Pedagogía de la intervención

Argentina

Natalia García – La Biblioteca Constancio C. Vigil se impulsó desde sus inicios en los ’40 actuando desde los márgenes de la ciudad de Rosario como una alternativa a los cánones impuestos por la cultura hegemónica. Con una gran editorial, jardín, y escuela primaria y secundaria, se erigió como un verdadero ejemplo de organización popular inédita en América Latina.

Salas de lectura, ediciones populares y una incesante actividad cultural - Foto: ArchivoNatalia García* – Latinoamérica Piensa

La ciudad de Rosario tiene una historia que contar; trae, en verdad, la historia de una organización popular inédita en América Latina. A la fecha, y por las razones que aquí serán explicadas, ha sido declarada Sitio de Memoria. Sin embargo, tal justo y oportuno reconocimiento no se acompaña de un saber sobre el devenir de sus largas décadas; sus enormes logros socioculturales, sus sorprendentes capacidades financieras, lo ancho y profundo de su patrimonio arrasado durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Poco se conoce de las insondables afectaciones subjetivas y colectivas, la huella que ha dejado en muchas generaciones. “La Vigil” no tiene precedentes en variadas dimensiones históricas, pero basta salirse de los márgenes del sur rosarino para que el rastro se pierda, para que entonces se hagan visibles las deudas de una ciudad y un país que pronto la olvidó alcanzado a los ámbitos académicos que apenas la supieron registrar en alguna referencia de la vitalidad de los años ’60 y la violencia política de la década del ’70. 

Las páginas que siguen se desprenden de la investigación del caso, pues en rigor, “la Vigil” es eso… un caso; una biografía institucional plagada de tensiones, conflictos, resistencias, juegos de poder y ansias de transformación social propias de las décadas que supo atravesar desde los años ’30 hasta el ocaso del terrorismo de Estado [1]; postales “locales” desconocidas pero enlazadas a una historia nacional y latinoamericana. En este artículo, presentamos aquellas que hablan del doloroso periodo de intervención cívico-militar focalizando un componente decisivo para la destrucción de un proyecto educativo que supo empoderar a los sectores populares: sus recursos humanos. La llegada de las “nuevas autoridades” en las escuelas primaria y secundaria de la entidad, desplegaron una cruenta pedagogía cuyos alcances, profundidad y efectos ponen en jaque una larga y extendida idea en las investigaciones producidas en campo de la historia reciente de la educación argentina. Esto es: los supuestos límites proteccionistas (simbólicos y materiales) al interior del espacio escolar bajo el terrorismo de Estado.  

Génesis y crecimiento institucional

La inicios de la Biblioteca Popular “Constancio C. Vigil” se remontan al año 1944 cuando se crea una pequeña biblioteca en la Asociación Vecinal del barrio “Tablada y Villa Manuelita” en la zona sur de la ciudad de Rosario (Argentina), previamente inaugurada en 1933 al calor del movimiento asociaciacionista en marcha desde la década del ’20. Hacia el año 1953, un entusiasta grupo de adolescentes y jóvenes se sumó al espacio vecinal y conformó una Sub-comisión de Biblioteca continuando con prácticas de corte espiritualista hasta 1957, cuando entonces se produce un punto de inflexión en la historia organizacional por vía de una idea inédita y sencilla: organizar y administrar una rifa “pagadera en cuotas”. Ésta resultó exitosa desde su implementación; en pocos años, su crecimiento fue sostenido y exponencial. En gran medida, ello se debió a la combinatoria de abonarla en forma accesible, ofrecer atrayentes premios y sostener la promesa de dirigir la recaudación hacia un conjunto de actividades y servicios sociales, educativos y culturales significativos en su comunidad. Asimismo, la positiva respuesta comunitaria se anudó a la lógica institucional que se imprimió desde su génesis: una dinámica “de abajo hacia arriba”, pues aún cuando el mandato asociacionista estaba presente y pretendía “la elevación cultural del barrio en el que actúa” [2], para el caso, ello no devino en una reproducción de los cánones impuestos desde la cultura hegemónica. Antes bien, se intentaba pensar y actuar desde los márgenes, desde las entrañas de la cultura popular y hacia la cultura popular. 

” ‘La Vigil’ no tiene precedentes en variadas dimensiones históricas, pero basta salirse de los márgenes del sur rosarino para que […] se hagan visibles las deudas de una ciudad y un país que pronto la olvidó alcanzado a los ámbitos académicos que apenas la supieron registrar en alguna referencia de la vitalidad de los años ’60 y la violencia política de la década del ’70 “

Encontrados los recursos financieros, en 1959 la Sub-Comisión se separó de la vecinal y nació como Asociación civil “Biblioteca Constancio C. Vigil”. En adelante, creció y se desarrolló de forma embrionaria; es decir, la concreción de cada proyecto fue fruto del cruce de un específico interés grupal y/o particular, y las reales posibilidades de efectivizarlo de forma autogestionaria. Bajo esta tendencia y durante la década del ’60 surgieron: el Jardín de infantes, el Servicio Bibliotecario, la Editorial, el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio Astronómico, la Universidad Popular, un Centro Recreativo, Cultural y Deportivo, la Caja de Ayuda Mutua, la Guardería y el Centro Materno Infantil. Llegada la década del ’70, la organización inauguró el Instituto Secundario o nivel medio de enseñanza y la Escuela primaria; ambos de carácter gratuito, mixto, laico y de jornada extendida o doble escolaridad. 

Lo anterior resultó materialmente posible por cuanto desde 1965 la otrora rifa se transformó en “Bonos” bianuales que extendieron su venta en varias y lejanas regiones del territorio nacional [3]. Ciertamente, la cifra de 3000 vendedores y 500 cobradores de Bonos evidencia el éxito de su comercialización y las razones de sus millonarios ingresos mensuales. Así, Biblioteca Vigil se erigió en un complejo social, cultural y educativo de proporciones únicas que abandonó el régimen normativo asociacionista para acoplarse al movimiento mutualista que ciertamente ya presentaba sus propios problemas macro, pero sin impactar en la organización en virtud de su potente autofinanciamiento. En síntesis, de unas prácticas altruistas del tiempo libre, devino en una entidad cooperativa de sólido capital financiero y patrimonial dirigida por una Comisión Directiva [4] cuyos miembros permanecieron en iguales funciones hasta el año 1977, por vía del voto mayoritario de la masa de 19.639 asociados, y asignándose un salario mensual que no superaba el 1.5 % de diferencia monetaria entre el máximo cargo y último puesto en el escalafón de los 647 empleados que llegó a incorporar. La obra educativa resultó su proyecto más potente con casi 3000 alumnos en sus escuelas formales y no formales de todos sus niveles. Solo una crisis económica sin precedentes en la Argentina logró impactar en ella; el llamado “Rodrigazo” (1975) fue entonces un punto de inflexión que no obstante podía remontarse sacrificando recursos patrimoniales. Pero esa no fue la historia posible para la Vigil. Las dificultades financieras se volvieron el mejor chivo expiatorio para unos intereses económicos, políticos y eclesiásticos que esperaban esta oportunidad…

Notas:

[1] Tesis doctoral (CONICET) publicada bajo el título: El caso “Vigil”. Historia sociocultural, política y educativa de la Biblioteca Vigil (1933-1981). FHUMYAR ediciones.

[2] Artículo Nº4, Estatuto fundacional (1959). 

[3] Por un lado, los Bonos tuvieron desde entonces un
a duración de 24 meses o cuotas, posibilitando la previsión presupuestaria para el año en curso y el subsiguiente. Por el otro, y de forma más decisiva, éstos comenzaron a venderse en las provincias de San Juan, Mendoza, Córdoba, Entre Ríos, Salta, Buenos Aires, Tucumán, Jujuy y desde ya, en la provincia de Santa Fe.  Estas modificaciones dieron sus frutos en la recaudación del 11º Bono del año 1966: la cifra trepó de los 35.000 a los 90.000 Bonos vendidos.

[4] En adelante, CD. 

* Prof. en Ciencias de la Educación (UNR). Doctora en Educación (UNER). Prof. Adjunta Historia Socio Política del Sistema Educativo Argentino. Facultad de Humanidades y Artes, Facultad de Derecho (UNR)