Nuevos documentos revelan cómo Estados Unidos gestó el golpe contra Salvador Allende

Archivos desclasificados de la organización National Security Archive (NSA) ponen al descubierto los esfuerzos de Richard Nixon por quitar a Salvador Allende de la Casa de la Moneda y develan el rol protagónico que jugó Henry Kissinger en la decisión de derrocar al líder chileno. “Si hay una forma de desbancar a Allende, mejor hazlo”, fue la orden que dio Nixon para desestabilizar a la Unidad Popular de Allende.

Los archivos, que hasta esta semana eran secretos, revelan la frenética actividad en la Administración Nixón entre el 5 y el 9 de noviembre de 1970 para evaluar las consecuencias de la victoria de Allende y las posibles respuestas de Estados Unidos. Allí, además, ellos mismos hablan de los fallidos intentos previos por evitar la toma de posesión de Allende con insurrecciones militares. 

A pesar de que el Departamento de Estado prefería no adoptar una actitud hostil, Kissinger fue el encargado de presentar un informe que inclinó finalmente la balanza hacia el enfoque agresivo a largo plazo hacia el gobierno socialista.

En un memorándum que Kissinger remitió el 5 de noviembre a la Casa Blanca para que fuese evaluado por Nixon, el entonces asesor de seguridad nacional del presidente realizó un detallado análisis de la situación y definió a la presidencia de Allende como “uno de los desafíos más graves nunca encarados en este continente”.

Kissinger califica allí a Allende como “un marxista duro y dedicado”, profundamente “anti estadounidense” que intentará “establecer un estado socialista y marxista en Chile” y que buscará eliminar la influencia de Estados Unidos “en Chile y el continente” para establecer relaciones estrechas con la Unión Soviética, Cuba y “otros países socialistas”.

“La consolidación de Allende en el poder en Chile, por lo tanto, supondría varias amenazas muy graves a nuestros intereses y posiciones en el continente”, advirtió Kissinger. 

Kissinger se decanta por la actuación contra Allende al afirmar que “los peligros de no hacer nada son mayores que los riesgos a los que nos enfrentamos al intentar hacer algo” y recomienda a Nixon que tome la decisión de oponerse “con contundencia a Allende tanto como podamos y hacer todo lo que podamos para evitar que consolide su poder”.

La consolidación de Allende en el poder en Chile, por lo tanto, supondría varias amenazas muy graves a nuestros intereses y posiciones en el continente

Henry Kissinger

Además Kissinger, quien sería también Secretario de Estado de EEUU, recomienda a Nixon que adopte esta postura durante la reunión del Consejo Nacional de Seguridad (CNS) que se celebrará al día siguiente para “dejar bien claro” que el presidente quiere que “Allende sea combatido tan fuerte como podamos”.

Al día siguiente, el 6 de noviembre, el entonces director de la CIA, Richard Helms, presentó un informe de la situación al CNS en el que relató, entre otros detalles, los fallidos intentos en estamentos militares por impedir la toma de posesión de Allende y como la actitud del comandante en jefe del Ejército, el general René Schneider, “bloqueó” una intervención militar.

La decisión de Nixon de intervenir en Chile

Con la información proporcionada por Kissinger y Helms, Nixon expresó sus conclusiones durante la reunión del CNS del 6 de noviembre: “Si Chile se mueve como esperamos y es capaz de eludir las consecuencias…da coraje a otros que no están decididos en Latinoamérica”.

Nixon añade que nunca estará a favor de rebajar a los militares en Latinoamérica porque “son los centros de poder sujetos a nuestra influencia. Los otros (los intelectuales) no están sujetos a nuestra influencia. Queremos darles alguna ayuda. Especialmente a Brasil y Argentina”.

“Debemos parecer correctos en la superficie con Allende, pero por lo demás, seremos duros. Él no va a cambiar; sólo el interés propio lo afectará”

Richard Nixon

“Brasil tiene más población que Francia e Inglaterra combinadas. Si permitimos que los potenciales líderes en Sudamérica piensen que se pueden mover como Chile y satisfacer ambas posturas, tendremos problemas”, continuó Nixon.

“No se debería permitir la impresión en Latinoamérica de que se pueden escapar, que es seguro ir por este camino”, añadió Nixon antes de concluir que “los nuevos políticos latinoamericanos son de una nueva camada. Usan el antiamericanismo para llegar al poder”.

“Debemos parecer correctos en la superficie con Allende, pero por lo demás, seremos duros. Él no va a cambiar; sólo el interés propio lo afectará”, concluyó el presidente estadounidense.

En esa misma reunión, los secretarios de Defensa, Melvin Laird, y de Estado, William Rogers, coincidieron en que Estados Unidos debería “hacer todo lo que podamos para dañarlo y derrocarlo”.