"SOS Fuerzas Armadas"

Brasil 

El liderazgo de la oposición quedó atrás. El gobierno avanzó en la recomposición política de sus alianzas, afianzó el liderazgo de Lula y reactivó  varios sectores importantes de la economía. Sin embargo; las clases altas y la nueva clase media, que se benefició con el Partido de los Trabajadores, sigue promoviendo la destitución de la presidenta y la intervención militar. 

Marcha del 12 de abril- Foto: AFP

Emir Sader- Alainet (Ecuador) 

Confiada en las movilizaciones de hace un mes, la oposición convocó a nuevas manifestaciones, pero ha fracasado. Todo había sido preparado de la misma manera, con el rol determinante, una vez más, desempeñado por los medios de comunicación.

TV Globo no transmitió el partido de futbol como tradicionalmente lo hace, en São Paulo, para dejar espacio a la cobertura de lo que creía sería una manifestación todavía más grande que la anterior. Folha de São Paulo publicó una cuestionable encuesta, justo en vísperas de las manifestaciones, intentando animar a los opositores a seguir movilizados.

Pero el fracaso fue rotundo. No hubo nada que se pareciera a lo de hace un mes. En ciudades donde docenas de miles se habían movilizado – como Brasilia o Belo Horizonte o Rio de Janeiro – poca gente se ha dispuesto a hacerlo de nuevo. La Agencia Reuters calculó en 140 mil personas los manifestantes del domingo 12, cifra muy por debajo de lo que había sido calculado para un mes antes. La repercusión general demuestra que el momento más fuerte de la oposición ha quedado atrás.

¿Qué es lo que ha cambiado en este último mes, para que las cosas se muestren ya distintas en Brasil? En primer lugar, el gobierno ha retomado la iniciativa política, avanzando en la recomposición política de sus alianzas. Si hasta recientemente, el PMDB se acercaba a la oposición, el nombramiento de su presidente y vice-presidente de la república, Milton Temer, como coordinador político del gobierno, ha revertido la correlación de fuerzas interna en ese partido, que así se reposiciona dentro de la base política del gobierno.

Por otra parte, hay síntomas de que la situación económica, si bien no presenta todavía señales de retomar el crecimiento, demuestra que el estancamiento va quedando hacia atrás y presenta perspectivas de reactivación en varios sectores importantes. Incluso los niveles de inflación apuntados – muy por debajo de los que Fernando Henrique Cardoso dejó a Lula – no están descontrolados y, sobretodo, el nivel de empleo, a pesar de actitudes de sabotaje de sectores del gran empresariado, no se ha alterado. A pesar del terrorismo económico de los medios de comunicación, las mismas agencias de riesgo han manifestado que la economía brasileña no presenta las fragilidades que la oposición insiste en destacar.

” El gobierno ha retomado la iniciativa política, avanzando en la recomposición política de sus alianzas. Si hasta recientemente, el PMDB se acercaba a la oposición, el nombramiento de su presidente y vice-presidente de la república, Milton Temer, como coordinador político del gobierno, ha revertido la correlación de fuerzas interna en ese partido, que así se reposiciona dentro de la base política del gobierno “

El gobierno, a su vez, ha tomado medidas de simpatía popular, sea respecto a los descuentos del impuesto a la renta, sea en el diseño de la política salarial de aumentos por encima de la inflación, estableciendo un equilibrio respecto a las medidas de ajuste de las cuentas públicas.

Por su parte, el movimiento popular vuelve a ocupar las calles, con movilizaciones nacionales como la del día 15 y una huelga general contra el proyecto de ley de tercerización de la mano de obra que la Cámara de Diputados ha aprobado en primera votación.

Otro factor que ha contribuido al cambio de la situación está el hecho de que Lula ha retomado su actuación como coordinador ad hoc del gobierno y movilizador del PT y de los movimientos sociales. Al mismo tiempo, el gobierno ha hecho nombramientos – en el Ministerio de Educación, en la Secretaria de Comunicaciones y en el Instituto de Investigación Aplicada, IPEA,– de personas claramente identificadas con la izquierda, atendiendo a demandas de ese sector.

El otro factor nuevo ha sido la explosión de los casos de corrupción – cada uno,  muy por encima de los costos que envuelven las denuncias sobre Petrobras – tanto del HSBC, como de una gran cantidad de empresarios que han logrado evitar el pago de impuestos con propinas millonarias a funcionarios encargados de recaudar el  impuesto a la renta. Así, parte importante de opositores que estaban promoviendo y financiando las movilizaciones en contra de la corrupción, se han visto comprometidos en casos mucho más graves de corrupción, debilitando el ímpetu de la oposición y de las movilizaciones.

El gobierno Dilma ha completado sus primeros 100 días, atravesando crisis de distinto orden: de alianzas políticas, de enfrentamiento con los medios de comunicación y con el gran empresariado. Han enfrentado su peor momento, porque la arquitectura que Lula había montado se estaba deshaciendo. La recomposición de las alianzas con sectores partidarios de centro y con sectores del gran empresariado es lo que está cambiando, permitiendo que el gobierno salga del asedio al que ha sido sometido en su primer momento. El fracaso de las manifestaciones de esta semana confirman las señales de cambio favorables al gobierno.

