Qué culpa tiene el tomate

A falta de oposición política, los medios de comunicación volvieron a ocupar ese rol en la Argentina para azuzar a la sociedad con un nuevo fantasma: la escasez del tomate. En rigor, se trataba de hacer fracasar el reciente compromiso asumido entre el Gobierno nacional, los supermercados, los distribuidores y sus principales proveedores para una administración de precios de referencia durante todo 2014. Según malos presagios, el tomate superaría los 40 pesos por kilo, pero cumplido el plazo, el aumento no sucedió.

Kirchnerismo

Fabián Rodríguez – Télam (Argentina)

Una vez más, como suele ocurrir en nuestro país desde hace algunos años, se cumplió el plazo en el que se suponía que tenía que pasar algo y finalmente no pasó nada.

En este caso, la profecía no cumplida tuvo como protagonista al tomate, un producto de consumo que entra en el denominado grupo de los “insustituibles”, para el que se predijo un faltante que conspiraría contra el reciente compromiso asumido por el Gobierno nacional, los supermercados, los distribuidores y sus principales proveedores para una administración de “precios de referencia” durante todo 2014.

La historia es tan reciente como repetida: apenas conocido el pronóstico, los medios de comunicación que a falta de políticos opositores con pensamiento propio digitan la agenda de críticas al kirchnerismo, volvieron a subestimar la capacidad de reacción del Gobierno nacional y decretaron el prematuro fracaso del acuerdo de precios en curso.

 

“Los medios de comunicación que a falta de políticos opositores

con pensamiento propio digitan la agenda de críticas al kirchnerismo,

volvieron a subestimar la capacidad de reacción del Gobierno nacional.”

Ramplón pero al fin de cuentas dañino, el presagio propalado por los editorialistas de los diarios que siempre anticipan lo que no va a ocurrir decía que en diez días, el precio del tomate superaría la barrera de los 40 pesos por kilo, dinamitando la primera gran política de gestión de un equipo económico que además trabaja en tándem con un Jefe de Gabinete que de esto también entiende algo.

Párrafo aparte para las plumas excelsas que bajan líneas desde los diarios de derecha fundados en el siglo pasado: acartonado en un molde de previsibilidad fabricado en la década del sesenta por el llamado “Nuevo Periodismo”, los columnistas de diarios como Clarín, La Nación, El Cronista o Perfil, fingen un compromiso con el lector que no se corresponde con sus realidades. Dicho de otra forma, escriben sobre problemas que no tienen o que ni siquiera conocen, ¿O acaso alguien se encontró alguna vez con Joaquin Morales Solá en una verdulería

Volviendo a la cuestión del tomate, vale decir que gracias a este noble producto y a pesar de los agoreros del caos, el Gobierno nacional tuvo la oportunidad de demostrar trabajo en equipo y rápida reacción en la resolución de una hipótesis de conflicto: bastó el anuncio de una simple medida pensada para garantizar el abastecimiento y el precio de un producto que integra la canasta básica (en este caso, “importar tomate”), para que todo se ordenara y las cosas volvieran a su lugar.

En los hechos, la postura tomada por el Gobierno a través del equipo que encabezan el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía, Axel Kicillof, dejó en claro que no se va a tener ninguna contemplación con lo movimientos especulativos que pretendan socavar el poder adquisitivo de los trabajadores.

Cumplido el plazo previsto por los pronosticadores, el supuesto aumento no sucedió, y habrá que viajar en agosto a la ciudad española de Buñol para presenciar una verdadera guerra de tomates, porque en nuestro país, mientras haya precios cuidados, aunque el tomate se consigue a $11.50 el kilo, no da para andar tirándoselo  a un vecino en la cara.

 

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