Perdió la paz

Colombia
Especial

La victoria del NO en el plebiscito, con 6.424.385 votos, genera un nuevo escenario de incertidumbre e inestabilidad en todo el país. El margen de renegociación ahora es bastante limitado, pero no imposible. La derrota política del presidente, la polarización del país entre interior- centro y las claves que explican la derrota del SI. El análisis de una oportunidad única desperdiciada.

Juanita León- La Silla Vacía (Colombia) 

Ganó el No. Con 6.424.385 votos, y superando con un estrecho margen al Sí por 60 mil votos, los colombianos rechazaron en las urnas el Acuerdo de Paz negociado durante seis años entre el Gobierno y las Farc, un resultado que no esperaban ni los mismos uribistas que lo promovieron. Esta votación marca el comienzo de una etapa de incertidumbre e inestabilidad sobre lo que vendrá para un gobierno que ha cimentado toda su gobernabilidad sobre el éxito del proceso de paz. Pero aunque los acuerdos están hundidos, la negociación del conflicto quizás se pueda salvar.

Los discursos de Timochenko diciendo que “la palabra seguirá siendo su única arma” y de Juan Manuel Santos manteniendo el cese bilateral del fuego e invitando a todas las fuerzas políticas (es decir a Álvaro Uribe) para definir una estrategia para salvar la salida negociada son un buen augurio. Pero todavía falta la respuesta de Uribe (sobre lo cual haremos una nueva historia) y de eso dependerá el curso de las cosas.

El país que dijo No

Con el 99,64 por ciento de las mesas escrutadas, 37,4 por ciento de los colombianos aptos para votar lo hicieron, 50,23 por ciento por el No. Fue una participación similar a la que se vivió en la primera vuelta cuando la maquinaria y el clientelismo no jugaron un rol en la votación total.

Mientras el Gobierno esperaba una votación favorable al Acuerdo de 10 millones de votos y todas las encuestas (cuya credibilidad ha quedado nuevamente por el piso) le daban una ventaja al Sí de más de 20  puntos, el resultado fue totalmente decepcionante para los que añoraban con terminar ya el conflicto con las Farc.

Una primera conclusión de la votación es que hay un rechazo y una desconfianza muy profunda frente a las Farc. Es tan hondo que todos los manejos que se hicieron para lograr pasar los acuerdos y el umbral no dieron frutos: bajar el umbral, el show en la Habana y Cartagena, usar validadores internacionales y hasta condicionar la venida del Papa a que ganara el Sí.

” Hay un rechazo y una desconfianza muy profunda frente a las Farc. Es tan hondo que todos los manejos que se hicieron para lograr pasar los acuerdos y el umbral no dieron frutos: bajar el umbral, el show en la Habana y Cartagena, usar validadores internacionales y hasta condicionar la venida del Papa “

Queda claro que sin un acuerdo político no hay un acuerdo de paz legítimo. En cierta forma le pasó lo mismo a Álvaro Uribe con la desmovilización de los paramilitares.

La segunda conclusión es que el país que menos ha sufrido el conflicto votó de manera muy difernteal país que más azotado ha sido por la violencia.

De los 81 municipios más afectados por el conflicto según la Fundación Pares, en 67 ganó el Sí y solo en 14 ganó el No.

Por ejemplo en Bojayá, Chocó, donde las Farc masacraron unas 100 personas, arrasó el Sí. Con 1966 votos por el Sí contra 87 por el No. En el Cauca, uno de los departamentos más golpeados por las Farc, que ha destruido pueblos dos y tres veces, el Sí dobló al No y ganó en todos los municipios. En Tibú, otro sitio donde las Farc ha sido el mandamás, el Sí casi dobla al No.  En cambio en Bucaramanga, donde nunca ha habido guerrilla, el No le ganó al Sí por más del 11 por ciento. En Bogotá si ganó el Sí por 12 por ciento, o más de 300 mil votos.

La distribución regional de los votos por el Sí coincidió con la votación por Juan Manuel Santos en la primera y segunda vuelta presidencial del 2014 cuando se impuso una coalición pro Acuerdo de Paz entre los partidos de la Unidad Nacional y la izquierda. Pero no en el caudal electoral.

