“Pagaré con mi vida la lealtad al pueblo”, las últimas palabras de Allende desde La Moneda en un nuevo aniversario de su nacimiento

Médico y fundador del Partido Socialista de Chile, Salvador Allende fue el primer dirigente marxista en llegar a la presidencia a través de las urnas en América Latina. Tras ser diputado y senador de Chile por cinco períodos, el 4 de septiembre de 1970 fue electo presidente con el 36 por ciento de los votos. Ejerció el cargo hasta el día de su muerte, el 11 de septiembre de 1973. Ese día, las Fuerzas Armadas y los Carabineros sublevados derrocaron al gobierno mediante un golpe militar y atacaron el Palacio de La Moneda. Allende murió durante el ataque. En un nuevo aniversario de su nacimiento, cuando cumpliría 111 años, el recuerdo de su militancia resumido en sus últimas palabras antes del ataque. Escuchá el discurso completo. 

Quién fue Salvador Allende

Nació el 26 de junio de 1908, en Valparaíso. Fue hijo de Salvador Allende Castro, abogado y escribano, y Laura Gossens Uribe. En 1926 hizo el servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar. Ese mismo año ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile donde se graduó de médico cirujano en 1932. Ejerció como médico y anatomo-patólogo en diferentes hospitales públicos y centros de salud. 

Archivo de la Universidad de Chile

Su militancia comenzó en la universidad. Fue presidente del Centro de Estudiantes de la facultad y más tarde el presidente de una agrupación estudiantil. En 1933 participó en la fundación del Partido Socialista de Chile, en el que permaneció toda su vida. En las elecciones parlamentarias de 1937, con 29 años, fue electo diputado.

Entre 1939 y 1942 fue ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda. Fue elegido senador en las elecciones parlamentarias de marzo de 1945, cargo en el cual se reeligió en 1953, 1961 y 1969.

Fue electo presidente en 1970. Durante su gobierno intentó instaurar el socialismo por la vía democrática, lo que se conoció como la Vía Chilena al Socialismo. Nacionalizó la minería e instauró una política de redistribución del ingreso y de reactivación de la economía. La Ley de Reforma Agraria le permitió avanzar rápido en la expropiación de grandes latifundios. Creó la propiedad social de la economía, reinstauró la relaciones bilaterales con Cuba e inició, por primera vez, relaciones con China, Corea del Norte, Vietnam del Norte y Alemania Oriental.

Hacia mediados de 1972 Chile vivió una profunda crisis económica que tuvo como consecuencia una fuerte inflación. En octubre de ese año, grandes y medianos empresarios, con el apoyo de la clase media, convocaron a una gran huelga nacional. 

Con la crisis económica se profundizaba también la crisis política. En 1973, la oposición la oposición no alcanzó los dos tercios de los votos que se requerían para destituirlo. La sublevación militar terminó con el golpe de Estado y con el gobierno democrático. 

*Con información de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile

Las últimas palabras de Allende, desde La Moneda, antes de morir. 

11 de septiembre de 1973

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros.

Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños.

Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos. 

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. 

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición