Cumbre 2015: defender la soberanía regional

Latinoamérica

Los países que acudan a la VII edición de la Cumbre de las Américas deben denunciar los tratados de libre comercio que siguen impulsando Estados Unidos y Europa. El papel de Latinoamérica en el mundo no es el mismo que en la I Cumbre en Miami y la región no está dispuesta ya a soportar las políticas imperialistas que afecten su soberanía, dignidad y democracia. 

Primera Cumbre de las Américas en Miami- Foto: summit-americas.org

Juan José Paz y Miño C- El Telégrafo (Ecuador)

En enero de 1994 entró en vigencia el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) entre Canadá, EE.UU. y México. Bajo esa inspiración, en diciembre del mismo año se reunió la I Cumbre de las Américas en Miami, que pretendió lograr la constitución del ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas), un sueño impulsado por EE.UU. desde la I Conferencia Interamericana en 1890, que derivó en la creación de la Unión Panamericana (1910), antecesora de la OEA (1948).

Para disgusto de EE.UU., el sueño del ALCA flaqueó desde la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela (1999-2013). Este Presidente fue pionero en cuestionar los tratados de libre comercio, de manera que en la Cumbre Extraordinaria realizada en Monterrey (México) en enero de 2004, se acordó flexibilizar la propuesta. Pero en diciembre del mismo año, Venezuela y Cuba dieron origen al ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), una propuesta de integración ajena al “libre” comercio y enfocada a la soberanía latinoamericana, la erradicación de la pobreza y la construcción de sociedades equitativas, justas y con nuevas democracias.

Sin embargo, solo a partir de 2003 comenzaron a sucederse otros gobiernos de nueva izquierda (Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Nicaragua y relativamente Chile), de modo que en la IV Cumbre realizada en Mar del Plata (Argentina) en noviembre de 2005, el ALCA fue cuestionada, ante el asombro del presidente George W. Bush (2001-2009). La V (2009) y la VI Cumbre (2012) dieron un giro a las cuestiones americanas y fue el presidente ecuatoriano Rafael Correa quien encabezó una posición radical para América Latina: no asistiría a una nueva cumbre, si otra vez se excluía a Cuba.

” En contraste con los propósitos de la I Cumbre, la VII debería ser la oportunidad para comenzar a denunciar los tratados de libre comercio que sigue impulsando tanto EE.UU. como Europa, y que se imponen sin contemplaciones. Ecuador suscribió en 2014 el tratado comercial con Europa. Se negoció sobre la base de lo que Colombia y Perú ya suscribieron. “

Entre el 10 y 11 de abril se realizará en Panamá la VII Cumbre de las Américas, a la que asistirán unos 35 jefes de Estado y de gobierno. Está de por medio un doble y reciente cambio en la geopolítica continental: de una parte, EE.UU. y Cuba han iniciado un proceso de acercamiento que con seguridad terminará con el bloqueo a la isla; y, de otra parte, Venezuela ha sido considerada como una “amenaza” a la seguridad del mismo EE.UU.

Aunque la VII Cumbre ha planteado como tema central Prosperidad con Equidad: El Desafío de Cooperación en las Américas es seguro que también será un foro en el cual se advertirá el nuevo papel que ha comenzado a jugar en el continente la propia América Latina, en nada dispuesta a seguir soportando antiguas políticas imperialistas que afecten a su soberanía, dignidad y democracia.

En contraste con los propósitos de la I Cumbre, la VII debería ser la oportunidad para comenzar a denunciar los tratados de libre comercio que sigue impulsando tanto EE.UU. como Europa, y que se imponen sin contemplaciones. Ecuador suscribió en 2014 el tratado comercial con Europa. Se negoció sobre la base de lo que Colombia y Perú ya suscribieron. Y eso resulta grave para Ecuador, pues se afectan áreas muy sensibles en compras públicas, servicios y, sobre todo, propiedad intelectual.

 

Marco A Gandásegui, h- Alainet (Ecuador) 

La política exterior de un país es el reflejo de su política interna. En el caso de la VII Cumbre de las Américas, que se efectuará en la ciudad de Panamá, en apenas dos semanas, existe una tradición que se remonta dos siglos en que los países del hemisferio buscan crear un sistema político – sin mucho éxito – mediante acuerdos y alianzas internacionales. El Congreso Anfictiónico convocado por Bolívar en 1826 – precisamente en la capital panameña – tuvo como objetivo sellar la independencia de las nuevas repúblicas y bloquear el retorno de las potencias europeas.

