Quién gana y quién pierde en Brasil

Brasil

Los proyectos de las candidatas difieren sustancialmente: Marina Silva se acerca al neoliberalismo y representa la ruptura con el modelo de desarrollo económico, mientras que Dilma Rouseff busca continuar con las transformaciones sociales del PT. En el plano internacional, la cercanía a Estados Unidos y distancia con Latinoamérica marca sus diferencias.

 Dilma Rousseff y Lula Da Silva - Foto Ricardo Stuckert Redacción – Latinoamérica Piensa

El proceso electoral brasileño está llegando a su final. El próximo domingo 5 de Octubre, se realizará la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas con una polarización entre dos candidatas principales, la actual presidenta Dilma Rousseff que busca su reelección en nombre del Partido de los Trabajadores (PT) y Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB).

Que dos mujeres estén compitiendo por primera vez por la presidencia del país más grande de América del Sur habla a las claras de un cambio de época, de un enorme avance en la conquista de espacios de poder que hasta no hace mucho tiempo estaban reservados exclusivamente a los hombres. Sin embargo, más allá de las coincidencias de género, se trata de dos proyectos políticos bien enfrentados.

Marina asumió la candidatura del PSB luego de la muerte de Eduardo Campos el pasado 13 de agosto en un accidente aéreo que genera controversias. Entonces ella era la candidata a la vicepresidencia por ese partido. Con el lanzamiento de su candidatura los medios de comunicación trataron de instalar con fuerza su nombre y provocar cierta euforia triunfalista que se tradujo en un aumento en las encuestas. Incluso, se llegó a hablar de la posibilidad de que le ganara a la Presidenta Dilma en una segunda vuelta.

“Lo cierto es que a lo largo de la campaña electoral brasileña se confirma el mismo escenario que se viene dando en toda la región, que la oposición a los gobiernos progresistas latinoamericanos viene de la mano de proyectos neoliberales”

Pero las cosas comenzaron a decantarse, y en los últimos sondeos, con una tendencia en caída constante de Marina, la Presidenta Dilma tiene una ventaja cercana a los diez puntos de diferencia en la primera vuelta, resultando igualmente ganadora en una segunda ronda, que se realizará el próximo 29 de octubre.

Más allá de que los ‘tucanos’ – como llaman en Brasil a los seguidores de Aecio Neves, candidato del opositor Partido Social Demócrata Brasilero (PSDB) del ex presidente Fernando Enrique Cardozo- apoyen a Marina, todo parece indicar que los brasileños tomarán finalmente la decisión de otorgarle un segundo período a la Presidenta Dilma y un cuarto al PT en el gobierno, antes de aventurarse con candidatos que se presentan como nuevas opciones, pero sin embargo generan varias dudas con respecto al futuro y la única certeza de una vuelta al pasado.

Lo cierto es que a lo largo de la campaña electoral brasileña se confirma el mismo escenario que se viene dando en toda la región, que la oposición a los gobiernos progresistas latinoamericanos viene de la mano de proyectos neoliberales. La gran polarización en las próximas elecciones en Brasil, es la misma confrontación que se viene dando en todo el continente entre proyectos progresistas y neoliberales. En esta nota se recogen algunas opiniones de distintos especialistas sobre una pregunta que a esta altura resulta crucial: quién gana y quién pierde entre estos dos proyectos políticos enfrentados.

Dos mujeres, dos proyectos

“Así, son dos mujeres, con lindas trayectorias, que se han encontrado como ministras del gobierno Lula, las que disputan con chances reales la presidencia de Brasil. Una, Marina, ‘seringueira’ junto con Chico Mendes, originalmente identificada con temas ambientales, ahora reciclada para el neoliberalismo puro y duro. La otra, Dilma, militante de la lucha clandestina contra la dictadura, presa y salvajemente torturada, representante escogida por Lula para dar continuidad a su gobierno.

Las dos – Dilma y Marina – tienen significados radicalmente opuestos. Dilma, la continuidad y profundización de las trasformaciones realizadas por el gobierno Lula y por su propio gobierno. La consolidación y extensión de los acuerdos de integración regional que Brasil impulsa, del Mercosur a los Brics, pasando por Unasur, Celac, Banco del Sur, Consejo Suramericano de Defensa.

