Golpes suaves con la misma fórmula

Brasil

Los intentos de desestabilización contra el gobierno de Dilma Rousseff son similares a los que están ocurriendo en Argentina. Tras la mascarada moralizante, la derecha aprovecha los problemas de las gestiones para justificar el fin abrupto del gobierno legítimo. Los delitos de corrupción deben ser juzgados, pero no pueden servir como pretexto para los golpes suaves bajo ningún punto.

Dilma Rousseff- Foto: El País

Roberto Follari- El Telégrafo (Ecuador)

El PT con sus aliados acaba hace pocos meses de ganar claramente la presidencia del Brasil. Es insólito que haya quienes, si desean reemplazar a la Presidenta, no esperen a las próximas elecciones, sino que apelen a toda clase de medidas -algunas lindantes en la ilegalidad- para hacerlo ahora, sin que se haya cumplido siquiera un ciclo inicial de su mandato.

En Argentina mejoró la situación del Gobierno esta semana, a partir del fallo del juez Rafecas que confirmó a la denuncia judicial contra la Presidenta como caprichosa y sin fundamento. Además, hubo un impecable discurso presidencial de Cristina Fernández de Kirchner el día domingo, cuando una formidable movilización popular puso alrededor de 400.000 personas en las calles para apoyarla. En Venezuela, el Gobierno pidió la salida de parte de la delegación diplomática de Estados Unidos, acusada de intervención desestabilizante; el gigante del Norte prepara su respuesta (mientras se entretiene en el cinismo de rechazar la energía atómica de Irán, en tanto EE.UU. y su aliado Israel están repletos de ella para fines de agresión militar).

 “Es cierto que los hechos lamentables en Petrobras deben ser llevados concienzudamente a la justicia, pero de ningún modo ellos configuran un pretexto para burlar la soberanía popular expresada en las urnas. La intentona desestabilizante -sinuosamente golpista- disfraza sus intenciones tras la mascarada moralizante “

En el caso de Brasil, la situación es de clara defensiva para el gobierno de raigambre popular: en el Sur de ese país un cúmulo de camioneros ha decidido hacer toma de rutas, por las que se impide el tránsito de personas, así como la llegada de alimentos y vituallas a las ciudades. Esto produce, obviamente, la angustia, cuando no la furia de parte de la población. A la vez, se prepara una marcha para pedir la renuncia de la Presidenta. Es cierto que los hechos lamentables en Petrobras deben ser llevados concienzudamente a la justicia, pero de ningún modo ellos configuran un pretexto para burlar la soberanía popular expresada en las urnas. La intentona desestabilizante -sinuosamente golpista- disfraza sus intenciones tras la mascarada moralizante que, como bien se sabe, ha sido múltiplemente usada para justificar la baja ilegal de gobiernos legítimos. Ninguna corrupción es aceptable, pero abundan protestas contra la corrupción que son inaceptables, en tanto ellas esconden intenciones no confesables.

Brasil es la mitad de América del Sur en tamaño geográfico, en peso macroeconómico y en cantidad de población. Es decisivo para todo el subcontinente lo que allí pase. Las fuertes maniobras que inventaron una candidata que de pronto pareció que podía superar a Dilma Rousseff en la campaña se continúan ahora con otras acciones acordes al nuevo momento. Sobran quienes desde el stablishment, cuando no tenían éxito con los votos, apelaban en previos tiempos a las botas militares. Y ahora lo hacen al tristemente célebre ‘golpe blando’ desestabilizador, poniendo a la derecha política en el rol de agitar abiertamente en las calles.

 

Emir Sader- Alainet (Ecuador)

La derecha latinoamericana nunca estuvo tan débil. Pierde sucesivamente elecciones en países como Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, El Salvador. Nunca estuvo tanto tiempo desalojada del gobierno en esos países como ha estado en este siglo.

Las trasformaciones sociales llevadas a cabo por los gobiernos de esos países, los avances en los procesos de integración independientes respecto a los Estados Unidos de América (EUA), la recuperación del rol activo del Estado, han llevado al aislamiento de la derecha en la región. El fracaso de los gobiernos neoliberales y su incapacidad de formular otra alternativa, hacen con que paguen el precio de los daños causados por ese modelo y voten en contra de los que lo representan.

Los EUA siempre han jugado con la división y la competencia entre gobiernos de la región para mantener su poder. Fue así, por ejemplo, a lo largo de todo el proceso de renegociación de las deudas de los países, que nunca han logrado hacerla colectivamente.