” Por ejemplo en Bojayá, Chocó, donde las Farc masacraron unas 100 personas, arrasó el Sí. Con 1966 votos por el Sí contra 87 por el No. En el Cauca, uno de los departamentos más golpeados por las Farc, que ha destruido pueblos dos y tres veces, el Sí dobló al No y ganó en todos los municipios “

Hay cinco excepciones. Tres donde ganó el candidato uribista en las presidenciales del 2014 y ahora ganó el Sí: Boyacá, Vichada y Amazonas. Y dos donde ocurrió lo contrario: Santander y Norte de Santander, lo que puede explicar la diferencia en contra del Sí.

Otra cosa que quedó clara en estas elecciones es que la maquinaria política –sin la ayuda de la mermelada- es incapaz de mover a sus bases.

En Barranquilla, menos de 150 mil votos tuvo el Sí, cien mil personas menos que en la segunda vuelta presidencial. Y votaron por el No, 108 mil personas, 23 mil más que los que votaron por Óscara Iván Zuluaga.

En Sahagún, el paraíso de la ñoñomanía, una noche antes de elecciones suele haber un desfile de gente por los comandos, de buses cuadrándose para el transporte; la gente ni duerme pensando en el líder que se puede voltear. Pero ayer no se vio nada de eso. Los mismos caciques auguraban que el resultado sería la mitad de lo que obtuvo Santos en primera vuelta, cuando los políticos tradicionales no movieron sus clientelas para “dejarse contar” y hacer que Santos les tuviera que comprar su apoyo.

Y tuvieron razón.

Las implicaciones

La implicación más inmediata de esta votación es que no se podrá implementar el Acuerdo que llevaba a que las Farc desapareciera como guerrilla y comenzará a existir como partido político legal y actuando bajo las reglas de la democracia.

Es decir que no se le pone fin por ahora a un conflicto armado de 52 años, que –como lo ha dicho varias veces La Silla- ha dejado una estela larga de dolor y ha traumatizado la vida política del país.

Aunque el costo humano de este conflicto no se ha calculado con exactitud las cifras aproximadas dan una idea del sufrimiento: 13.001 víctimas de minas antipersonales, la mayoría de ellas sembradas por las Farc; 21.900 secuestrados, según el ex secuestrado y líder de víctimas de ese flagelo Herbin Hoyos; más de 3,500 niños reclutados, según el Informe Basta Ya de Memoria Histórica; decenas de pueblos destruidos, torres derribadas, oleoductos bombardeados; más de 30 mil campesinos despojados por las Farc, según los casos que ha recibido la Unidad de Restitución de Tierras.

Son 220 mil colombianos los que perdieron la vida entre 1958 y 2013 por cuenta del conflicto armado, según el informe de Memoria Histórica. Solo una fracción de ellos a manos de las Farc, pero la mayoría de los otros -los de los paramilitares, los de las fuerzas del Estado- también justificados en aras de su existencia.

” La implicación más inmediata de esta votación es que no se podrá implementar el Acuerdo que llevaba a que las Farc desapareciera como guerrilla y comenzará a existir como partido político legal y actuando bajo las reglas de la democracia. Es decir que no se le pone fin por ahora a un conflicto armado de 52 años “

No se pueden cuantificar las capturas masivas que injustamente se hicieron para encontrar a los supuestos auxiliadores de las Farc. Ni los torturados por las fuerzas de seguridad para sacar información que condujera a los guerrilleros. Ni las familias que se quebraron pagando un secuestro o que se rompieron porque no pudieron superar el trauma. Ni los que se enfermaron de la angustia ni los que en cambio de ser una cosa terminaron siendo otra por el odio, el miedo o incluso la il
usión que desencadenó en ellos la revolución fariana.

Por eso que los colombianos mayoritariamente hayan rechazado el Acuerdo que cerraba definitivamente este conflicto armado con las Farc es una noticia que sorprende a muchos colombianos y que sin duda será incomprensible para la comunidad internacional.

Su efecto inmediato es que los frentes guerrilleros que iban a llegar en los próximos días a las zonas donde se concentrarían durante máximo seis meses que duraba el proceso de dejación de armas ya no lo harán y quedarán en un limbo mientras se decanta lo sucedido.

Tampoco comenzará el trámite legislativo vía fast-track ni las facultades especiales para sacar las leyes y reformas legislativas necesarias para comenzar a implementar los acuerdos de paz.

