Desastre natural e ineficacia estatal

México 

La falta de previsión que las autoridades tuvieron respecto a la llegada del huracán “Odile” demuestra su ineficacia y su falta de preparación. Las alertas ya estaban dadas, pero las medidas no se tomaron a tiempo, ni tampoco cuando el desastre ya había ocurrido. Por numerosos días los ciudadanos de la zona de Bajo California estuvieron incomunicados y vulnerables. 

diariolasamericas.comJulio Serrano- Milenio (México) 

Al ver los estragos causados por Odila en Los Cabos me pregunto qué tan preparados estábamos para un evento que a todas luces se veía venir. Y no me refiero solo al gobierno, sino también a turistas y a la población local.

El huracán no fue sorpresa. Días antes los meteorólogos sabían que venía. Quizá la intensidad y la dirección final eran inciertas, pero de que el peligro era inminente eso era un hecho. Aun así, con contadas y valiosas excepciones, los preparativos fueron escasos o nulos.

Turistas decidieron ir de cualquier manera a vacacionar e inclusive llegaron el día del huracán. Habitantes optaron por seguir sus vidas cotidianas, no se abastecieron de víveres ni protegieron sus casas. Mientras tanto, los gobiernos municipal y estatal prefirieron asumir que el daño sería menor. Sí, hubo importantes aciertos. Por algo se logró evitar muertes. Un logro no menor ante un huracán categoría cuatro. En muchos sentidos se hicieron mejor las cosas que el año pasado en Acapulco.

“El huracán no fue sorpresa. Días antes los meteorólogos sabían que venía. Quizá la intensidad y la dirección final eran inciertas, pero de que el peligro era inminente eso era un hecho. Aun así, con contadas y valiosas excepciones, los preparativos fueron escasos o nulos”

Sin embargo, una actitud común fue minimizar la amenaza. Pese al peligro potencial, la apuesta de muchos fue: “Sí, ahí viene Odila, pero seguramente al final se desviará o perderá poder”. Al considerar que hacía décadas que no pegaba en Los Cabos un huracán de esa magnitud, la apuesta podría haber parecido razonable. Estoy seguro de que esta misma mentalidad motivó a gobiernos municipales y estatales pasados a tomar la decisión de no invertir en mejor infraestructura. “Para qué gastar valiosos recursos cuando no hay un peligro inminente. Que lo haga la siguiente administración”, han de haber pensado.

La pregunta recurrente que me viene a la cabeza es ¿por qué no prevenir mejor? ¿Por qué improvisar cuando se puede planear más y prevenir daño innecesario? Y no solo me refiero a mejor infraestructura. Algo tan básico y poco costoso, como el establecimiento de protocolos, puede tener un impacto significativo.

Los protocolos establecen la forma de actuar en ciertas circunstancias y son especialmente útiles en emergencias. Durante situaciones complicadas es difícil tener la cabeza fría para saber qué hacer. Contar con reglas específicas de cómo actuar puede hacer una gran diferencia.

En el desastre de Los Cabos quedó evidente la falta de protocolos. Poca gente sabía que hacer antes, durante y después del huracán. Lo que es increíble es que huracanes hay en todos lados y todo el tiempo, por lo que protocolos existen. También es increíble que en una zona propensa a huracanes, como es Los Cabos, no los tengan a la mano y bien ensayados.

 Adela Navarro Bello- Sin Embargo (México) 

Es increíble que en la segunda década del Siglo XXI, con los avances tecnológicos que tenemos, la era de la comunicación digital y la telefonía celular, los sistemas mexicanos sean tan vulnerables.

Desde el domingo y todavía el martes, cientos de miles de personas que residen en los cinco municipios de Baja California Sur, estaban incomunicados. Sin energía, sin agua, sin telefonía celular o cualquier tipo de comunicación, con las carreteras deshechas, los aeropuertos severamente destruidos, sin gasolina y en algunos casos sin hogar ni vehículos para emprender el camino de la supervivencia.

A propósito de la llegada terrible del Huracán Odile que el domingo 14 de septiembre por la noche tocó tierra sudcaliforniana en una categoría tres, los mexicanos vivimos nuestra vulnerabilidad. Con todo y que el Gobierno del Estado de Baja California Sur, con Marcos Covarrubias a la cabeza, y las representaciones federales de Protección Civil, Comisión Nacional del Agua, y autoridades de los cinco ayuntamientos, tomar precauciones abriendo albergues, evacuando zonas de alto riesgo y haciendo un llamado a la ciudadanía a proteger sus viviendas, los daños son catastróficos.

“Desde el domingo y todavía el martes, cientos de miles de personas que residen en los cinco municipios de Baja California Sur, estaban incomunicados. Sin energía, sin agua, sin telefonía celular o cualquier tipo de comunicación”

Con la poca información que fluye, dado que más del noventa por ciento de la población se quedó sin energía eléctrica el domingo por la tarde en los cinco municipios, y varias antes de telefonía celular y de radiodifusoras fueron derribadas por los vientos de más de 275 kilómetros por hora, los damnificados se cuentan arriba de los 15 mil al primer día sin fuertes vientos, y ya con el Huracán Odile convertido en tormenta tropical.

