Los pobres crónicos de América Latina

Latinoamérica 

A pesar de que entre el 2000 y 2012 la región tuvo un desarrollo económico sin precedentes y disminuyó la pobreza como nunca antes, hay un sector de la población que no se pudo beneficiar de estos logros: los pobres crónicos. Aunque este fenómeno no se dio en los países de mayor crecimiento que impulsaron políticas sociales efectivas,  como Argentina y Uruguay. 

Foto: AFP

Redacción- Revista Humanum (PNUD) 

Para el año 2012 uno de cada cinco latinoamericanos sufría pobreza crónica desde 2004, es decir, más de 130 millones de personas han sido crónicamente pobres según el último informe del Banco Mundial «Los olvidados. Pobreza crónica en América Latina y el Caribe». Además, la mayoría de las personas que salieron de la pobreza en la década del 2000 no llegaron a ser parte de la clase media sino que ingresaron en un sector ‘vulnerable’, que permanece en riesgo de volver a caer en la pobreza. Este estudio se centra en analizar a los pobres crónicos de la región, quiénes son y dónde están y cómo tienen que cambiar las políticas y la forma de pensar para poder asistirlos de manera más efectiva.

Entre los años 2000 y 2012 la región tuvo un desarrollo económico sin precedentes y disminuyó la pobreza sustancialmente. Exactamente, la pobreza se redujo más de 16 puntos porcentuales en una década, del 41,6% en 2003 a 25,3% en 2012. La pobreza extrema pasó de 24,5% a 12,3%. 70 millones de personas salieron de la pobreza durante esos años. La clase media también aumentó de alrededor del 23% de la población en 2003 a 34% en 2012 y en el año 2010 superó, por primera vez, al número de personas pobres según el estudio. No obstante, la región todavía no es una sociedad de clase media.

Actualmente, uno de cada cuatro latinoamericanos sigue siendo pobre. Algunos de ellos son los denominados pobres ‘transitorios’, que han caido temporalmente en la pobreza. Otros son los pobres ‘crónicos’, que nunca han conseguido salir de la pobreza. Los pobres crónicos no se han beneficiado de las tasas de crecimiento de la década del 2000 y según el informe “pueden haberse escurrido entre las grietas del sistema de asistencia social: han sido olvidados”. Y es posible que la mejora de las perspectivas del mercado laboral no sea suficiente para que los pobres crónicos salgan de la pobreza. El crecimiento de la década del 2000 no ayudó a los pobres crónicos a salir de su situación por dos motivos según el informe del Banco Mundial:

*Los países con las tasas más altas de pobreza crónica fueron los que menos crecieron

» Actualmente, uno de cada cuatro latinoamericanos sigue siendo pobre. Algunos de ellos son los denominados pobres ‘transitorios’, que han caido temporalmente en la pobreza. Otros son los pobres ‘crónicos’, que nunca han conseguido salir de la pobreza. Los pobres crónicos no se han beneficiado de las tasas de crecimiento de la década del 2000 «

*Los hogares crónicamente pobres tienden a ser más pobres que los hogares originalmente pobres que lograron escapar de la pobreza, lo que significa que el crecimiento económico no fue suficiente para sacar a los pobres crónicos de la pobreza

La geografía y el contexto suelen caracterizar la pobreza crónica. Este tipo de pobreza varía tanto entre los países como al interior de los países. Uruguay, Argentina y Chile tienen las cifras más bajas de pobreza crónica, con tasas de alrededor del 10%. En el lado contrario están Nicaragua, Honduras y Guatemala con las tasas más altas de pobreza crónica que varían entre el 37% en Nicaragua y el 50% en Guatemala, tasas más altas que el promedio regional que está en el 21%. Dentro de cada país se observan grandes diferencias. En Brasil, por ejemplo, Santa Catarina tiene una tasa de pobreza crónica de aproximadamente 5% que es más baja que la media nacional de 20% y se asemeja más a la media de Uruguay, el país con mejores resultados en este aspecto en la región. En cambio, cerca del 40% de los habitantes de Ceara son crónicamente pobres, el doble de la media nacional y comparable con Honduras.

Los pobres crónicos tienen más obstáculos para acceder a la fuerza laboral y dependen relativamente más de ingresos no laborales. Suelen ser también más activos en sectores de baja productividad o de subsistencia.

La igualdad de género también es fundamental para reducir la pobreza pero en 2012 la participación femenina en la fuerza de trabajo en casi todos los países entre los hogares crónicamente pobres estaba 16 puntos porcentuales por debajo de los no pobres.

El tipo y la calidad de las instituciones nacionales y locales se reflejan en el bienestar y en la pobreza crónica. Para los pobres es más fácil salir de la pobreza si se les escucha y se toma en cuenta su opinión. Por ello, para acabar con la transmisión de la pobreza de padres a hijos el informe indica que, entre otras cosas, es importante diseñar políticas con objetivos claros, específicos y medibles y difundir claramente las competencias, responsabilidades y sistemas de rendición de cuentas para la ejecución de cada intervención. También sería necesario proporcionar incentivos para coordinar que trasciendan la buena voluntad, desarrollando un sistema de rendición de cuentas que recompense el buen desempeño y evitar que las políticas sociales sean vistas como un gasto ineficiente sino como esfuerzos de desarrollo de los países.

 

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