunda en este libro: frases cortas y picardía chilena.

También es cierto que el vate le coqueteó en más de una ocasión. “Pedro era así, le gustaba el mambo”, rememora Bernal. Disfrutaba “las buenas conversaciones, cantar, caminar por Bellavista, comer en la Vega, en fin, se paseaba igual que una coqueta liceana por todos lados”.

“Le gustaba enamorar, enamorarse, pero también sabía y lo tenía muy claro que, nada era cierto…  todo amor se terminaría desvaneciendo como una sal de frutas… Muchas veces hablamos de eso, de lo cretino que uno se vuelve con su corazón y los sentimientos”.

Tampoco faltó su aliento literario al veinteañero Bernal de entonces. No hubo consejos como tales, “sólo que siguiera escribiendo, corrigiendo, revisando los relatos, sacándole las pelusas”. Esas jornadas compartidas le darían forma al libro.

“Lo que hice fue transcribir muchas conversaciones, peladas de cable, salidas al cine, a la radio, paseos por cualquier lugar”, explica. “Una vez que tuve mucho material de estas tardes y noches, lo ordené con esta forma. Creo que quedó una buena novela homenaje de esas jornadas incendiarias”.

Influencia hasta literaria

Lemebel no sólo es un personaje, sino su prosa de alguna forma también sobrevuela constantemente la obra, como cuando Bernal escribe que “estoy en la noche fría, casi tocando las sobras tristes de un festín de muertos, hay cámaras de seguridad por todos lados y la fiebre reaparece con fuerza”.

De hecho reconoce esa influencia. “Claramente hay, al menos en ‘Rabiosa’, un guiño escritural a la pluma lemebeliana”, admite. “Mi idea fue, por esos años, que la gente que algún día se topara con el libro pudiese ver al autor de ‘Tengo miedo torero’ ahí, entre mis líneas y la forma que escogí fue tomando la fotografía de esos años”, dice.

” Lemebel no sólo es un personaje, sino su prosa de alguna forma también sobrevuela constantemente la obra, como cuando Bernal escribe que ‘estoy en la noche fría, casi tocando las sobras tristes de un festín de muertos, hay cámaras de seguridad por todos lados y la fiebre reaparece con fuerza’ ”

La comparación en todo caso se la toma con halago. “Habla que estoy haciendo las cosas bien”, señala. “Alguna vez Lemebel me dijo eso, ‘que tenía buen oído…  pero que quedaría sordo igualmente’, jejeje. Una vez lo grabé, es cierto eso, justamente en la parte del libro que lo dice, lo demás es solo su voz y mi oído, y claramente los recursos literarios que pude explotar”.

Lemebel incluso está en el propio título de la obra, que en palabras de Bernal alude a la rabia está situada en ambos escritores, “uno con odio eterno a la desigualdad, a la burguesía, a la estupidez, el otro muestra su rabia consigo mismo, con la sociedad, por no poder tener todo lo que anhela, y es más aun, carga con una adicción a cuestas que no lo deja en paz”.

“Era sabido del carácter de Pedro, era una dulce muchacha enrabiada, una chica punk moviendo su sari hindú…”.

El juicio de Lemebel

Al final, el propio “homenajeado” alcanzó a leer el borrador de la novela. “Claro, la leyó, al principio no le gustó mucho… me dijo algo así como ‘yo ya escribí mi historia’, pero como vio que no me detendría y que cada vez escribía más, tuvo que resignarse… alguna vez discutimos por eso”.

“En charlas con otros, de pronto hablaban a escondidas y ante mi pregunta de qué hablaban, respondían: ‘tú no puedes saber, luego escribirías todo’, pero bien, igual me enteraba luego, nunca hubo nada privado”, remata.

” Al final, el propio ‘homenajeado’ alcanzó a leer el borrador de la novela. ‘Claro, la leyó, al principio no le gustó mucho… me dijo algo así como ‘yo ya escribí mi historia’, pero como vio que no me detendría y que cada vez escribía más, tuvo que resignarse… alguna vez discutimos por eso’ “

Hoy tal vez sólo queda hablar desde la nostalgia, cuando Lemebel ya se ha instalado en el Olimpo literario.

“Es evidente que iba a transcender, fue un súper escritor, se sabía desde antes de su muerte que esto pasaría, de seguro sus libros se venden mucho más  ahora… mucha gente extrañará su pluma, su agudeza…”, dice no sin tristeza.

“Fue una partida dolorosa para los amigos y para sus lectores en general, en todo el mundo. Recuerdo que le gustaba ver sus libros pirateados, es por eso también que la gente lo quería, no le ponía color con eso, era preciso, agudo, sabía donde incomodar, donde poner énfasis. Tenía sus objetivos muy marcados y claros. Como se dice ahora: Fue el francotirador del pueblo. Creo que Lemebel es uno de esos escritores que no mueren jamás”. 

 

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