Nunca se regresa sin haberse ido

Argentina 
Roberto Mero

Versión potenciada del capitalismo salvaje desgobernando un Estado, el régimen macrista está realizando cotidianamente un ejercicio que hará escuela: el desmonte del Estado de Derecho a partir de la destrucción sistemática de todo aquello que podía servir de referencia a la sociedad. Sobre el regreso de Cristina, la memoria del 2001, la guerra fría y el ejercicio del caos.

Marcha del kirchnerismo en Plaza de Mayo contra el gobierno de Macri -

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Cumpliendo las leyes de la relatividad einsteneana, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner parece decidida a realizar el imposible viaje de un regreso al centro de la escena histórica sin siquiera haberse movido un milímetro. Partidas a El Calafate, fotos, pequeñas manifestaciones amorosas frente a su domicilio patagónico. Nada de eso prueba que haya sido realidad. O mejor dicho, que este mes de régimen macrista pueda considerarse como otra cosa que un paréntesis (¿veraniego?). Las historias que rodean esta historia casi podrían inscribirse en la guía Guinness de records del artero pelotudaje que CFK no pudo sino observar en ese irse sin haberse ido. Indolentes cadáveres políticos como Massa o Urturbey disputándole la comandancia de las fuerzas populares (del cual el PJ es sólo una parte). Infamias periodísticas ahora volcadas con la impunidad de la mordaza. Manifiestas incompetencias del staff de gerentes que clava en picada al avión del Ejecutivo. Balas. Masas en la calle. Parlamento ninguneado. Si algún guionista pretendiera presentar en Hollywood este escenario realista, le bocharían el proyecto acusándolo de pato-bullrichismo agravado. Y sin embargo es así. Aunque nada tenga de cuentitos de hadas ni en realidad Cristina Elisabet sea ninguna hada madrina. Algunos cronistas hablan con acierto del ejemplo de Lula. Con la salvedad importante que Lula se fue, pero dejo a Dilma guardando el almacén. Cristina pareció irse, pero es una constatación que lo que dejo atrás fue un sueño que voló en pedazos con tres cumbias, cuatro balas de goma y el peligro de una tiranía larga, impresentable, bochornosa. Muy lejos de mi análisis aquellos primores del club de admiradores. Pero para tirios y troyanos ocurre que CFK (y este regreso einsteneano) surgen como tumba de todo proyecto pegado con moco. Entre ellos, la transformación del peronismo (fuera y/o dentro del PJ) en aquel enjambre de mariscales del fracaso que otrora permitió las trágicas victorias de algunos soldados de fortuna.

Macri vs Sabbatella: entre la matraca y el tobogán

Osado como ni siquiera se hubiese atrevido a serlo el rey Siaosi Tupou V, mandamás de las islas Tonga, Macri acaba de concluir otra vuelta en la calesita que lo llevará al abismo. Al rechazar la decisión de dos jueces federales de CABA y San Martín, dando amparo al titular del AFSCA, Macri no sólo envía a la tropa para romper una decisión de justicia sino de “su” propia Justicia: la del sabotaje al gobierno popular, la que le dio el bastón de mando, la que cobra en la ventanilla de Clarín. “Ojitos Azules”, con cara de yo no fui como en su vomitiva conferencia sobre Víctor Hugo Morales, deberá ahora arreglar con los paladines radicales, los coquetos de Barrio Norte y algún que otro traficante de información a la hora de explicar por qué le ha tirado una bala en la garganta al Poder Judicial, su caniche. Para quienes aún se atragantan con una Constitución sin otra validez que la de un rollo de Higienol, esto prueba y confirma que el régimen da muestras claras de la gangrena que lo corroe: la de no saber cómo detener la caída precipitada de sus propios hombres en el vendaval del cual será el único responsable. El envió de tropa para solventar el desacato juega aquí el rol de detonante, mecha, chispa de un sincero incendio que sus aliados no podrán sostener. No porque sean democráticos o guarden aún una cierta pátina de honor. No podrán sostenerlo porque la antijuridicidad que pretende imponer Macri no les salvará ni siquiera el pellejo, ni los bienes, ni los negociados que planearon en los amorosos tiempos del bautismo de Cambiemos. La flagrante violación de la ley por parte del régimen le está haciendo atravesar la frontera, el límite necesario para la revuelta civil que ya es alarido. Esta imparable bajada por el tobogán de lo impensable (para los pacatos clasemedieros) recuerda aquellas horas de diciembre del 2001. Ya sin paracaídas ni helicóptero, pero con una estrellada final contra el pavimento que puede llevarlos a las cavernas de la historia.