 

Eric Nepomuceno- Página 12 (Argentina) 

Brasil es, hoy, un país con un escenario económico grave y tenso, preocupante. Los agentes del mercado financiero, los especuladores de siempre, dicen que es un panorama crítico y caótico. No hay datos concretos para que se crea en esta versión. Pero para creer que se trata de un cuadro tenso y grave, hay muchos.

Brasil es un país dividido, que enfrenta una oleada de insatisfacción popular, amplia y hábilmente manipulada por los grandes conglomerados de comunicación, y blanco del oportunismo vulgar de una oposición que no tiene otro proyecto alternativo que pedir a gritos la renuncia o la destitución de una mandataria elegida por mayoría de votos hace cinco meses.

Es también un país dividido entre los beneficiados de siempre, que ahora reclaman la devolución de sus privilegios, y los ninguneados de siempre, que lograron subir al escenario del mercado de consumo y de un bienestar mínimo, y ahora exigen, con todo derecho, más y más.

El tránsito social que elevó, en los últimos doce años de gobierno del PT, a más de 40 millones de brasileños de la pobreza a una clase mínimamente media es motivo de críticas sonoras y severas. Dicen los privilegiados de siempre que no se trata de otra cosa que una banal maniobra populista, que costó miles de millones al Estado.

Es una reacción típica y previsible de una clase mezquina, que jamás admitió perder algo de lo mucho que tiene para que muchos que no tenían nada pudiesen tener algo.

“Brasil es un país dividido, que enfrenta una oleada de insatisfacción popular, amplia y hábilmente manipulada por los grandes conglomerados de comunicación, y blanco del oportunismo vulgar de una oposición que no tiene otro proyecto alternativo que pedir a gritos la renuncia o la destitución de una mandataria elegida por mayoría de votos hace cinco meses”

Y, curiosa y paradójicamente, uno de los grandes nudos de Brasil es precisamente esa nueva clase media, que vio cómo la vida mejoró a lo largo de los últimos doce años, pero de la puerta de casa hacia adentro. Hacia afuera, en el mundo de lo cotidiano, todo sigue igual: la salud pública que no cura, humilla y mata; el transporte público que no transporta, tortura; la educación pública que no educa.

En suma: u
no de los grandes nudos en que se metió Brasil es precisamente esa nueva clase social que fue llevada a las puertas del paraíso de la clase media, pero no logró entrar. Quedó en el umbral, luego de haber conocido parte de sus bondades, pero sin librarse del universo de maldades que atormentaban su vida anterior.

Si se logra olvidar por un instante todo el inmenso océano de actuales circunstancias vividas por Brasil –escándalos de corrupción, el agotamiento del sistema de financiación de campañas electorales, el colapso de los partidos políticos, la crisis terminal del llamado “presidencialismo de coalición”, que establece y consolida el chantaje y el canje de intereses menores como principio básico del quehacer político–, lo que se verá es un país en plena contradicción.

Hay un partido, el PT de Lula da Silva, agobiado frente al bombardeo de denuncias de corrupción. Y un gobierno, el de Dilma Rousseff, que parece inerte. Sin embargo, también existe sólido espacio para creer que, con lucidez y tiempo, se logrará salir del actual cuadro.

El problema es saber cuál será la herramienta mejor capacitada para corregir los equívocos de la política económica a lo largo de los últimos dos o tres años, bajo la primera presidencia de Dilma Rousseff. Y también saber cómo quitar de la piel del PT el sello de corrupción, para retomar el proyecto de crear un nuevo país.

El actual cuadro es motivado, de un lado, por una formidable y tremenda campaña de los grandes conglomerados de comunicación, que alienta el respaldo de una oposición que, a falta de propuestas concretas, se lanza al peligroso ejercicio del “cuanto peor, mejor”.

” Uno de los grandes nudos en que se metió Brasil es precisamente esa nueva clase social que fue llevada a las puertas del paraíso de la clase media, pero no logró entrar. Quedó en el umbral, luego de haber conocido parte de sus bondades, pero sin librarse del universo de maldades que atormentaban su vida anterior “

En ese mismo cuadro, pero del otro lado, están las conquistas logradas por el proyecto político que desde hace doce años preside el país. Y en ese punto hay que considerar un detalle delicado: el mismo proyecto que llevó a por lo menos 40 millones de personas –casi una Argentina entera– al mercado de consumo, a la clase media, ha sido incapaz de propiciar mejor transporte urbano, mejor educación, mejor sistema de salud, mejor seguridad pública.

Quizás el gran equívoco del proyecto de Lula y del PT haya sido no haberse precavido frente a un dato específico: al crear una nueva e inmensa clase media, creó un nuevo frente de reivindicaciones.

Los que ascendieron asumieron, muy rápidamente, las posiciones de las clases medias tradicionales, las mismas que los reniegan y siempre los renegaron. No se trata, de ninguna manera, de un caso de ingratitud: se trata de un caso de falta de previsión.

Una falla estratégica grave de quienes, al lanzar e implementar un plan de inclusión social de larguísimas dimensiones, creyeron que con esto bastaba.

No, no basta: además de heladeras y automóviles y televisores, hay que entregar al pueblo servicios públicos básicos y esenciales de calidad. Entre ellos, la concientización. La idea de qué es ser ciudadano.

O sea, el derecho de reclamar derechos legítimos sin dejarse manipular por quienes siempre se los negaron.

Eso es algo dramático y triste que se ve en Brasil: los ninguneados de siempre, que ahora son alguien, lado a lado con los que los ningunearon siempre, y siempre los ningunearán.

 

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