Patria o jabones

Argentina

Roberto Mero – El debate televisado mostró un ya conocido y lamentable recurso de luces para “ensombrecer” a Scioli ante la “claridad” de Macri. El afán de los medios que nos dicen qué hacer y qué pensar encuentra la respuesta en la furia fundamental del justo: saber que vencerá el pueblo por encima de los fabricantes de bolazos. La duda del indeciso que no sabe a quien votar pasa, pero el país siempre queda.

Rodeado de niños y familias, alguien arrojó una pelota de fútbol y no dudó en ponerse a hacer jueguitos. Los niños lo miraban sorprendido - Foto: ArchivoRoberto Mero* – Latinoamérica Piensa

¿Y si mañana la TV te dice que sos un canguro? Pregunta. ¿Saltás? ¿Te abris el vientre tipo kamikaze para llenarte con los peluches de tu hijo? ¿Te ponés a buscar pasajes a Australia? ¿Y si te dice que tu mamá no es tu mamá sino una salamandra? Decime, ¿te vas a deprimir? ¿Vas a llorar, comprarte un jardincito, subirte al árbol? TN te dice que ganó Macri por el 95%. ¿Por qué no por el 96% o por el 94%? Te dice por ejemplo que Scioli fue de palo. Te dice que ya festejan, que son los mejores, que ya está. Que hay que rendirse. Y vos, decime, ¿qué hacés? ¿Te compras un globo, sacas un pasaje (sin cuotas) a Miami, pensás en la noche inolvidable de sexo y rock’n roll que vas a pasar con Patricia Bullrich? ¿Y si mañana Clarín te dice que lo que viste no lo viste, que lo que escuchaste no lo escuchaste y que el sábado no había nadie en la 9 de Julio? ¿Que vas a hacer? ¿Arrancar el pastito junto al árbol de la vereda, poner una palangana, escribirle a los Reyes Magos? Ponele que te diga Lanata que es lindo. ¿Ya le estarías entregando tus intimidades? Que la caca, por ejemplo, es perfume: ¿te pondrías dos gotitas detrás de la orejas? Con marcial certeza los tweets de Magnetto te aseguran que Lilita Carrió bailará enroscada a un caño, tanga y topless mostrando sus turgencias… ¿Le vas a confesar al cura que te tocaste en la soledad de tus sabanas? O por ejemplo que Michetti va a salir dando saltitos a la Bugs Bunny, o que Larreta dirá alguna vez la verdad, o que Superman jugó de puntero en un amistoso con el Sacachispas Futbol Club… ¿Vos qué hacés, decime, compras kryptonita? La respuesta está en esa furia fundamental del justo: saber que vencerá el pueblo por encima de los fabricantes de bolazos.

Macri apenas llegó a Pimpinela

Los más jóvenes no recordarán aquella pareja mixta de pseudo cantantes que en los comienzos de los 80 remendaban las discusiones de una pareja, abordando chicanas, golpes bajos y llorisqueos. Aquel dúo Pimpinela se hizo popular con aquella frase patética del “Me mentiste, me engañaste”, que en vez de hacer llorar, hacía reír, explicando en suma que aquellos dos cantantes hayan caído en el silencioso oprobio del olvido. Sus voces vuelven a mí, sin embargo, al ver y rever el debate de anteayer entre ese Scioli jugando el rol del que ya está harto del suegro, de los amigos del suegro y de la suegra y de las imbecilidades del otro/otra. Y del otro lado un Macri cargado de reproches superficiales, de lagrimitas de despecho y de la sincera sensación de estar recibiendo una reverenda patada en el culo. Como Pimpinela, Macri repitió hasta el hartazgo que se le explicase el porqué Scioli salía con sus amigos/as peronistas. Por qué Scioli le estaba mintiendo. Por qué no entendía (Scioli) en la alegría que podían aún brindar sus globos, polleras, maquillajes. Espeluznantemente perdedor de sus medios ante un Scioli que lo ninguneaba, mirando a la cámara pero señalándolo con ese dedo que critica La Nación, Macri no hizo sino repetir lo que la vergüenza ajena aconsejaba callar: que lo estaban pateando con escándalo, sostenido por mama Carrió y papa Magnetto, gozando de coche y torta y plata. Pero pateado en suma por un Scioli al cual le faltó mirar la hora y decir buffff, pensando que esas llorisqueadas le estaban retardando su inevitable y amorosa cita con el pueblo.