Pero, sin duda, el mayor impacto es sobre la gobernabilidad de Juan Manuel Santos.

La gobernabilidad de Santos

El triunfo del No es una gran derrota para Juan Manuel Santos, que a partir de hoy queda con escasa gobernabilidad puesto que había puesto a su gobierno a girar alrededor de este acuerdo de paz y fue incapaz de convencer a los colombianos de su bondad.

Esto a pesar de haber conducido una negociación seria y juiciosa. Y de tener de su lado el respaldo no solo de todos los partidos salvo el Centro Democrático sino de cientos de organizaciones y movimientos sociales, de grandes medios como El Tiempo y Semana, de todos los cacaos, de todo el aparato estata hasta 16 alcaldes de grandes ciudades y 21 gobernadores haciéndole campaña de frente. Mejor dicho, de todos los factores de poder menos Uribe.

Hace unos meses cuando en una entrevista de la BBC el periodista le preguntó qué pasaría si ganaba el No, Santos insinuó que renunciaría. Y esta posibilidad, sin duda, se pondrá a partir de hoy sobre el tapete.

Incluso si no se da este debate y no renuncia, su margen de maniobra a partir de este momento es muy limitado puesto que Santos puso todos los huevos en la canasta de la paz.

” Su apuesta por convocar un plebiscito, que le sirvió inicialmente para abrirle un espacio a la negociación en una sociedad que lo había elegido para terminar de aniquilar militarmente a las Farc y también como herramienta de negociación frente a las Farc, no le salió y ahora tendrá que enfrentar las consecuencias “

Su incapacidad demostrada de persuadir a los colombianos lo dejan ante la terrible decisión de tener que echar seis años de negociación por la borda, y además sin un plan B claro (están reunidos en este momento diseñandolo).  Es el Brexit a la colombiana y él es hoy el David Cameron.

Su apuesta por convocar un plebiscito, que le sirvió inicialmente para abrirle un espacio a la negociación en una sociedad que lo había elegido para terminar de aniquilar militarmente a las Farc y también como herramienta de negociación frente a las Farc, no le salió y ahora tendrá que enfrentar las consecuencias. Que son impredecibles.

La más inmediata es que no podrá implementar los acuerdos. Es decir que las Farc no procederán a concentrarse ni se activará el acto legislativo para la paz que ponía en funcionamiento el sistema de fast-track.

Lo que viene después solo se sabrá en los próximos días cuando el Gobierno –que estaba totalmente confiado en que ganaría por lo menos con diez puntos de diferencia- supere el shock.

” Cuando lo haga, estará entre dos presiones muy fuertes. Las del uribismo que seguramente reclamará un lugar privilegiado en la ‘renegociación’ de los acuerdos con unas Farc que insistió hasta el cansancio en que no había espacio para negociar una coma adicional.  Y las de los movimientos y organizaciones sociales “

Cuando lo haga, estará entre dos presiones muy fuertes. Las del uribismo que seguramente reclamará un lugar privilegiado en la ‘renegociación’ de los acuerdos con unas Farc que insistió hasta el cansancio en que no había espacio para negociar una coma adicional.  Y las de los movimientos y organizaciones sociales que presionarán para que no se eche por la borda la negociación.

Seguramente esto abrirá nuevamente el espacio para la convocatoria de una Asamblea Constituyente, un proceso que en todo caso tomará por lo menos un año.

Un año en el que la economía podría verse afectada por la incertidumbre política y por el desconcierto que causará la noticia en la comunidad internacional que ya se había jugado a favor del Sí.

Y un año en el que, para desgracia suya, Álvaro Uribe volverá a estar en el centro de las decisiones más importantes sobre el futuro del país.

Uribe no lo explica todo

El triunfo del No es una victoria para Álvaro Uribe, la cara más visible del No y quien logró darle un lenguaje y exacerbar el rechazo de los colombianos a las Farc y al Gobierno y al giro que le dio Juan Manuel Santos al curso de la Seguridad Democrática.

