Pasados por agua

Paraguay

Las inundaciones, causadas por la crecida del río Paraguay, afectaron fuertemente a Asunción y derivaron en la evacuación de miles de personas. Viven ahora en campamentos y refugios, en condiciones muy precarias y con perspectivas desfavorables. Una mujer que debió abandonar su hogar y sus cosas describe lo que, como ella, padecen los inundados. 

Diana Rufo - E'a

Julio Benegas – Ea (Paraguay)

Madre a los 14, abuela a los 31, Raquel Galarza es de esas mujeres que regalan una sonrisa en el diluvio. Con cinco años en Santa Ana, Bañado Sur, no había conocido la inundación. Ahora se recrea, con su hija menor, en uno de los tantos campamentos de Estados Unidos y 25. 

Como a todos, a Raquel no le fue fácil desandar su casita, dejar el patio de la tía que le había dado un lugar para su rancho. 25 días atrás, ese mismo rancho, de terciada y chapas eternit, lo reconfiguró en un día, con la ayuda de su hermano, en 25 y Estados Unidos. Era un yuyal. Así que antes le metieron machetes y azadas a la tierra. En ese predio, de no más de 30 metros por 15, diez familias sobreviven “a la gracia de Dios”, al decir de Jéssica.

-Mirá, mirá cómo está esa criatura-, suelta Raquel, indignada porque sus vecinos, en la otra pieza, “duermen en el suelo”. En realidad duermen sobre una parrilla de cama. El agua y el viento se filtran por las aberturas que hasta ahora no pueden cerrar. Es que los vecinos, madre y padre, están sin trabajo. Comen en una Iglesia y los fines de semana otros familiares “les hacen el aguante”.

En ese lugar, Raquel se unió más que antes a sus antiguos vecinos.  Mujer de andar haciendo, siente que sobre ella pesa la responsabilidad de gestionar ayudas.

“Con cinco años en Santa Ana, Bañado Sur, no había conocido la inundación. Ahora se recrea, con su hija menor, en uno de los tantos campamentos de Estados Unidos y 25”

-¿Si no nos ayudamos entre nosotros, quién lo hará?-, se pregunta, pensativa. Si acá no sos colorado o liberal, no hay ayuda posible, remata

-Mirá, mirá, cómo viven. Y esa criatura con asma, mi Dios-, refuerza, mostrándonos al chico de brazos de la vecina.

Es que ella sabe lo que es el padecimiento. A sus 14 años, con una criatura en la panza, se fugó de su casa de la madre, de allá, Concepción, “cansada de ir de un lugar a otro” como criada.

-De chiquita me pasaron cosas que no tenían que pasar. Silencio. La gravedad en su rostro es tan expresiva como su sonrisa. Agarró su ropa y con la ayuda de una amiga vino a vivir en la Chacarita.

Hace cinco años, la tía de una de sus hijas le ofreció el fondo de su casa para levantar el ranchito, en 36 proyectadas y Antequera. Consiguió chapas y terciadas. De un santiamén se hizo de cobija propia aunque “en terreno ajeno”.

– ¿Qué es lo que más querés en este mundo, Raquel?

– Una casa propia. Eso es lo que más deseo en este mundo.

Una gallina se cruza por el patio. Los cerdos de uno de los vecinos se predisponen a dormir. La noche amanece. La humedad cala los huesos. Cómo describir el rostro de Raquel cuando pronuncia esa frase: “Una casa propia. Eso lo es que más deseo en este mundo”. 

 

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