Qué decide el indeciso

En mis años mozos había marcianos que bajaban de los platos voladores en Tandil: hombres verdolagas que seducían doncellas en el asiento de atrás del auto, alucinadas como liebre por el brillo alucinante de sus ojos. Más tarde hubo también seamonkeys, que crecían y se reproducían dentro de una cajita con agua y que sabían amar los niños. Ya viejo, ahora, descubro que en Argentina se ha dado una rara reproducción de seres indecisos, que en apariencia (según los medios) formarían el batallón compensatorio de las brillantes victorias no robadas del derechismo. Esto es: una suerte de ectoplasma semi-humano, que duda en el momento clave de la defecación y que, apremiado por mear, la piensa dos veces si hacerlo por la nariz o por el pito. Lamento desilusionar subrayando que el dicho indeciso, en esta etapa de la batalla, es alguien que decidió, pero no lo dice. O que juega con el deseo de los otros (y de nosotros) como un niño en la etapa anal. Es decir “cago (a mi Patria) o no cago (a mi Patria)?”. El indeciso quizá hable de arrogancia de Cristina, de Boudou, de la sordera. Quizá eructe un poco sobre “la alternancia”, la “simpatía” o el “me gusta”. En los hechos, como afirmaba Dolina, el indeciso jamás tuvo menos razones para hacerlo. Su indecisión entonces tiene mucho de identidad incierta, de mirarse el ombligo, de querer que lo quieran. Pero por sobre todo, el indeciso quiere un amor declarado para no tirarse a la pileta y quedar pagando. Es a ese corazoncito patriota que hay que dirigirse. Es a ese sentimiento de ser parte de un Pueblo al que hay que hablarle. Es a esa sensación de pertenencia a la que hay que decirle: “La duda pasa, pero la Patria siempre queda. Por ella, vota Scioli”.

Pelucas o Perucas

Esta semana empieza contando con una gran esperanza que, con certeza, culminará con una victoria popular. La magia esperada de Durán Barba mostró sus límites fronterizos con la incompetencia. La prueba devastadora no viene de la Resistencia contra la barbarie neoliberal sino del intestino mismo del Imperio Clarín. Viene de la carita de circunstancia de Lanata, comiéndose las trompadas verbales de Scioli durante un reportaje desopilante post-debate, donde el perro de presa de Magnetto la jugó de chihuahua excedido de peso. La histeria no les funcionó, el carilindo de Macri demostró que no tenía agallas para confrontar y que el “campeón de la derecha en todas las categorías” es un cuatro de copas demostrable aun para su propio campo. Durán Barba ya había fracasado en las PASO de Capital, dejando que Losteau le meloneara más del 20% del electorado. Ahora cae, vergüenza suprema, ante un manco que no se disfrazó de nada, dándole la posibilidad de demostrar que sabía pararse en el ring para darle pelea a quien fuese. ¿Quién hubiera dicho que ese Scioli que el decálogo macrista presenta como a un pusilánime iba a ganar así nomás, y por paliza? Con menos argumentos que el último de los cajetillas que reparten helados bajo las sombrillas primaverales del PRO, Macri quedó develado como un inmenso incapaz en el cara a cara, idea contra idea, proyecto contra proyecto. Sus algaradas de señora gorda se limitaron a ponerse la peluca de Mirtha Legrand y de la Carrió, que le bailaba en el caño como si fuese la de Capusotto. En el mano a mano, como se debe, Macri reveló que esta batalla feroz por defender la Patria se decide con precisiones casi capilares. De un lado las teñidas que cacarean debajo de sus crinas de plástico. Frente a ellas, el Pueblo. De un lado las pelucas. Del nuestro, los “perucas”.

Patria o jabones

Nixon perdió el debate ante Kennedy porque transpiró más de la cuenta y tartamudeó ante cuestiones claves. Chirac cayó de
rrotado ante Mitterand porque lo puso en caja como a un chiquilín. Hollande le ganó el debate a Sarkozy porque lo puso contra las cuerdas de sus negociados internos y externos y por haber transformado el país en un show. Scioli ganó el debate ante Macri porque impulsó la idea de Patria ante un tarambana empeñado en vender jabones. Más allá del escenario montado para “ensombrecer” a Scioli ante la “claridad” de la imagen de Macri (técnica ya usada en 1968 por la televisión francesa contra Mitterrand), más allá del fino calibraje de la cámara (plano cerrado sobre Macri y plano amplio sobre Scioli, mostrando que sólo movía una mano), Scioli optó por hablarle al país, marcando sus frases con su única mano. Macri se contentó en hacer lo que jamás se debe hacer: hablarle a un interlocutor que te ignora. Scioli lo ignoró olímpicamente y cuando se recordó de Macri fue para tratarlo de “candidato”. Macri, como si estuviese en una reunión de gerencia ante un Superior, le buscaba la mirada. Scioli le hablaba a la gente. Algunas precisiones de lenguaje que merecerían que Durán Barba se metiese una linda bala en el paladar: Macri cierra su discurso con apelaciones de marca fuera de contexto: “Soñar”, “Boca”, “Maravillosa”, “Sueño”, “Equipo” “Lo que corresponde”. Scioli terminó apuntando algunas ideas fuerza para esta semana decisiva: “Pueblo, “Responsabilidad”, “Trabajadores”, “Familia” “Desarrollo”, “Juventud”, “No arrodillarse”, “Opción”, “FMI”, “Orgullo”, “Argentina”, Victoria”. Los ejes pasan por ahí.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia