Otra condena contra Lula: 12 años de prisión por reformas en una casa ajena

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fue condenado nuevamente a 12 años y 11 meses de prisión por orden de la jueza Gabriela Hardt, quien sustituyó al ahora ministro de Justicia y Derechos Humanos Sergio Moro. Al líder del Partido de los Trabajadores, preso en Curitiba desde abril del año pasado, lo juzgaron por las reformas en una quinta que no figura como propiedad suya. La defensa de Lula adelantó que apelará el fallo.

La jueza de primera instancia de Curitiba (sur) estimó que el exmandatario (2003-2010), de 73 años, se había beneficiado de reformas en una hacienda en Atibaia -en el interior de Sao Paulo- ofrecidas principalmente por las constructoras Odebrecht y OAS, a cambio de su mediación para obtener contratos en Petrobras.

La casa está a nombre del empresario Fernando Bittar, un viejo amigo de la familia de Lula, pero, de acuerdo con Hardt, el expresidente se benefició de las obras por cerca de un millón de reales (unos 271.000 dólares) que hicieron Odebrecht, OAS y Schain a cambio de ayudas en la obtención de contratos en Petrobras.

Minutos después de conocer el fallo, los abogados de Lula anunciaron que recorrerán en instancias superiores la sentencia, la que calificaron como “absurda” y consideraron que “refuerza el uso perverso de las leyes y procedimientos jurídicos” para “fines de persecución política”. La defensa de Lula asegura que el ex presidente nunca fue informado sobre las reformas realizadas y que tampoco existen pruebas de que él haya pedido realizar esas obras a cambio de negocios con el gobierno.

La misma jueza admitió en el fallo que la quinta no era propiedad del expresidente. “Es un hecho que la familia del ex presidente Lula era visitante asidua en el inmueble, tanto que disfrutaba de él como si fuese dueña”, escribió Hardt en la sentencia.

La magistrada justificó la condena en ciertas irregularidades recolectadas en los contratos de OAS y de Odebrecht con Petrobras en auditorias internas de la empresa estatal, además de las delaciones premiadas, como prueba de que había un esquema de recaudación de coimas de la estatal.

En noviembre, Hardt interrogó al exmandatario por este caso, en la única salida que le permitieron hacer desde que fue encarcelado hace 10 meses. “Yo me considero un trofeo, yo era un trofeo que la Lava Jato precisaba entregar. No sé por qué no les gusto, pero yo era un trofeo que necesitaban entregar”, afirmó Lula a la jueza en la audiencia que se extendió casi tres horas en la sede de la Justicia Federal de Paraná.

Al igual que la causa por el departamento de Guarujá por el que está detenido en Curitiba, el proceso judicial que lo condenó nuevamente también está erigido sobre declaraciones de los arrepentidos del Lava Jato. “Hicieron esas obras sin que yo se las pidiera. Es gracioso porque primero hacen una obras que yo no les pedí y después negocian un acuerdo con la Justicia en el que se comprometen a citarme”, afirmó por entonces el exmandatario.

La noticia de esta segunda condena -acompañada de una foto del exmandatario- fue tuiteada de inmediato por el presidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, quien durante la campaña prometió que, de ser electo, el exlíder sindical iba a “pudrirse en prisión”.

En tanto que la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, rechazó duramente la decisión de la jueza. “La persecución a Lula no para. Una segunda condena fue proferida exactamente cuando crece la posibilidad de que Lula sea Nobel de la Paz. En la memoria del pueblo y en la historia, Lula será siempre mayor que sus verdugos”, tuiteó la senadora.