Marina representa la ruptura con el modelo de desarrollo económico con distribución de renta, favoreciendo un duro ajuste fiscal, favorable a los bancos privados. En el plano externo, significaría la ruptura de todos los grandes acuerdos actuales de Brasil, privilegiando relaciones bilaterales con Estados Unidos y con la Alianza del Pacifico.

Son dos caminos radicalmente distintos representados por las dos mujeres que disputan la presidencia de Brasil: Dilma y Marina.” Emir Sader (1)

Los sectores populares y la clase media

“Marina Silva pretende darle vuelta al modelo económico empezado con el gobierno Lula y continuado por Dilma Rousseff. Ha anunciado su pretensión de darle independencia al Banco Central, con el conocido argumento de que lo sacaría de las influencias, como si las influencias del mercado y de los mismos bancos privados fueran técnicas y no políticas.

A eso se suma un equipo netamente neoliberal, con un ministro de Fernando Collor de Mello y de Cardoso, así como la heredera del Banco Itaú, uno de los más grandes bancos privados de Brasil. Y el anuncio de que bajaría el perfil del Presal, el gigantesco plan de exploración de petróleo en aguas profundas que el gobierno actual lleva a cabo.” Emir Sader

“Las clases populares –el vasto grupo social de pobres, excluidos y discriminados que en los últimos doce años vieron mejorar su nivel de vida con las políticas de redistribución social iniciadas por el presidente Lula y continuadas por la presidenta Dilma– están perplejas, pero tienen los pies sobre la tierra y no parece que puedan ser engañadas fácilmente. Saben que las fuerzas conservadoras que se oponen a la presidenta Dilma están intentando recuperar el poder político que perdieron hace doce años. Conscientes de que la era Lula transformó ideológicamente al país, no pueden hacerlo a través de los medios y de los protagonistas habituales. Para poner fin a esta era necesitan recurrir a alguien, Marina Silva, que evoca esa misma época. En otras palabras, la derecha necesita de un desvío contra natura para llegar al poder. Poco a poco las clases populares van conociendo el programa de Marina Silva y van identificando tanto lo que es transparente como lo que es una mistificación. Es transparente el regreso a un neoliberalismo que permita ganancias extraordinarias como resultado de grandes privatizaciones (de Petrobras a la explotación del pre-sal) y la eliminación de la regulación social y macroeconómica por el Estado. Para eso, se propone la total independencia del Banco Central y la eliminación de las diplomacias paralelas (léase, total alineamiento con las políticas neoliberales de los Estados Unidos y la Unión Europea).

A todo esto se añade que lo verdaderamente nuevo en la candidatura de Marina Silva significa un retroceso político y también civilizatorio. Se trata de la confirmación del avance político del evangelismo conservador. El grupo evangélico ya hoy es poderoso en el Congreso y su poder está totalmente alineado no sólo con el poder económico más depredador (la bancada ruralista), al que la teología de la prosperidad confiere un designio divino, sino también con las ideologías más reaccionarias del creacionismo
y la homofobia. De ser elegida, Marina Silva llevará esos espantajos ideológicos al Palacio del Planalto, para que desde allí prediquen sobre el fin de la política, la ilusión de la diferencia entre izquierda y derecha, y la unión entre ricos y pobres. Quitando el barniz religioso, se trata, de algún modo, del regreso por vía democrática a una ideología que justificó la dictadura, en el año en que Brasil celebra el más largo y más brillante período de normalidad democrática en su historia (1985-2015).

“Conscientes de que la era Lula transformó ideológicamente al país, no pueden hacerlo a través de los medios y de los protagonistas habituales. Para poner fin a esta era necesitan recurrir a alguien, Marina Silva, que evoca esa misma época”

Lo que las clases populares y sus aliados parecen no saber es que no basta con querer que la presidenta Dilma gane las elecciones. Es necesario salir a la calle a luchar por eso. Por el contrario, los adversarios de ella lo saben muy bien.” Boaventura de Sousa Santos (2)

“Realmente lo que está en juego en Brasil es si los electores le renuevan el mandato al PT luego de tres gobiernos seguidos, los dos del ex presidente Lula y este primero de la presidenta Dilma que entro otros muchos resultados lograron que entre 2002 y 2012 los brasileños que viven en la pobreza pasaron de ser el 26% al 10% -en lo cual hay que decir fue muy eficaz la política llamada ‘bolsa familia’, trasplantada acá [Colombia] por los gobiernos Pastrana y Uribe con la denominación ‘familias en acción’ pero sin igual impacto socioeconómico-, situaron al Brasil entre las economías y los países más importantes del mundo, las llamadas potencias emergentes, específicamente los BRICS, junto con Rusia, China, India y Suráfrica.

Ahora bien, las elecciones se van a realizar en un periodo en el cual el comportamiento de la economía brasileña, luego de varios años de crecimiento, está en una especie de ‘enfriamiento’, lo cual ha generado descontento en sectores de clases medias que justamente en la medida en que mejoran sus condiciones de vida y de capacidad de consumo, tienden a ser más exigentes con sus gobernantes; esto se evidenció con claridad en las protestas realizadas antes del mundial de fútbol, en las cuales el grueso de los manifestantes fueron miembros de estas clases medias. Los sectores sociales populares en su amplia mayoría apoyan al PT y la reelección de la presidenta Dilma. 

Esto tiene que ver con varias incertidumbres que genera la candidata Marina Silva, ha sido muy vacilante en política -fue militante del PT, de hecho ministra del Ambiente del Presidente Lula-, tiene una militancia religiosa con los evangélicos lo cual la hace ser contraria a temas sensibles en sociedades modernas como el aborto, el divorcio, etc.” Alejo Vargas Velásquez (3)

El Mercosur frente al ALCA

“Desde que, como una de sus primeras posturas internacionales, el gobierno de Brasil –encargado, junto con Estados Unidos, de concluir las negociaciones del ALCA– ha bloqueado el proyecto estadounidense de un área de libre comercio, las posiciones de los dos países han comenzado a distanciarse. Desde entonces, las diferencias sólo han aumentado.

Las decisiones recientes sobre el BRICS han cristalizado la inserción de Brasil en un proyecto de creación de un mundo bipolar, que es lo que más contradice y contraría a Washington. Barack Obama ha tratado de minimizar las diferencias, pero ni siquiera el envío de Joe Biden a Brasil ha logrado que Dilma Rousseff definiera una fecha para la visita a Estados Unidos, suspendida frente a las denuncias de espionaje por este país.

De repente Estados Unidos ve aparecer una candidata a presidenta –que ya llegó a verse como favorita– que plantea, en el plano internacional, todo lo que a Washington le gustaría. Bajar el perfil del Mercosur y establecer acuerdos bilaterales –se supone que, antes de todo, con Estados Unidos–, elogiar a la Alianza para el Pacífico, criticar las decisiones del BRICS, así como subestimar el rol de Unasur y del Consejo Sudamericano de Defensa, entre otros organismos internacionales que hoy son pilares esenciales de la política exterior brasileña.

“Lo que está en juego en Brasil en estas elecciones es si el país sigue como aliado esencial de América Latina y del sur del mundo o si vuelve a ser un satélite de Estados Unidos”

No es simple imaginar las consecuencias de una eventual victoria de Marina Silva, a partir de esas posiciones. Sería el más amplio avance de Estados Unidos en mucho tiempo, después de su aislamiento cada vez más grande en América Latina y en el sur del mundo. Eso es, en primer lugar, lo que está en juego en las elecciones de Brasil y que las hace tan importantes.

Lo que está en juego en Brasil en estas elecciones es si el país sigue como aliado esencial de América Latina y del sur del mundo o si vuelve a ser un satélite de Estados Unidos. Además está en juego también saber si el modelo de crecimiento económico con distribución de la renta sigue adelante o será sustituido por modelos de ajuste fiscal, con retracción del Estado y centralidad del mercado.

En un país que ganó tanta proyección internacional desde el gobierno de Lula, por la prioridad del combate al hambre y de los procesos de integración regional e intercambio sur-sur, esos avances son los que están en juego. Después de un lanzamiento espectacular de su candidatura, Marina ve estancado su crecimiento y ha empezado a perder votos: Dilma Rousseff ha vuelto a ser la favorita para ganar. Pero la disputa está todavía abierta, así como quién gana y quién pierde en las elecciones brasileñas.” Emir Sader

 

(1) Emir Sader es sociólogo y cientista político. Coordinador del Laboratório de Políticas Públicas de la Universidade Estadual do Rio de Janeiro (Uerj).

(2) Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho.

(3) Alejo Vargas Velásquez es profesor de la Universidad Nacional de Colombia.