Pero quizás su popularidad no lo explique todo. Después de 52 años de infligir daño a la población, la gente le pasó la factura a las Farc, que salvo en las últimas horas no logró tener la humildad de pedir perdón a los colombianos y de comprometerse a reparar a las víctimas con su plata. No se puede hacer todo lo que se hizo y salir como si nada luego. Sus actos dejaron huella. Y en este momento no tendrán la excusa de la manipulación mediática para explicar este resultado puesto que en este caso la propaganda se puso a su favor.

Con 6,411,832 votos a favor del No, cualquier escenario futuro frente a las Farc pasará por Álvaro Uribe, sobre quien recaerá ahora en parte la responsabilidad de plantear como hacer la negociación del ‘mejor acuerdo’, que dijo que era posible si ganaba su opción.

También es la puerta que se abre para su regreso al poder en cuerpo ajeno (o propio si este No desemboca en la convocatoria de una Asamblea Constituyente donde se rebaraja todo, incluida la prohibición de la reelección).

” Quizás con generosidad, creatividad y serenidad se logre salvar la oportunidad de la paz negociada ahora que las Farc, Álvaro Uribe y prácticamente todos los colombianos coinciden en que esa es la mejor salida para este país. De pronto se encuentre la fórmula “

Santos, entonces, es un gran perdedor en esta contienda. Pero no es el único ni el más perdedor. Lo son los miles de colombianos que viven en las zonas más afectadas por el conflicto y que votaron mayoritariamente por el Sí con la ilusión de que la Colombia urbana los pusiera a ellos como prioridad al momento de votar. 

Pero quizás no todo está perdido. Quedó demostrado, una vez más, que en Colombia existe una democracia y que la Registraduría no es un apéndice del Gobierno. Más de trece millones se interesaron por el destino del país sin que les pagaran por el voto. Incluso frente a los acuerdos, hay una ligera posibilidad de que se salve algo del esfuerzo.

En diciembre de 1989, el gobierno Barco hundió la aprobaciónd e los acuerdos con el M-19 porque le quisieron colgar la prohibición de la extradiciómn y al M-19 y al Gobierno les tocó salvar el proceso aunque se hundieran los acuerdos.

Quizás con generosidad, creatividad y serenidad se logre salvar la oportunidad de la paz negociada ahora que las Farc, Álvaro Uribe y prácticamente todos los colombianos coinciden en que esa es la mejor salida para este país. De pronto se encuentre la fórmula.

Redacción- Semana (Colombia) 

Lo primero que hay que decir es que con la victoria del No, Santos no podrá implementar los acuerdos. Así quedó consignado en el fallo que la Corte Constitucional publicó en agosto donde explica que el plebiscito es un acto político que obliga al presidente a cumplir lo que el pueblo ordene con su voto. Por lo tanto, ahora cuando el pueblo ha dado su negativa, todos los procesos jurídicos posteriores a la firma de los acuerd
os quedan suspendidos.

En el papel, esto significa que los procedimientos legales que estaban dispuestos para arrancar la implementación quedan sin piso. El primero es el Acto Legislativo para la Paz, el cual había habilitado un proceso transitorio y expedito (fast-track) para agilizar la aprobación, a través de proyectos y reformas constitucionales, de lo pactado con las FARC.

” En su fallo la Corte aclaró que la falta de competencia para implementar lo pactado no cubre sino el acuerdo derrotado en las urnas, pero que el presidente mantiene las facultades que otorga la Constitución como responsable directo del manejo del orden público. Por lo tanto, tiene el derecho de seguir buscando la paz “

Este acto legislativo también le había dado facultades extraordinarias al presidente para pasar proyectos con fuerza de ley en temas relacionados con la paz y sobre todo tenía el propósito de blindar constitucionalmente el Acuerdo Final y darle el título de Acuerdo Especial en los términos de los convenios de Ginebra. Sin embargo, dado que todos los instrumentos de este Acto Legislativo estaban condicionados a la refrendación popular, ya no podrán entrar en vigencia.

No obstante, el presidente cuenta aún con as bajo la manga. En su fallo la Corte aclaró que la falta de competencia para implementar lo pactado no cubre sino el acuerdo derrotado en las urnas, pero que el presidente mantiene las facultades que otorga la Constitución como responsable directo del manejo del orden público. Por lo tanto, tiene el derecho de seguir buscando la paz con un acuerdo distinto, que podría someter a un plebiscito, aunque esto no sería necesariamente obligatorio, pues, como se ha dicho, la refrendación ha sido un ofrecimiento voluntario del presidente y no una exigencia constitucional.

