Punto de equilibrio multipolar

Venezuela
Bruno Sgarzini

El capitalismo avanza hacia un nueva era en la que los Estados-naciones serán sustituidos por corporaciones-Estados, según el intelectual ruso Andréi Fursov. Los poderes globales se están desplegando alrededor del mundo con una nueva división internacional del trabajo. El gobierno bolivariano acelera la ruptura con el sistema financiero y económico occidental.

El presidente Maduro con la imagen de fondo del Libertador Simón Bolívar - Foto: Presidencia

Bruno Sgarzini – Misión Verdad (Venezuela)

Este lugar común del análisis político, bastante obviado por los “expertos”, es de vital importancia para comprender el proceso de corrimiento lento y progresivo no sólo del punto de equilibrio de Venezuela, sino también a nivel global, en un incierto ciclo del capitalismo y la especie humana sin punto de salida visible a corto plazo.  

Una breve historia

Sólo con ir décadas atrás podemos encontrar momentos de alta inestabilidad en los que luego se dio un corrimiento del punto de equilibrio para posibilitar una concentración mayor de las riquezas, con una consecuente reducción del valor de la fuerza laboral o mercancía humana, como en realidad somos medidos por los dueños.

Con irnos a finales de los 80 nos encontramos con una hiperinflación galopante, ola de saqueos y la primera rebelión contra este nuevo punto de equilibrio, el Caracazo. Punto de equilibrio, digamos, que luego llegó a poner orden con el Consenso de Washington y las dictaduras de mercado hoy consolidadas en Chile, Perú, México y Colombia, y en disputa en Argentina, Brasil, Venezuela, Bolivia y Ecuador, por citar los casos más evidentes.

Pero si nos trasladamos más hacia atrás, digamos que a la turbulenta década de los 70, encontramos otro gran trauma colectivo que fueron las dictaduras militares, que no nacieron de un repollo sino de una estrategia global planificada por Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos, así como también como consecuencia y necesidad de reducir la fuerza laboral concentrando mayores riquezas para poder competir y reinyectar algo de espíritu al capitalismo occidental.

Podríamos también referirnos al neoliberalismo, al ingreso de la especulación financiera como principal fuente de acumulación sustituyendo a la producción a nivel global, pero lo importante es recordar un hecho importante de la estrategia de la década de los 70: la creación de una interesada atmósfera de caos, inestabilidad, usada por los militares para legitimarse como factores de orden frente a la posibilidad de una guerra civil entre los revolucionarios y la extrema derecha.

Lo global

Decimos que es importante porque, como afirma el intelectual ruso Andréi Fursov, el capitalismo avanza hacia un nueva era en la que los Estados-naciones van a ser sustituidos por corporaciones-Estados.

Y si esto lo vemos en la perspectiva de la conformación de áreas de libre comercio, como la anunciada en los megatratados de libre comercio de Estados Unidos, nos damos cuenta de que los poderes globales se están desplegando alrededor del mundo con una nueva división internacional del trabajo, a precio de un shock sobre los salarios de los países en desarrollo y desarrollados, porque los Monsanto, Exxon Mobil o Coca Cola no tienen patria y deben abandonarla para competir por su porción de mercado mundial.

Entonces el corrimiento del punto de equilibrio es que el banco de bancos del mundo, la FED, suba la tasa de interés, presione a la baja el precio de lo que venden los pobres, las materias primas, e inicie una guerra de divisas que acelere la competición por mercados y la firma de acuerdos de libre mercado para agarrarse de una madera que flote después de saltar del Titanic.

Que Oxfam informe que 62 personas tienen la mitad de la riqueza generada en el mundo es tan sólo una foto de una película con desarrollo, tiempo y final incierto.  

Lo local

Las acciones del Gobierno Bolivariano y la presión externa han acelerado el proceso de acercamiento al mundo multipolar, al mismo tiempo que se desengancha del sistema financiero y económico occidental. En esta línea se puede citar la diversificación de exportaciones, el acercamiento a un horizonte de fin de pago de los créditos externos con bancos occidentales, la sincronía con China y Rusia bajo una misma estrategia, la consolidación de Petrocaribe y la neutralización de las amenazas regionales.

Este acercamiento al punto de equilibrio multipolar, contrario al occidental, también indica que en unos años el margen de maniobra bolivariano aumentará cuando el mundo occidental acelere su caída, si eso, además, se materializa con una mayor producción nacional y el ascenso de las comunas como factor de soberanía y defensa del territorio.

Ahora, tampoco hay que engañarse porque los dos puntos de equilibrio son extremadamente diferentes, ya que representan distintos estadios del capitalismo y por lo que también hay que fijar que éste, si es bolivariano y revolucionario, debe moverse constantemente hacia un nuevo sistema, irreductiblemente, para sortear la trampa de disminuir costos para aumentar ganancias.

Esto hay que entenderlo con claridad: el ritmo occidental es acelerado, es de vanguardia, a costa de la humanidad, porque debe serlo así para sobrevivir. Y el ritmo multipolar es de otra manera porque todavía aún le resta capacidad de desarrollarse y posee condiciones para una humanidad más tolerable por un tiempo histórico más, hasta que caiga en la misma necesidad que sus rivales.

El aquí y ahora

Nosotros, los chavistas, debemos ponernos en este punto de bifurcación y no sólo comprender la estrategia del enemigo de generar alta inestabilidad, proyectar una guerra civil, para luego erigirse en factores de orden o desorden a lo Libia, sino también comprender lo que nos marca la historia en las antesalas del corrimiento de los puntos de equilibrio del capitalismo. 

Si observamos, por ejemplo, el caso de los 70 nos confrontamos con el azuzado choque entre izquierda y derecha para legitimar y darle un relato ficticio a las dictaduras militares, por lo que algunas preguntas que nos tenemos que hacer cuando el presidente Maduro afirma que se está “buscando un Pinochet” y ciertos militares bolivarianos tienen declaraciones que van de extrañas a sospechosas, como si se autopostularan como un tercer sector, o nivelador, en un “gobierno de transición”.

Sin lugar a dudas, el momento político implica una gran altura política y ubicación en el momento histórico para recuperar la credibilidad, ya que medir los tiempos políticos locales y proyectarlos hacia el futuro también requiere despojarse tanto del principismo como del pensamiento de mimética, cuando hechos políticos como la instalación de la nueva Asamblea pretenden ser vendidos como un “nuevo pacto”, y no como una batalla política de esta larga guerra no convencional. 

Sólo citando estas particularidades, sólo comprendiendo que este proceso se da en un contexto del capitalismo que incluirá traumas colectivos de la especie, es que podremos acompañar a los nuestros a lo que viene, de donde saldremos caminando, citando a Otto René Castillo, al lado de la patria y de los nuestros.

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