Corresponsales de periódicos, radiodifusoras y televisoras se quedaron varados en hoteles, bodegas y oficinas, sin energía para recargar sus equipos y sin señal telefónica para comunicarse con los suyos y con sus medios. Los reporteros de ZETA estuvieron transmitiendo información hasta el lunes a las 5:30 de la tarde cuando se perdió comunicación con ellos.

Afortunadamente no se habla aún de víctimas fatales. Sí de daños por el momento incuantificables. Hoteles inundados y destruidos. Negocios sin ventanas ni puertas, decenas de postes derrumbados, condominios que fueron desmantelados, automóviles volteados que los fuertes vientos llevaron de un lado a otro y palmas y árboles derruidos.

Con la incomunicación llegó el saqueo. Muchos perdieron lo que tenían por inundaciones y vientos y tomaron lo que había. Las gasolineras perdieron máquinas expendedoras y toldos.

Todo inició el domingo 14 de septiembre y las autoridades locales con el apoyo de Protección Civil y la Conagua, entre otras, comenzaron la alerta. Pero el daño en Baja California Sur, la tragedia de Odile no afectó la celebración del grito de independencia en la Ciudad de México. De hecho el Presidente Enrique Peña Nieto se quedó en el Distrito Federal hasta la tarde del martes 16 de septiembre a presenciar el desfile militar y después de ello viajó a la zona afectada.

“De hecho el Presidente Enrique Peña Nieto se quedó en el Distrito Federal hasta la tarde del martes 16 de septiembre a presenciar el desfile militar y después de ello viajó a la zona afectada”

 Así la tarde del martes llegó el Presidente, el Secretario de la Defensa, el de Gobernación y el de Hacienda entre otros. Las imágenes que debieron encontrarse son dolorosas, la recuperación apenas iniciará, y en los siguientes días se podrán cuantificar los daños y afectaciones tanto de la infraestructura como del recurso material.

De los 30 mil turistas, la gran mayoría extranjeros, muchos han iniciado el despegue a partir de la activación de rutas aéreas con aviones principalmente de las Fuerzas Armadas y de aerolíneas comerciales, que los llevan a Tijuana, Guadalajara o Ciudad de México.

Ni con todo el recurso, ni con toda la infraestructura en telecomunicaciones, los sudcalifornianos se salvaron de los efectos de Odile. Vulnerados, empequeñecidos ante el fenómeno natural, están incomunicados. La presidencia de la República reaccionó dos días después con todo y la avanzada de delegados federales. Ciertamente un huracán es
un fenómeno climatológico que no hay poder humano que lo detenga, ciertamente tomar precauciones es lo único que se puede hacer, pero estando Baja California Sur como muchas otras ciudades costeras de México, en zona de huracanes, la preparación de protocolos y planes federales para actuar en lo inmediato, deberían ser más eficientes.

No es por ser aguafiestas, de hecho no es necesario cancelar las fiestas, pero sí tener un poquito más de respeto para esa parte de la población que no tenía ni manera, ni ánimos, ni oportunidad de gritar vivas.

No se ha hecho pública por ejemplo, la lista de los albergues en los cinco municipios de Baja California Sur, sabemos que se habilitaron más de cien entre hospitales, universidad, hoteles, bodegas, auditorios, pero no saben los mexicanos dónde están ni si hay manera de comunicarse para saber si sus familiares o amigos están bien aun cuando con pérdidas materiales.

 “Para haberse anunciado tanto, el huracán Odile ha exhibido a las autoridades en su ineficacia para la preparación del manejo de una crisis… otra vez”

 Tampoco se ha publicado una lista con los nombres de las personas que fueron ingresadas a un albergue, o la lista de nombres de los turistas que han sido evacuados por la vía aérea ni su destino, para que familiares e interesados puedan buscarlos.

No existe una lista de productos que requiere la población, ni el número de una cuenta bancaria para hacer un llamado a la solidaridad. Tampoco se ha convocado a los estados vecinos a participar con servicios, equipos, herramientas y personal para iniciar la limpia de calles, avenidas, carreteras, casas.

No hay pues una comunicación para saber qué es lo que sucede, cuál es el recuento de los daños, dónde podemos encontrar al ser querido damnificado, o en qué podemos ayudar el resto de los mexicanos. En la cruda de los festejos patrios, apenas van aterrizando en esa parte de la patria inundada.

Mientras las páginas electrónicas de los ayuntamientos de La Paz, Los Cabos, Comondú, Mulege y Loreto, así como la del Gobierno del Estado siguen caídas, no se ha habilitado una por parte del Gobierno Federal para informar al resto de la población lo que sucede y el estado en que se encuentran damnificados y turistas.

Para haberse anunciado tanto, el huracán Odile ha exhibido a las autoridades en su ineficacia para la preparación del manejo de una crisis… otra vez.

 

 

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