Macri y el jueguito de la silla vacía

A De la Rúa no lo sacó del medio ni el corralito ni el corralón, ni los piquetes ni las cacerolas. Y mucho menos la dudosa consigna de que la “lucha era una sola”. Lo sacó del medio la arrogancia infamante de declarar un Estado de Sitio como si se tratase de una confesión de prueba de su incapacidad para saber que el 2001 no era 1976. Y que el pueblo no aceptaría transformarse en relleno de cuneta ni comida para pescados. Aún en el incierto de una dirección radical concreta, aún con una experiencia política innegable pero arrasada por su imbecilidad, aún con incongruencias que podía resolver deshaciéndose de Cavallo, De la Rúa no duro más que el lapso de balazos en la calle, 33 muertos y una movilización sin cabeza visible frente a la acefalia del Estado. Valga este recuerdo de aquellas torpezas para imaginar las próximas semanas en las cuales se decidirá lo que ocurrirá con este paréntesis horroroso. No hay que ser Julio Verne para ver que este tobogán al infierno se acelerará con las facturas de luz, la extinción de los pocos ahorros populares, la desocupación en masa y la difícil tarea de vivir en medio de un caos agigantado por la idea de que “recién empieza”. La decisión no tardará en llegar de donde menos se la espere: un zarpazo contra Cristina, un muerto o varios, una desfachatada violación de la ley, un alejamiento parisino para disfrutar de croissants con Antonia y la Awada. Todo es posible. La silla vacía de los primeros días, la idea de destilar que “la culpa es del que estaba antes”, ya todo se ha diluido detrás de la repetición soberbia del ordeno y mando, el cinismo, la brutal incapacidad para controlar los hechos reales. La silla, lejos de estar vacía como en el 2001, estará valientemente llena con los que pongan el cuerpo, como hoy lo hizo con valor Sabbatella, para salvar a la Patria.

Sobre manchas y guerra de inteligencia

« Roma traditoribus non premiae », decían los antiguos romanos. “Roma no paga traidores”. Actualidad constatada de aquella máxima. En los últimos días comienzan a aparecer aquellos para los cuales ya la coima no va. Ya habíamos visto a Beatriz Sarlo ante los amanuenses de Clarín televisivo hablar del Macri “mortal”. Ahora le toca el turno a Nelson Castro y su descubierta “mancha para la democracia”, que significa la cesantía de Víctor Hugo Morales en Continental. O bien ese sueltito, como café al paso, dejado por el también rajado de C5N y Radio 10, Antonio Laje, en su conmovedora entrevista al no menos sentimental La Nación. Cito los asombros de Laje hablando de su despido: “Fue por un programa, el del 19 de diciembre, por algo que había dicho sobre los cortes de luz. Me llamaron el 20 para que fuera al canal, que querían ver el programa juntos, como si fuera un chico del colegio. Me preguntaron qué había dicho. Y lo único que dije fue que no había luz, conté la realidad de que había cortes. Pregunté dónde estaba el secretario de Energía, con un tono moderado. Me dijeron que era un golpista, que lo que estaba haciendo era ‘incendiar el país’, que lo que decía te
nía ‘otra autoría intelectual’. Me dijeron que en el Gobierno había una guerra de inteligencia y que yo estaba del otro lado”. Perlita brillante de esta declaración (reafirmada por el diario mitrista) la de la “guerra de inteligencia”. Vocablo que no se utilizaba desde los tiempos de la Guerra Fría y que adquiere aquí también una dimensión de vieja foto en color sepia. Laje lo dice, La Nación afirma, Sarlo sospecha y todos escuchan que el gobierno de gerentes está en medio de una guerra donde hay los de su lado y los del “otro lado”. Manchas que Nelson Castro tardará en limpiar con lavandina y que confirma lo que ya he en otros textos he avanzado, y que algunos compañeros consideraban exagerado. El enemigo se prepara y la tiene en claro porque sabe de qué va la cosa. Ignoramos el momento pero ya conocemos el objetivo. A nosotros nos toca saber cómo organizar la respuesta debida.

Macri y el ejercicio del caos

Versión potenciada del capitalismo salvaje desgobernando un Estado, el régimen macrista está realizando cotidianamente un ejercicio que hará escuela: el desmonte de un Estado de Derecho a partir de la destrucción sistemática de todo aquello que podía servir de referencia a la sociedad. Fin del Estado de Derecho (con los DNU), fin de la independencia de los poderes (con el avasallamiento al Parlamento), fin de la libertad constitucional al disenso (por la censura ejercida en los medios directa o indirectamente) y desestructuración de la economía sin un plan preciso de recambio. Si se quiere, es Martínez de Hoz, pero sin recetas del FMI. Es Videla, con el ahorro de dar explicaciones a la comunidad internacional. Es Menem, pero sin plan de “renovación de la economía”. Es Di Tella pero sin “relaciones carnales” consentidas. Se trata de violencia, de apología del descontrol, en suma, del caos necesario para la destrucción de todo mecanismo de representación social. Sería un error enorme creer que este ejercicio caótico nace de la incapacidad de algunos y de la permisividad de otros. Por el contrario: forma parte de la necesaria destrucción del Estado como organización humana tendiente a impedir el imperio de la ley de la jungla. En esta estrategia del “todo o nada”, es el conjunto de la sociedad que se encuentra en situación de peligro, sin discriminación alguna entre opiniones políticas. El ejercicio del caos social se da bajo la impronta religiosa en los estados terroristas del fundamentalismo islámico, que lo ejercieron en Afganistán en medio de la guerra contra la URSS, apoyada por la CIA. No se trata de un conflicto de baja intensidad. Ni siquiera de determinación de zonas de guerra. Se trata del aislamiento individual por medio del silencio (censura o cooptación de medios), destrucción de la cadena de solidaridades y ejercicio unilateral de la violencia como única respuesta ante cualquier reclamo. La primera víctima de este ejercicio fue la Constitución, con la telenovela de la transmisión de mando. Lo siguió la metralla de los DNU. En esta primera etapa se concluirá con un crimen y su negación. El caso de los tres fugados y la consecuente y rocambolesca búsqueda no son sino la demostración de un intento de ver hasta qué punto pueden llegar los que van por todo. Y para empezar, por cada uno de nosotros.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.