Peligra la ciudad sagrada de Caral por las ocupaciones ilegales y la instalación de asentamientos

La ciudad peruana sagrada de Caral, cuna de la civilización más antigua de América, fue ocupada por agricultores en medio de la pandemia y los arqueólogos que se ocupan de preservarla están preocupados por una potencial destrucción. Mientras tanto, Ruth Shady, la antropóloga que descubrió el lugar hace casi tres décadas, recibe amenazas de muerte para que abandone el lugar.

(ERNESTO BENAVIDES / AFP)

La ciudad está situada en el valle del río Supe, 182 km al norte de Lima y a poco más de 20 km del océano Pacífico. Desarrollada entre los años 3000 y 1800 antes de Cristo, la cultura Caral es la madre de América. Contemporánea de las de Mesopotamia y Egipto, esta civilización surgió 45 siglos antes que la inca en una meseta desierta y árida.

La ocupación del sitio arqueológico comenzó durante el confinamiento que el país tuvo entre marzo y junio para frenar los contagios de covid-19. “Es un gran daño porque están destruyendo evidencia cultural de 5.000 años“, advirtió el arqueólogo Daniel Mayta desde Caral.

Los agricultores ingresaron aprovechando la poca vigilancia policial en los 107 días de cuarentena, invadieron unas diez hectáreas del sitio arqueológico Chupacigarro y comenzaron a sembrar allí paltas, frutales y porotos.

“Las familias no desean retirarse a pesar que se les ha explicado que este lugar es patrimonio de la humanidad y lo que están haciendo es grave y podrían irse a la cárcel con una gran sanción”, indicó Mayta sobre el daño causado a los restos arqueológicos.

Shady, directora de la zona arqueológica Caral y quien dirige las investigaciones desde 1996, afirma que detrás de los invasores se encuentran traficantes de terrenos.

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“Estamos recibiendo amenazas de personas que se están aprovechando de las condiciones de pandemia para ocupar los sitios arqueológicos e invadirlos para establecer cabañas, pasar maquinarias por las tierras… destruyen lo que encuentran“, lamentó Shady. 

La antropóloga y arqueóloga contó que llamaron a su abogado y le dijeron que iban a matarlo tanto a él como a ella.  “Dijeron que nos iban a enterrar cinco metros debajo del suelo si seguíamos trabajando en el lugar”, relató.

Shady, de 74 años, pasó el último cuarto de siglo en Caral con la misión de recuperar el legado y la historia social de esta civilización. Además, estudió particularmente las técnicas que usaban para que sus construcciones resistieran los terremotos, información clave para algunas zonas sísmicas del mundo.

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Los habitantes de Caral eran conscientes de que habitaban un territorio sísmico. Por eso sus edificaciones tuvieron, en su base, unas canastas conocidas como “shicras“, rellenas de piedras, que disipaban los movimientos telúricos y evitaban el colapso de la construcción.

El gobierno condecoró a Shady la semana pasada con la Orden al Mérito por servicios distinguidos a la nación por su obra en Caral. 

“Estamos haciendo lo posible para que no corra peligro ni su salud, ni su vida por efectos de estas amenazas que está recibiendo usted”, dijo en la ceremonia de entrega el presidente de Perú, Francisco Sagasti.

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  • La UNESCO declaró Caral patrimonio cultural de la Humanidad en 2009.
  • La ciudad ocupa una superficie de 66 hectáreas y está dominada por siete pirámides de piedra que parecen iluminarse cuando las golpea el sol. 
  • La civilización ha sido reconocida como pacífica y se ha descartado que haya usado armas o murallas.