En ese caso, jurídicamente, existe la posibilidad de que el presidente modifique el acuerdo de La Habana ahora cuando los colombianos lo han rechazado. Lo que no significa automáticamente que ambas partes regresen a la mesa a renegociar.

No habría cese ni dejación de armas

Cuando el presidente Santos y el expresidente Gaviria hablaban durante la campaña de que con la victoria del No el país volvería al terrorismo urbano y el enfrentamiento fratricida de hace unos años, se interpretó como un argumento exagerado para inducir a votar por el Sí. Mucha gente consideraba imposible volver a la guerra porque ni la guerrilla, ni el Gobierno, ni los colombianos lo deseaban. De hecho, todas las partes expresaron en el pasado que, ante una eventual derrota en las urnas, buscarían otras salidas jurídicas para salvar el acuerdo.

Ese escenario es muy incierto y la verdad es que no se puede saber lo que va a pasar. A pesar de que las partes no lo quieran, algunas consideraciones de orden práctico desembocan en eso. Para comenzar, el No deja sin piso el cese del fuego y hostilidades bilateral y definitivo. Eso quiere decir que de inmediato se debe comenzar a desmontar el dispositivo de concentración de las FARC, en el que estaba previsto que participara la ONU. Detener este proceso significa que los guerrilleros no se agruparan en las Zonas Veredales de Normalización ni en los campamentos dispuestos para este propósito y que por consiguiente, no van a entregar las armas. Aunque se creía que el presidente podía decretar una nueva tregua bilateral para resolver el impase jurídico que significa la victoria del No en las urnas, la realidad del país deja sin cabida esta posibilidad. Dado que el Estado no cuenta con los recursos para mantener a las FARC durante esa posible tregua, es muy probable que la guerrilla vuelva a la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal para financiar sus estructuras. Ante esta nueva realidad, la fuerza pública deberá actuar contra ellas y es muy probable que estos enfrentamientos resultarán en tragedias que radicalicen la postura de las dos partes.

” Pero el tema de la cárcel es innegociable para las FARC. Es un asunto de honor. Ellos no quieren volver al monte, pero prefieren hacerlo antes que aceptar que los traten como criminales. Así lo plasmaron en las tesis que discutieron durante la Décima Conferencia de las FARC hace dos semanas en los llanos del Yarí “

Por otra parte, el concepto de renegociación es difícil de solucionar en la práctica. Además de las razones militares mencionadas, algunas consideraciones políticas y económicas complican las cosas. Cuando se hablaba de renegociación, se infería por las encuestas que la gente rechazaba sobre todo el modelo pactado de justicia transicional. En la última encuesta Colombia Opina de Ipsos- Napoleón Franco, el 88 % de los colombianos dijeron que los jefes guerrilleros debían ir a la cárcel y el 75 % no quería que participaran en política. A eso se suma que algunos sectores de la opinión exigian que las FARC entregaran el dinero que se presume tienen escondido.

Pero el tema de la cárcel es innegociable para las FARC. Es un asunto de honor. Ellos no quieren volver al monte, pero prefieren hacerlo antes que aceptar que los traten como criminales. Así lo plasmaron en las tesis que discutieron durante la Décima Conferencia de las FARC hace dos semanas en los llanos del Yarí. En el documento, las FARC aclaran:, “No contemplamos en absoluto la renegociación de un acuerdo cerrado y construido con tanto cuidado. No hay otro posible, como no lo fue en el pasado”. Por lo tanto, aún con la victoria del No, no habrá celdas con barrotes.

La participación en política es un tema difícil de renegociar en especial porque la esencia de todo proceso de paz negociado es cambiar las armas por los votos. Eso lo reconocen hasta los críticos. Por lo tanto, la representación que consiguieron las FARC en el Congreso con cinco curules en el Senado y cinco en la Cámara, y 16 circunscripciones especiales territoriales, es un asunto de fondo al que difícilmente se le daría marcha atrás.