La Cumbre de 2015 plantea la intención de los gobiernos latinoamericanos de consolidar un sistema que respete su soberanía y la autodeterminación de sus pueblos. La decisión de Cuba de participar en la Cumbre organizada por la Organización de Estados Americanos (OEA) le dio un impulso especial al encuentro. Todo indicaba que las relaciones entre la isla caribeña y EEUU entraban en una nueva fase. Por primera vez en 55 años los presidentes de los dos países se sentarían juntos en una mesa.

Sin embargo, EEUU decidió sacar una carta de la manga que puso en peligro el sistema que construyen los países de la región. Faltando poco para el cónclave, el presidente Barack Obama declaró que Venezuela representaba un peligro para su “seguridad interna y política exterior”. La agresividad de Obama contrastaba con su discurso pronunciado junto con el presidente cubano, Raúl Castro, subrayando que las diferencias entre los dos países no podían resolverse mediante la fuerza ni el engaño.

La ‘declaración de guerra’ de Washington contra el gobierno que preside Nicolás Maduro en Caracas, fue calificada como una intromisión burda por gobiernos y sectores sociales de toda la región. El anuncio de Obama se dio a conocer sólo unos días después del frustrado golpe contra la revolución bolivariana montada en Colombia con apoyo de EEUU.

En la Casa Blanca se puso en marcha, hace más de 15 años, cuando aún vivía el presidente Hugo Chávez, una estrategia que buscaba un “cambio de régimen” mediante mecanismos no democráticos. A pesar de todos los esfuerzos, Washington no ha tenido éxito. A mediados de 2015, Venezuela celebrará elecciones donde las fuerzas polarizadas pondrán a prueba su apoyo popular.

” La Cumbre de 2015 plantea la intención de los gobiernos latinoamericanos de consolidar un sistema que respete su soberanía y la autodeterminación de sus pueblos. La decisión de Cuba de participar en la Cumbre organizada por la Organización de Estados Americanos (OEA) le dio un impulso especial al encuentro. Todo indicaba que las relaciones entre la isla caribeña y EEUU entraban en una nueva fase “

La táctica utilizada por Washington contra Venezuela se parece mucho a la acción de desgaste que ese país aplicó contra Panamá hace 25 años antes de invadir militarmente al istmo. La actual ofensiva norteamericana incluye sabotaje económico, movilización de extremistas que utilizan tácticas terroristas y la división de las fuerzas armadas de la revolución bolivariana.

EEUU también llega a la Cumbre promoviendo una política divisionista. Mientras que los países más progresistas promueven ALBA, EEUU abanica la llamada Alianza del Pacífico. Washington también ha extendido su presencia militar en la región. Ha ocupado militarmente países como México y Colombia. Sus tropas se mueven con plena libertad en Honduras y Haití. Tiene bases militares en Chile, Perú y Paraguay. En el caso de Panamá, ha construido 12 bases aéreo-navales en las dos costas del país.

Hace pocos meses el discurso de Obama en torno a la nueva política hacia Cuba era considerada prometedora en la región. La Cumbre de Panamá no aceptará la impunidad norteamericana que caract
erizó el siglo XX. En términos políticos y económicos ha perdido su hegemonía de antaño.

EEUU parece convencida que su única opción en América latina en el siglo XXI es imponer su fuerza militar. Para corregir ese rumbo equivocado, Obama tendría que llegar a la Cumbre con un discurso que promueva la convivencia, acompañada de acciones que apoyen su retórica. La vieja Alianza del Progreso es algo del pasado. En la actualidad, tendría que plantear una nueva política de intercambio comercial, de paz y de búsqueda de soluciones para los migrantes de la región que buscan empleo en EEUU.

En materia comercial, EEUU tiene que abandonar sus pretensiones de arrancar las riquezas a los países de la región, especialmente Venezuela. En materia de paz Washington debe declarar el hemisferio libre de militarismo. Tendría que desocupar las bases de Guantánamo, de Haití, Honduras y Colombia. Así mismo, retirar sus llamados ‘asesores’ militares de Panamá, Costa Rica, Chile y Perú. La Cumbre de Panamá anuncia una crisis de sistema que se reflejará en los cambios de la política exterior de EEUU hacia la región en un futuro no lejano.

 

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