Persiana americana

Argentina

Una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires rinde homenaje a las mejores expresiones culturales americanistas e indigenistas de la primera mitad del sigo pasado. Revela la elite de pintores que viajaron al nordeste para imbuirse de sus paisajes y modos de vida. Su mirada estaba puesta en la valoración del mestizaje y lo nacional. Un pasado silenciado.

Alfredo Guido "La Chola desnuda"

Aníbal Cedrón – Caras y Caretas (Argentina)

La hora americana es el resonante título de la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes (Mnba), que según sus curadores, Roberto Amigo y Alberto Petrina, tiene un afán reivindicatorio de las corrientes estéticas americanistas e indigenistas –en especial de raíz andina–  de la primera mitad del siglo: “Esta exposición rinde cuentas por un pasado artístico expresamente silenciado o menospreciado durante demasiado tiempo. Y no es casual que se la pueda concretar recién en esta hora. Nuestro Museo Nacional de Bellas Artes tardaría más de un siglo en incorporar a su guión permanente el Arte Precolombino, acción que lleva a cabo durante la última década, modificando una cronología cultural exclusivamente eurocéntrica”, dicen los curadores.

En sintonía, hay un guión curatorial bien fundamentado en cuanto a lo temático y a la exhibición de la multiplicidad de actitudes estéticas y tratamientos artísticos convergentes que se observa en el recorrido de una amplia selección de 120 piezas, entre pinturas, dibujos, esculturas, proyectos arquitectónicos, objetos arqueológicos y películas documentales (más revistas, libros, partituras, catálogos y música) datadas dentro del período 1910-1950 y provenientes de colecciones públicas y privadas de Buenos Aires, La Plata, Rosario, Santa Fe, Jujuy, Tilcara, Humahuaca y Bariloche. 

También funciona como sostén de varias de las ideas estéticas y planteos desarrollados en la exposición, el ensayo Eurindia, de Ricardo Rojas, publicado en 1924, en el que retoma  otro de su autoría aunque muy anterior, La restauración nacionalista, de 1909. El escritor sostiene que las particularidades como la cuestión territorial (la tierra), la memoria, la cultura y la tradición contribuyen a definir a los habitantes de una nación, sumadas a las características universales de la humanidad como tal.  

La muestra nos revela la elite de pintores que viajaron al nordeste para imbuirse de sus paisajes y modos de vida. Su mirada estaba puesta en la valoración del mestizaje y en la interioridad nacional, en tiempos que los viajes formativos e iniciáticos se orientaban a Europa y en contraposición a la visión de ultramar de la ciudad-puerto Buenos Aires.

“Esta exposición rinde cuentas por un pasado artístico expresamente silenciado o menospreciado durante demasiado tiempo. Y no es casual que se la pueda concretar recién en esta hora”

Frente a la Buenos Aires eurocéntrica, la exhibición señala a la ciudad de Rosario como un foco americanista a pesar de su cosmopolitismo, porque combina su creciente condición “gringa” con su localización, que oficia de puerta y articulación hacia el interior del país. Aquí se ejemplifica con obras de los hermanos Guido: Ángel (arquitecto) y Alfredo (pintor).

El guión de la muestra también se detiene en las expediciones arqueológicas de Juan  Ambrosetti y Salvador Debenedetti -del Museo Etnográfico de la UBA-, y la mirada que construye un imaginario de cuño incaico, entre lo histórico y la ficción literaria. Otro núcleo analiza las relaciones entre arquitectura y naturaleza, en donde se producen combinaciones de rescate del pasado colonial y algunas de sus vertientes, y su relación con el paisaje (los Guido, Malanca y Ramoneda, entre otros).

El capítulo siguiente remite al indianismo que logra ser premiado en el Salón Nacional (obras de Jorge Bermúdez, José Antonio Terry, Pompeyo Boggio), destacándose La chola desnuda (1924) de Alfredo Guido y sus tensiones entre el tema americanista y el tratamiento derivado de la escuela europea.

También se da cuenta de artistas modernos, como Spilimbergo y Berni, y de las miradas, y actitudes alrededor de la política hacia la cuestión indígena y la de la tierra.

Representativas de la muestra, son el retrato de Ricardo Rojas pintado por Quirós, las pinturas del Norte, de Gertrudis Chale (vienesa que se exilió en Buenos Aires por el avance del fascismo); la escultura de Sesostris Vitullo, que evoca una versión totémica y americanista de Eva Perón (1953); y la pintura Jujuy (1937), de Berni.