Y sobre el dinero, el problema es que, al igual que pasó con Pablo Escobar y los paramilitares, nadie sabe cuánto tienen ni dónde está. Y en ese sentido, todo depende de la voluntad política de las FARC. Ellos aceptaron en el acuerdo participar en la reparación material, pero es difícil que vaya más allá de eso, pues su plata está más en caletas y en extensiones de tierra que en bancos suizos. Por lo tanto, es un punto en el que el Gobierno no tuvo instrumentos para negociar ni los tendrá para renegociar.

” Por lo anterior, la derrota en las urnas de un acuerdo escrito con filigrana y cuidado durante cuatro años, y por el que el presidente Santos se jugó su capital político, significa que cualquier modificación que se podría hacer sería marginal. Tal vez por eso Santos descartó esa posibilidad desde el principio “

Lo anterior deja la impresión de que con la derrota del Sí en el plebiscito, el margen de renegociación es bastante limitado. Lo de la cárcel es un inamovible para las FARC y bajo ninguna circunstancia aceptarían nada diferente de la justicia transicional, que a regañadientes aceptaron en La Habana. Lo hicieron para blindar el proceso frente a una posible intervención de la Corte Penal Internacional, que no acepta impunidad total para los delitos de lesa humanidad.

Por lo anterior, la derrota en las urnas de un acuerdo escrito con filigrana y cuidado durante cuatro años, y por el que el presidente Santos se jugó su capital político, significa que cualquier modificación que se podría hacer sería marginal. Tal vez por eso Santos descartó esa posibilidad desde el principio a pesar de que la Corte Constitucional abrió esa puerta. Para él y para las FARC, este acuerdo significaba todo o nada. Con una aprobación de apenas el 49,76 %, este fracaso en las urnas lo deja en la lona en términos políticos y con muy poca gobernabilidad para una renegociación, sobre todo ahora cuando se comienza a debatir en el Congreso la reforma tributa
ria. Lo mismo le puede suceder a Timochenko y al secretariado, quienes no sólo han tenido que negociar el contenido de los acuerdos con el Gobierno sino con sus bases. Con esta caída, su liderazgo interno se deteriora y se fortalece la línea dura.

Algo que poco se mencionó durante la campaña al plebiscito fueron las consecuencias económicas que pueden llegar ahora cuando ha ganado el No. La comunidad internacional ya se había hecho a la idea de una Colombia en paz. Varios de los mandatarios que asistieron a la firma del acuerdo final el lunes 26 de septiembre se comprometieron con ayudas para el posconflicto que habría de comenzar al día siguiente al plebiscito. Sin embargo, con los resultados de este domingo es probable que es inversión no llegue al país. Para expertos como Armando Montenegro, Rudolf Hommes y Bruce Mc Master, la pérdida de esa expectativa podría producir efectos como los que tuvo el brexit en el Reino Unido. La incertidumbre inevitablemente se traducirá en una caída en la economía.

” La realidad de este resultado en el plebiscito es que el gobierno de Santos pasará a la historia como otro de los que intentaron hacer la paz y fracasaron. Es paradójico que a pesar de ser el único que logró un acuerdo con sus enemigos, no haya podido convencer a su pueblo de las bondades del mismo “

El anterior escenario, sin embargo, es preocupante pero no es el único. Cómo volver a la guerra es hoy un riesgo real, muchos creen que otros poderes y protagonistas podría intervenir en los próximos días o semanas para evitar que el triunfo del No se convierta en un rompimiento total.

Seguramente en los niveles nacional e internacional se moverán fichas para reacomodar en alguna forma las cosas. El gobierno de Estados Unidos, el Vaticano, la ONU y múltiples jefes de Estado presionarán para evitar el hundimiento. En Colombia el único paso a seguir sería darles legitimidad a los acuerdos a través del Congreso. Algunos puntos, como los que tienen que ver con tierras, drogas y participación política, se pueden tramitar como iniciativa legislativa de los partidos que apoyan al presidente, lo cual lo dejaría a él con el sartén por el mango.

No obstante, la realidad de este resultado en el plebiscito es que el gobierno de Santos pasará a la historia como otro de los que intentaron hacer la paz y fracasaron. Es paradójico que a pesar de ser el único que logró un acuerdo con sus enemigos, no haya podido convencer a su pueblo de las bondades del mismo. Y aunque puede que este no sea el último capítulo de la paz en Colombia, por el momento es claro que se desperdició un esfuerzo demasiado grande y que habría llevado al país demasiado lejos.

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