Golpe durísimo en ese jugo fue la sólida alianza establecida entre los gobiernos de Argentina y Brasil, con la elección de Lula y de Néstor Kirchner para presidir dos de los tres más grandes países de la región. Esa alianza, que nunca fue tan sólida entre Argentina y Brasil, es el eje a partir de la cual los procesos de integración regional se consolidan y se expanden, factor del más grande aislamiento de EUA en América Latina.

“Es la misma derecha que no se resigna a que sean gobiernos populares – que no por acaso se identifican con los gobiernos de Perón y de Vargas – los que rescaten a Argentina y Brasil de los desastres producidos por la derecha durante las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales”

Las derechas argentina y brasileña tienen enormes similitudes, porque ambas se han reorganizado alrededor de los dos más importantes gobiernos populares que han tenido esos países en el siglo XX: los de Perón y de Getulio Vargas. Por ello son derechas elitistas, oligárquicas, racistas, antinacionales.

Es la derecha la que intentó tumbar a Vargas en 1954 y lo llevó al suicidio. Es la que tumbó a Perón en 1955 y llevó Argentina a iniciar el ciclo de las acciones militares gorilas en la región. Es la derecha la que dio finalmente el golpe en Brasil en 1964 e instauró la más larga dictadura militar en la región. Es la misma derecha que intentó hacer lo mismo en 1966 en Argentina, pero vio frustrado su golpe. Tuvo que volver a la carga en 1976, para cerrar el círculo de terror de las dictaduras en el Cono Sur.

Es la misma derecha que no se resigna a que sean gobiernos populares – que no por acaso se identifican con los gobiernos de Perón y de Vargas – los que rescaten a Argentina y Brasil de los desastres producidos por la derecha durante las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales. De nuevo sienten que la promoción de los derechos de las grandes mayorías populares dan la base de sostén a esos gobiernos y profundizan su odio a esos gobiernos y a sus bases populares.

Los pretextos son similares: la situación económica seria caótica, como si la que han dejado como herencia a estos gobiernos no fuera catastrófica. La corrupción, como si no fueran sus gobiernos militares y neoliberales los que han protagonizado los casos de corrupción más grandes de la historia de esos países, especialmente en los procesos de privatización de los bienes públicos.

“Lo hacen como forma de intentar desgastar a los gobiernos de Cristina y de Dilma. No tienen formas democráticas, transparentes, de oponerse a los gobiernos de esas dos grande mujeres latinoamericanas, mujeres de trayectoria, de coraje, de compromiso con la defensa de los intereses populares, de sus países y de América Latina. Ni tienen razones, ni apoyo para cualquier intento de derrumbar a esos gobiernos”

Amenazan con nuevos golpes, con impeachment –procesos en los que solo ellos creen -, porque no tienen confianza en obtener mayoría para triunfar en las elecciones, a pesar de contar con el monopolio de los medios de comunicación como su gran triunfo. Lo hacen como forma de intentar desgastar a los gobiernos
de Cristina y de Dilma. No tienen formas democráticas, transparentes, de oponerse a los gobiernos de esas dos grande mujeres latinoamericanas, mujeres de trayectoria, de coraje, de compromiso con la defensa de los intereses populares, de sus países y de América Latina.

Ni tienen razones, ni apoyo para cualquier intento de derrumbar a esos gobiernos. De lo que tratan es de poner obstáculos a que los programas sociales de esos gobiernos sigan adelante, superando las terribles herencias que han recibido de la derecha y consolidando cada vez más el apoyo popular a sus gobiernos.

Los medios de comunicación internacionales suelen reflejar lo que la prensa de derecha de esos países publica diariamente, contribuyendo a difundir una versión falsa de lo que realmente pasa. Son estos poderosos grupos monopolistas de los medios internacionales – que tienen en el Wall Street Journal, Financial Times, The Economist, El País algunos de sus órganos más conocidos-  los que se hacen eco de la guerra que las derechas latinoamericanas hacen diariamente, buscando crear imágenes internacionales negativas de esos gobiernos. Felizmente ya hay órganos alternativos, que permiten que la verdadera cara no solo de Argentina y de Brasil, sino también de Uruguay, Venezuela, Ecuador,  Bolivia y  Cuba, puedan llegar a sectores cada vez más amplios de la opinión publica mundial.

 

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